lunes, 27 de octubre de 2025

Falso Matrimonio: Capítulo 18

Su corazón palpitaba de tal modo que parecía capaz de salírsele del pecho y, con suma delicadeza, la hizo tumbarse y la ayudó a que posara la cabeza sobre una almohada. Entonces, la besó. La besó en la boca, por toda la cara y bajó despacio por su cuello. El pulso le latía con fuerza. Cuando llegó a sus pechos, ella respiró de golpe, pero enseguida volvió a relajarse. Buscó el cierre del sujetador y lo abrió para poder besar sus pezones. Su respiración se agitó de inmediato y la oyó gemir. Suavemente besó y acarició aquellos pechos, más voluptuosos de lo que se había imaginado. El resto de su cuerpo era tan suave como sus pechos, según descubrió al ir descendiendo despacio, acariciando, pasando entre sus muslos, llegando hasta sus pies. El único lugar que dejó sin explorar fue su parte más femenina, que ella había cubierto automáticamente con una mano cuando sintió que sus labios llegaban a su vientre. Sería ir demasiado lejos, pero sí que pudo oler su calor, que le resultó tan evocativo y embriagador como el resto de su persona.


Paula no tenía ni idea de que el placer podía ser así, algo que se sentía en lo más hondo, que nunca había imaginado o sentido, y que había cobrado vida llenando hasta el último rincón de su ser. Cada caricia de Pedro disparaba las sensaciones, y una especie de vacío entre las piernas quemaba y palpitaba. Había tenido un breve ataque de pánico cuando creyó que iba a besarla en sus partes íntimas —nadie hacía eso, ¿No?— pero al ver que seguía por otro camino se relajó, abandonándose a las sensaciones que la abrasaban. Mientras sus manos y sus labios seguían arrasando su cuerpo, cayó en la cuenta de que el miedo había desaparecido. De nuevo llegó a sus senos y sin que ella se diera cuenta, le acarició un punto entre las piernas que provocó una explosión eléctrica que le hizo abrir los ojos de inmediato. ¿Qué narices le había provocado semejante reacción? Pero sintió su cuerpo sobre el suyo y que la atrapaba en un beso de un hambre tan desesperada que todos sus pensamientos se volvieron una nube de Pedro. Algo duro se presionaba contra su muslo y el pulso que sentía en sus partes íntimas cobró fuerza. No se había dado cuenta de que se había desprendido de la última prenda que llevaba puesta… él o ella, y al encontrarse con su mirada, entendió lo que aquellos ojos le estaban preguntando. Ella le acarició la mejilla y se incorporó para besarlo. Pedro acarició su pelo, se colocó entre sus piernas y puso una mano detrás de sus nalgas para levantarla un poco. Lo que un momento antes estaba contra su pierna, había llegado allí… Con las manos entrelazadas, sintió que entraba en ella. No pudo respirar. Entró un poco más. Dios bendito… Apretó su mano mirándolo a los ojos. Vió que tenía los dientes apretados. Sin dejar de mirarla, apoyados los antebrazos a cada lado de su cabeza, se retiró para volver a entrar despacio. Lo hizo otra vez más. Y otra. Y…

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