viernes, 17 de octubre de 2025

Falso Matrimonio: Capítulo 5

 —Gracias. ¿Le apetece probar un trozo de la tarta de albaricoque cuando se haya enfriado un poco? Si sigue aquí, quiero decir —más color en sus mejillas—. Estoy segura de que tiene cosas más importantes que hacer.


—La verdad es que no —tomó un sorbo de su café y la miró abiertamente—. Estoy tomándome unos días de vacaciones.


—Ah.


—Mi padre ha muerto hace poco, y estoy intentando poner en orden sus asuntos y ayudar a mi madre.


—Oh. Lo siento. No lo sabía.


«¿Cómo ibas a saberlo?», le preguntó con cinismo. «Murió al día siguiente de que tu padre le robara esta casa para dártela a tí».


—Tuvo un infarto.


Era una actriz excelente, porque los ojos se le llenaron de compasión.


—Lo siento. No puedo ni imaginarme cómo se siente.


—Como si me hubieran pegado un tiro en el corazón. Solo tenía sesenta años.


—No es edad para morir.


—No lo es. Pensábamos que le quedaba mucha vida por delante — movió apesadumbrado la cabeza. Ella era una actriz consumada, pero no tenía nada que hacer con él, que llevaba una semana preparando aquel momento y sabía exactamente cómo iba a orquestar las cosas—. Si alguna vez me caso y tengo hijos, que es algo que espero que ocurra si alguna vez me enamoro, no podrá conocerlos. Mis hijos crecerán sin saber de su abuelo. Si hubiera sabido el estrés que tenía…


—¿Esa fue la causa? ¿El estrés?


—Eso creemos. Mis padres han tenido que hacer frente a muchas cosas últimamente.


Una mano delicada subió hasta rozar su boca.


—No estaría relacionado con que tuvieran que dejar la casa, ¿No?


«Con que se la robaran, querrás decir».


—Fue un cúmulo de cosas.


—Soy consciente del amor que sus padres pusieron en esta casa — dijo, tomando la taza con las dos manos—. Sé que tuvieron que hacer recortes, y debió ser difícil para ellos.


Era increíble que fuera capaz de decir algo así sin que le cambiara la expresión. Claro que, estaba delante de una Chaves, una familia que caminaba siempre en el límite entre lo legal y lo ilegal como el trapecista de un circo. Su padre, Horacio, había ido al colegio con Miguel quien, ya de niño, era un matón que tenía aterrorizado a todo el mundo, incluidos los profesores. Él solo lo había visto en una ocasión, pero su nombre era sinónimo de criminalidad y delincuencia en la casa Alfonso desde que tenía uso de memoria.

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