viernes, 31 de octubre de 2025

Falso Matrimonio: Capítulo 29

 —Llamar a Pedro.


Solo tuvo que esperar a que el timbre sonara dos veces.


—¿Paula?


Sintió un escalofrío al escuchar su voz profunda, y tardó un momento en ser capaz de hablar.


—¿Paula? —repitió él—. ¿Eres tú? ¿Estás bien?


Fue su falsa preocupación lo que desentumeció sus cuerdas vocales.


—Hola, Pedro —al pronunciar su nombre, una abeja regordeta se posó en una mata de lavanda que había junto a su banco, y eso le hizo sonreír—. ¿Estás en Nueva York?


—Sí. ¿Dónde estás tú?


—En Sicilia.


—¿De verdad?


—Sí. Quiero que me consigas un pasaje para Nueva York. Tenemos que hablar.


—¿Ha ocurrido algo?


—Podría decirse así.


—Te enviaré mi avión.


—Un vuelo comercial es suficiente. Me da igual dónde me tenga que sentar.


—Conseguiré un pasaje para el próximo vuelo.


—Que sea mañana. Tengo que hacer algo.


Y colgó antes de que él pudiera responder, respirando hondo para calmar su desbocado corazón.



Pedro deambulaba de un lado para el otro en las llegadas de la terminal del aeropuerto, entre gente que sostenía carteles con el nombre de otras personas escrito en ellos. Había una familia a su izquierda, el padre con dos niños pequeños. A juzgar por la excitación de las caritas de los niños y su energía, estaban esperando a que llegara su madre. También él sentía una intensa energía corriéndole por las venas. En realidad, no había dejado de sentirla desde que Paula lo llamó. La espera se estaba haciendo larga. Por culpa de las tormentas que azotaban la costa este, los vuelos se estaban retrasando, y volvió a mirar a la familia que esperaba a su lado. La vida que él llevaba no incluía niños. Había dado por hecho que algún día, cuando estuviera dispuesto a desacelerar un poco, se casaría y tendría hijos, pero ese día siempre quedaba lo bastante lejos como para molestarse en pensar en él. No así en aquel momento, en el que sin saber por qué, tenía el pálpito de que debía empezar a pensar en ello. Si como sospechaba, Paula estaba embarazada, ¿Cómo reconciliar ser el padre del niño cuyo abuelo era responsable directo de la muerte del suyo? Agitado, fue a tomarse un café, y apenas había dado el primer sorbo, cuando un grupo de viajeros emergió por la puerta. Entre ellos, vestida con vaqueros ajustados, un blusón largo color crema y un pañuelo de seda azul, la melena recogida en una coleta alta, estaba ella. El corazón le dió un brinco y la boca se le quedó seca. Sus miradas se encontraron.


Paula obligó a las piernas, que se le habían vuelto de gelatina, a que siguieran moviéndose, apretando en la mano la maleta y el asa de su bolso. No se le había ocurrido pensar que una mirada de Pedro seguiría teniendo el poder para hacer que el corazón le diera un salto y que los pulmones se le encogieran.

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