viernes, 31 de octubre de 2025

Falso Matrimonio: Capítulo 26

 —¿Qué vas a hacer?


—Lo que quieres saber es si se lo voy a decir a mi padre, ¿No?


Iba a continuar con su respuesta cuando llamaron a la puerta.


—Debe ser mi hombre con el dinero.


Se hizo a un lado para que Pedro abriese y le vió recoger un maletín con apenas una leve inclinación de cabeza. Puesto sobre la mesa, lo abrió y lo giró para que ella pudiera verlo. Paula lo miró un momento en silencio.


—Parece que hubiera más de veinte mil.


—Hay cien mil.


—¿Pretendes comprar mi silencio? —su mirada fue tan intensa que podría haber arrancado la pintura de la pared—. Cuenta veinte mil. No quiero un céntimo más.


—No quiero comprarte.


—Cuenta.


Pedro obedeció y aseguró los billetes con una goma. Ella se los quitó de la mano y los metió en el bolso que llevaba en bandolera.


—Tengo un taxi esperándome, así que seré breve —dijo, abrasándolo de nuevo con su mirada—. Te vas a ir de Sicilia tal y como habíamos planeado. Vete a Antigua si quieres, a América o a Marte, donde te dé la gana, pero mantente lejos de Sicilia. No quiero que mi padre sepa que te has casado conmigo mintiéndome.


—¿Quieres proteger sus sentimientos?


—No —escupió—. No estoy preparada para enfrentarme a él después de lo que ha hecho. Quiero alejarme de todas las mentiras y los engaños porque no sé a quién detesto más: si a tí, o a él. Si se entera de que te he dejado, querrá que vuelva con él, así que considera esto un trato justo: Tú te quedas con las escrituras… —se las plantó en mitad del pecho antes de dar de nuevo un paso atrás—, …y yo tengo dinero para desaparecer durante un tiempo. Le escribiré para contarle lo bien que nos lo estamos pasando en la luna de miel para que no se preocupe por no saber dónde estoy, así que tú mantén la cabeza baja y no te acerques a Sicilia. ¿Está claro?


Pedro se masajeó las sienes. La cabeza le latía. No estaba acostumbrado a que lo manejase nadie, pero Paula le había dado la vuelta al tablero de juego con precisión de reloj.


—¿Cómo puedo confiar en que mantendrás tu palabra?


Ella se sonrojó.


—¿Cómo te atreves? ¡Aquí la víctima soy yo! Me dijiste que me querías, te has casado conmigo, me has hecho el amor, y todo ha sido mentira desde el principio. Si me hubieras dicho desde el primer momento lo que había hecho mi padre, le habría devuelto la casa a tu madre inmediatamente.


Él se echó a reír con amargura.


—¿Y esperas que me lo crea, princesa?


—¿No acabo de firmar las escrituras poniéndola a tu nombre? Dásela a tu madre, o haz lo que te salga de las narices con ella, porque yo no la quiero.


Abrió la puerta y recogió la maleta.


La rapidez con la que había ejecutado el plan le tenía desconcertado. Se encontraba un paso por detrás en un juego que él mismo había creado.


—¿Dónde vas?


—¿A tí qué te importa? —espetó, y cerró de golpe, pero la puerta volvió a abrirse de inmediato—. Si mi padre se pone en contacto contigo, ya puedes decirle que somos inmensamente felices, ¿Te queda claro? Eres un profesional del engaño, así que supongo que no te será ningún problema seguir mintiendo.


—¿Durante cuánto tiempo?


—El tiempo que yo juzgue necesario. Cuando esté lista, te lo haré saber. Adiós.

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