¿Podría ser más feliz? No, estaba completa, lo que mucho no le convencía era la cara de Pedro, algo raro tenía él… Ella en parte, lucia una sonrisa de las que más hermosas y las niñas jugaban mientras mirábamos cada departamento. Le encantaba estar con ellas, y parecían darse muy bien, por lo menos era lo que veía yo.
-¿No les gustan? – preguntó Pau a las nenas y a Pepe.
Era un bello departamento, no estaba en una área de lujo, tampoco era enorme como a los que acostumbraba a vivir, pero era lo bastante para sentirse bien y cómoda por un tiempo, hasta que pudiera encontrar un trabajo y poder comprar algo mejor, así pensaba ella.
-Esa habitación podría ser mía ¿No? – preguntó Sole.
_-i mi vida, tuya y de Jessica. – dijo Pau, las nenas se miraron no muy agradables. – Por un tiempo tendrá que compartir la misma habitación, a parte, esa seria buena porque esta bien grande ¿No?
-Si. – contestó Pepe de mala gana.
-¿Que tienes mi amor? – preguntó Pau acariciándole la carita. – Se te ve algo raro ¿Estás enojado por algo? ¿Fue por lo que pasó en el orfanato? – ella borro su sonrisa. - ¿No querías?
Las nenas salieron de la habitación discutiendo que parte seria de cada una y eso que ni siquiera Pau sabía que quedaría con la casa o no. Mientras eso los dos estaban hablando sobre lo que tenía Pepe.
-No Pau, sabes que te amo mucho y quiero casarme contigo. – le dijo haciéndola sonreír de nuevo. – Me ha gustado mucho lo que hiciste en el orfanato y estoy inmensamente feliz por haberte encontrado a tu hijita.
-¿Y entonces? ¿Por qué esa carita mi bebé? – le apretó el cachete.
-Es que no entiendo porque quieres comprar un departamento… - ella no dejó que siguiera, ahí estaba el problema.
-Pepe, es que quiero vivir mi vida y no estar en las casas de mis padres más, ya tengo casi veinticuatro años y me gustaría tener mi propio hogar. En el orfanato tampoco es lo mismo, y no podré estar con mi hija ahí, creo que no se sentía bien, ha vivido toda su vida en uno y no creo que le traiga recuerdos muy lindos. – dijo ella tomando aire después de hablar tan rápido. – Quiero darle un lugar cómodo, donde pueda tener su tiempito sola, y estar conmigo también, sin tener que dar explicaciones a nadie, será bueno para nosotras.
-Pau ¿No me pediste en casamiento? – ella le sonrió y asintió. – Entonces ¿Por qué no venís a vivir conmigo corazón? Podemos hacer otra habitación para los nenes y con el tiempo crecer la casa… Me gustaría tenerte a mi lado siempre y no tan lejos.
-Mi amor, yo quiero vivir contigo también, pero pensaba que después de nuestro casamiento y no ahora, y más, no quiero que Soledad se asuste con lo nuestro que es tan rápido, quiero que se acostumbre a mi vida y luego podemos vivir contigo o tu vienes a vivir con nosotras.
Él sabia perfectamente donde quería llegar Pau, era cierto que su casa era muy sencilla, pero podía mejorar, solo necesitaba tiempo, no ganaba mucho con su trabajo, pero podía encontrar otro o hacer dos turnos, mejoraría su sueldo y así podrían vivir mejor, estaba dispuesto a todo para darle la mejor vida posible.
-Casemos mañana entonces ¿Va? – la hizo reír, pero no tenía gracia, el decía todo muy serio, a parte, le encantaría casarse con ella. – No ríes bebé, te digo enserio, es que sueño en tenerte a mi lado, vive conmigo, te juro que te ayudaré en todo y que pronto hagamos una nueva habitación para las nenas, a parte, si quieres la puedes hacer tu con el dinero que pagaras por esto ¿Sí?
viernes, 23 de octubre de 2015
Dulces Sueños: Capítulo 38
Mientras eso pasaba Paula estaba en el despacho hablando con Pepe en el teléfono, sabía que él estaba en casa, a parte, era sábado y seguro lo encontraría aun durmiendo.
-Hola mi amor. – le dijo cuando atendió el teléfono, podía ver la voz de Pau como estaba cambiada, totalmente alegre.
-Aw bebé, te extrañaba ¿Dónde estás?
-En el orfanato.
-Ayer estuve toda la tarde esperándote y no aparecías mi vida, quiero verte, abrazarte, besarte y…
-Osito, quería mucho hablar contigo, no sabes amor como estoy contenta. – se rió sin haber motivos. – La he encontrado. – Pedro quedó sorprendido, sabía perfectamente a lo que se refería Paula y no podía creer. – Mis papás la encontraron Pepe y me la trajeron, es linda, lindísima, tienes que verla… Mi hijita.
-Mi amor, ese es el día más feliz de mi vida, porque sé cuanto batallaste para tenerla a su lado, cuando has sufrido, oh, tengo que si que conocerla, en menos de diez minutos estoy ahí.
-Si mi vida, te espero. – se colgó el teléfono.
Paula estaba radiante, se sentía muy feliz, y no podía explicar esa tan felicidad que sentía. Victoria entro con una sonrisa en el despacho, también se encontraba contenta por ella, le puso una mano en el hombro y respiró hondo, Paula era especial y ahora entendía el porque tanto le gustaba los niños.
-Quisiera llevar a Jessica conmigo en un paseo ¿Puedo? – Victoria le asintió. - ¿Enserio puedo? Ay gracias Victoria, me quedo muy feliz.
-Lo sé corazón, sé como la amas y ella a tí. – le sonrió.
Pau salió de su despacho con una sonrisa enorme, salió al patio y como todos los días les dio a las nenas los caramelos, y como siempre hicieron la fiesta por tener a Pau ahí con ellas, quizás allí fuese su lugar ¿Será que cuando tuviera su casa y su hijos tendría tiempo para las chiquitas? Si, obvio si, no podía dejarlas.
Pedro llego en menos de diez minutos como había dicho, y se quedó maravillado por la cara de felicidad de su amada, estaba radiante, más bella que nunca y eso porque ni siquiera maquillaje llevaba, tampoco estaba pintada como siempre de payasita Candy, ahora estaba al natural, se reflejaba su belleza, su felicidad en cada poro de su cuerpo.
-Que linda es Pau. – dijo él luego de presentarse a la nena y saludar las demás del orfanato. – Estoy más feliz que tu mi amor.
-Si, veo en tus ojitos como estás feliz corazón. – le dio un piquito y las nenas los vieron. – Pepe quería tanto hacerte una pregunta.
-Todas las que quieras.
Todos se encontraban en el patio, mirando a los dos, la felicidad de Pau y también la de Pepe ahora que estaban casi completos, solo faltaba el casamiento y Jessy ser adoptada por ellos, nada más…
-¿Quieres casarte conmigo?
¡Dios! Todos quedaron sorprendidos por la pregunta de Paula, nadie esperaba eso, a parte, era una pregunta que Pepe debería hacer, pero él no quedó nada sorprendido, le gustó mucho que Pau diera ese paso y le pediría en casamiento, a parte, todo lo que venia de ella le encantaba.
-Oh mi amor, debería ser yo el que te preguntara eso ¿No? – Pau lo abrazó fuerte.
-Dime que si y te dejo proponerte a mí. – los dos sonrieron.
-Obvio lo acepto mi vida, te amo más que todo en el mundo y estoy seguro que seré muy feliz a tu lado, formaría una linda familia llena de hijitos, empezando por esas nenas maravillosas. – Pau bajó la mirada como si quisiera decirle algo más, pero sin dejar de sonreír. - ¿Es eso lo que de verdad quieres?
-Totalmente, quiero ser tu esposa y ser muy feliz a tu lado.
De repente se escucharon todas las nenas gritando para que se besasen y ellos la miraron, la verdad no sabían que todas los estaban escuchando.
-Que se besen… - gritaban.
Y si, eso era lo que los dos querían.
-Te amo.
Dijo ella antes del beso más apasionado que ya había dado en toda su vida, aquel beso cerraba recuerdos y heridas, pero también abría nuevas puertas en las cuales estaban llenas de felicidad, pero obvio, también con algunas pitadas de infelicidad… Bueno, ya no importaba, ahora tenía a todos que querían a su lado… y lo amaba, lo amaba.
-Hola mi amor. – le dijo cuando atendió el teléfono, podía ver la voz de Pau como estaba cambiada, totalmente alegre.
-Aw bebé, te extrañaba ¿Dónde estás?
-En el orfanato.
-Ayer estuve toda la tarde esperándote y no aparecías mi vida, quiero verte, abrazarte, besarte y…
-Osito, quería mucho hablar contigo, no sabes amor como estoy contenta. – se rió sin haber motivos. – La he encontrado. – Pedro quedó sorprendido, sabía perfectamente a lo que se refería Paula y no podía creer. – Mis papás la encontraron Pepe y me la trajeron, es linda, lindísima, tienes que verla… Mi hijita.
-Mi amor, ese es el día más feliz de mi vida, porque sé cuanto batallaste para tenerla a su lado, cuando has sufrido, oh, tengo que si que conocerla, en menos de diez minutos estoy ahí.
-Si mi vida, te espero. – se colgó el teléfono.
Paula estaba radiante, se sentía muy feliz, y no podía explicar esa tan felicidad que sentía. Victoria entro con una sonrisa en el despacho, también se encontraba contenta por ella, le puso una mano en el hombro y respiró hondo, Paula era especial y ahora entendía el porque tanto le gustaba los niños.
-Quisiera llevar a Jessica conmigo en un paseo ¿Puedo? – Victoria le asintió. - ¿Enserio puedo? Ay gracias Victoria, me quedo muy feliz.
-Lo sé corazón, sé como la amas y ella a tí. – le sonrió.
Pau salió de su despacho con una sonrisa enorme, salió al patio y como todos los días les dio a las nenas los caramelos, y como siempre hicieron la fiesta por tener a Pau ahí con ellas, quizás allí fuese su lugar ¿Será que cuando tuviera su casa y su hijos tendría tiempo para las chiquitas? Si, obvio si, no podía dejarlas.
Pedro llego en menos de diez minutos como había dicho, y se quedó maravillado por la cara de felicidad de su amada, estaba radiante, más bella que nunca y eso porque ni siquiera maquillaje llevaba, tampoco estaba pintada como siempre de payasita Candy, ahora estaba al natural, se reflejaba su belleza, su felicidad en cada poro de su cuerpo.
-Que linda es Pau. – dijo él luego de presentarse a la nena y saludar las demás del orfanato. – Estoy más feliz que tu mi amor.
-Si, veo en tus ojitos como estás feliz corazón. – le dio un piquito y las nenas los vieron. – Pepe quería tanto hacerte una pregunta.
-Todas las que quieras.
Todos se encontraban en el patio, mirando a los dos, la felicidad de Pau y también la de Pepe ahora que estaban casi completos, solo faltaba el casamiento y Jessy ser adoptada por ellos, nada más…
-¿Quieres casarte conmigo?
¡Dios! Todos quedaron sorprendidos por la pregunta de Paula, nadie esperaba eso, a parte, era una pregunta que Pepe debería hacer, pero él no quedó nada sorprendido, le gustó mucho que Pau diera ese paso y le pediría en casamiento, a parte, todo lo que venia de ella le encantaba.
-Oh mi amor, debería ser yo el que te preguntara eso ¿No? – Pau lo abrazó fuerte.
-Dime que si y te dejo proponerte a mí. – los dos sonrieron.
-Obvio lo acepto mi vida, te amo más que todo en el mundo y estoy seguro que seré muy feliz a tu lado, formaría una linda familia llena de hijitos, empezando por esas nenas maravillosas. – Pau bajó la mirada como si quisiera decirle algo más, pero sin dejar de sonreír. - ¿Es eso lo que de verdad quieres?
-Totalmente, quiero ser tu esposa y ser muy feliz a tu lado.
De repente se escucharon todas las nenas gritando para que se besasen y ellos la miraron, la verdad no sabían que todas los estaban escuchando.
-Que se besen… - gritaban.
Y si, eso era lo que los dos querían.
-Te amo.
Dijo ella antes del beso más apasionado que ya había dado en toda su vida, aquel beso cerraba recuerdos y heridas, pero también abría nuevas puertas en las cuales estaban llenas de felicidad, pero obvio, también con algunas pitadas de infelicidad… Bueno, ya no importaba, ahora tenía a todos que querían a su lado… y lo amaba, lo amaba.
miércoles, 21 de octubre de 2015
Dulces Sueños: Capítulo 37
-Pensé que no venías más. – comentó ella con una muñequita en las manos.
-Te he dicho que jamás te dejaré. – dijo Pau sentándose a su lado en la cama. - ¿Cómo estás mi chiquita linda? – le pregunto y luego le dio un besito en la cabeza.
-Te extrañé mucho, me dijiste que venias ayer y no viniste y pensé que me habías dejado Candy.
-Jamás te dejaré mi amor, créeme, jamás. – se abrazaron.
-¿Entonces porque no viniste ayer a la tardecita? Te esperé afuera con Pepe y no llegaste nunca. – le preguntó aun confusa.
-Porque mis padres me hicieron una sorpresa mi vida, me regalaron algo precioso para mí. – su sonrisa hizo que Jessy si creyera en ella. – Después quiero que la conozcas, pero antes tienes que levantarte y ponerte algo lindo, desayunar bien porque andas dejando de comer eh.
Paula la hizo levantarse y comer todo lo que tenía para el desayuno, luego salieron para jugar con las demás y pudo ver que su niña había entrado en el juego con las demás, pero así que vio a Paula saliendo con una chica de las manos la quedo mirando y salió corriendo hasta ella.
-¿Cuando vamos mamá? – le preguntó a Pau, el corazón de Jessica latía fuertemente al escuchar la otra chica llamándola de mamá.
-¿Pero ya te quieres ir mi amor? – se agachó para verla bien a los ojos. – Primero déjame presentarte a mi otro amor. – Pau le sonrió. – Mira, Jessica esa es Soledad y Soledad esa es Jessica.
-Mucho gusto Soledad. – Jessy le extendió la mano, pero algo en ella ardía de celos de Pau, no le gustaba para nada una niña llamándola de mamá.
Soledad tardó un poco en extenderle la mano, a parte, también tenía celos de Pau ¿Y que historia era esa de que era su otro amor? No había entendido bien, pero cerró la cara y solamente saludo a Jessica.
-¿Vamos mamá? Quiero ir a casa. – le pedía.-
-Pero ¿No te gustaría ir ver unos departamentos conmigo? – la nena asintió.
-Yo sí Candy, llévame contigo ¿Si? – le pidió Jessica con carita de nenita, sabía que Pau jamás le diría no, pero tenía que hablar con Victoria, tener una autorización para salir del orfanato con ella.
-Claro que si mi amor, pero déjame hablar con Victoria y también llamar a mi amor a ver si esta para ir con nosotras ¿Ok? – la nena le guiñó un ojo.
Paula salió del patio dejando las dos solitas, la verdad se veía que eran muy distintas, tenía el mismo tamaño, pero nada más que eso, bueno, quizás el color de los ojos. Jessica suspiró y le sonrió ya cansada de no hablar nada.
-¿Que eres de Pau? – le preguntó.
-Soy su hija adorable. – le dijo Sole. - ¿Y tu? ¿Por qué te dice amor también?
-Yo también lo soy, soy su hija, pero no sabía que tenía otro amor mi mamá. – la sonrisa de Jessica se borró. – Entonces somos hermanas ¿No? – Soledad al escuchar maneó la cabeza, no quería una hermana.
-No sé, somos muy diferentes.
Jessica sabía perfectamente a lo que se refería Soledad con lo de "somos muy diferentes" solamente se sentó en el banquito que tenía al lado de la puerta suspirando, la verdad siempre le pasaba eso y siempre le dolía ¿Por qué todos no podrían ser como Pau? Tan linda y que sabía ver las cosas como ellas realmente eran.
-Te he dicho que jamás te dejaré. – dijo Pau sentándose a su lado en la cama. - ¿Cómo estás mi chiquita linda? – le pregunto y luego le dio un besito en la cabeza.
-Te extrañé mucho, me dijiste que venias ayer y no viniste y pensé que me habías dejado Candy.
-Jamás te dejaré mi amor, créeme, jamás. – se abrazaron.
-¿Entonces porque no viniste ayer a la tardecita? Te esperé afuera con Pepe y no llegaste nunca. – le preguntó aun confusa.
-Porque mis padres me hicieron una sorpresa mi vida, me regalaron algo precioso para mí. – su sonrisa hizo que Jessy si creyera en ella. – Después quiero que la conozcas, pero antes tienes que levantarte y ponerte algo lindo, desayunar bien porque andas dejando de comer eh.
Paula la hizo levantarse y comer todo lo que tenía para el desayuno, luego salieron para jugar con las demás y pudo ver que su niña había entrado en el juego con las demás, pero así que vio a Paula saliendo con una chica de las manos la quedo mirando y salió corriendo hasta ella.
-¿Cuando vamos mamá? – le preguntó a Pau, el corazón de Jessica latía fuertemente al escuchar la otra chica llamándola de mamá.
-¿Pero ya te quieres ir mi amor? – se agachó para verla bien a los ojos. – Primero déjame presentarte a mi otro amor. – Pau le sonrió. – Mira, Jessica esa es Soledad y Soledad esa es Jessica.
-Mucho gusto Soledad. – Jessy le extendió la mano, pero algo en ella ardía de celos de Pau, no le gustaba para nada una niña llamándola de mamá.
Soledad tardó un poco en extenderle la mano, a parte, también tenía celos de Pau ¿Y que historia era esa de que era su otro amor? No había entendido bien, pero cerró la cara y solamente saludo a Jessica.
-¿Vamos mamá? Quiero ir a casa. – le pedía.-
-Pero ¿No te gustaría ir ver unos departamentos conmigo? – la nena asintió.
-Yo sí Candy, llévame contigo ¿Si? – le pidió Jessica con carita de nenita, sabía que Pau jamás le diría no, pero tenía que hablar con Victoria, tener una autorización para salir del orfanato con ella.
-Claro que si mi amor, pero déjame hablar con Victoria y también llamar a mi amor a ver si esta para ir con nosotras ¿Ok? – la nena le guiñó un ojo.
Paula salió del patio dejando las dos solitas, la verdad se veía que eran muy distintas, tenía el mismo tamaño, pero nada más que eso, bueno, quizás el color de los ojos. Jessica suspiró y le sonrió ya cansada de no hablar nada.
-¿Que eres de Pau? – le preguntó.
-Soy su hija adorable. – le dijo Sole. - ¿Y tu? ¿Por qué te dice amor también?
-Yo también lo soy, soy su hija, pero no sabía que tenía otro amor mi mamá. – la sonrisa de Jessica se borró. – Entonces somos hermanas ¿No? – Soledad al escuchar maneó la cabeza, no quería una hermana.
-No sé, somos muy diferentes.
Jessica sabía perfectamente a lo que se refería Soledad con lo de "somos muy diferentes" solamente se sentó en el banquito que tenía al lado de la puerta suspirando, la verdad siempre le pasaba eso y siempre le dolía ¿Por qué todos no podrían ser como Pau? Tan linda y que sabía ver las cosas como ellas realmente eran.
Dulces Sueños: Capítulo 36
Sus padres salieron de la habitación dejándolas solas, a parte, tenía mucho que hacer, mientras eso en el orfanato Pepe había ido buscar a Pau, pero no estaba, la esperaba sentado hablando con Jessica.
-¿Sabías que Pau ahora es mi mamá? – Jessica le preguntó.
-¿Si? ¡Que lindo! Pau es una buena madre ¿No? – la nena asintió. - ¿La amas mucho Jessy? – otra vez asintió sin decir nada. - ¿Quieres que te adoptemos y formemos una linda familia chiquita?
-Si ¿Y serias mi papá? – le preguntó entusiasmada.
-Si corazón, y te amaríamos muchísimo y te daríamos muchos hermanitos para que juegues contigo ¿Te gusta la idea?
-Me encanta, pero no quiero tantos hermanitos sino mamá no podrá darme mimitos. – le dijo con carita de mimada. – No soy egoísta, pero me gusta estar muchísimo con mi Candy, ella me dice cosas lindas y me hace dormir todas las noches, me cuenta historias, me hace sonreír, sentirme bien y sabe jugar con las muñecas.
-Si, es una nena todavía, por eso es tan especial nuestra pequeña.
-Chi, mamá es linda ¿Verdad? – Pepe le asintió, era súper lindo ver a Jessica tratando así a Paula, a parte, sabía que era su sueño ser llamada mamá, igual ni siquiera le pasaba por la cabeza lo que le estaba pasando. – No quiero muchos hermanitos porque a parte de compartirla contigo tendré que compartirla con bebés también y no es justo.
-Jajaja ¿La compartís conmigo? – Jessy le asintió. - ¿Tienes celos cuando estoy con Pau? ¿O no?
-Chi mucho. – su mejilla quedo colorada y los dos rieron.
Ya era bien tarde para estar esperando a Paula aun, a parte, le preocupaba porque ella jamás había salido para llegar tan tarde, mientras en la casa de Pau ella bajó las escaleras para buscar helado para la niña, pero antes de salir de la cocina sus piernas temblaron y su ojos nublaron de repente, dejando caer todo al suelo, ensuciando hasta sus piernas, agarró fuerte en la mesa, por poco no se caía.
-Aw, otro mareo. – susurró ella ¿Cómo así otro mareo? ¿A poco no era el primero?
Creo que nadie podría entender lo que sentía en aquel momento, esta feliz, muy feliz, tenía a mi hijita conmigo y cuando me desperté el otro día me quedé aun más contenta, porque supe que no había sido un sueño.
-¿Adonde vamos? – preguntó la chiquita después del desayuno.
-Quiero llevarte para conocer el lugar más lindo de esta ciudad y donde me gusta más estar, verás cuantas amigas harás. – le sonrió. - ¿Vamos mi amor?
Las dos ni siquiera tomaron un taxi o un auto del padre de Pau, a parte, el sol estaba fresco y hacia un lindo día, las nubes maravillosa cubrían lo suficiente, llegaron pronto al orfanato, en parte Candy se sentía mal porque había prometido a Jessica que volvería temprano y aparecer así en otro día.
-No quiero volver a un orfanato. – dijo Sole al ver la apariencia del lugar.
-Mi amor, jamás te dejaré aquí y mira, me encanta este lugar porque acá las niñas me aman y me ayudan a ser un poquito más feliz. – se agachó para explicarle. – Quiero que te sientas feliz con ellas también, y quiero que hagas amistad, a parte, son todas tan lindas y no tienen familia.
-Como yo no tenía. – bajo la cabeza.
-Exactamente, pero ahora tienes a mí y pronto seremos una familia, tu, Jessica, mi novio y yo. – le dijo con una sonrisa.
-¿Quien es Jessica? – preguntó la nena.
-Es una nena de tu edad, preciosa, bellísima y que me llama mamá, porque me quiere mucho y yo a ella, espero que entienda, es muy carente y también ayúdame e animarla ¿Chi?
-Si mamá. – la nena le abrazó y le dio un besito en la mejilla. – Eres muy dulce y eso me gusta muchísimo, me gustaría conocer esa Jessica y también a tu novio.
Las dos se miraron por un rato, antes de tocar el timbre del orfanato. En menos de un minuto Victoria abrió el gran portón y pudo escuchar como las nenas gritaban desde adentro, jugando a la pelota. Su niña corrió hasta las demás para ver que hacían mientras ella entraba despacio con Victoria.
-¿Y esa niña? – preguntó ella, curiosa.
-Es mi hija Victoria. – la señora quedo de boca abierta, sin saber que decir. – Estuve tantos años sin tenerla y ahora por fin pude encontrarla, no sabes como me siento.
-Pau, lo sospechaba desde antes, sabía que traías algo y no sabía que era. – hizo una pausa y miro a la nena de Pau mirando a las otras nenas jugando. – Después cuando te dejen en paz quiero que me expliques todo. – las dos sonrieron. – Pero ahora, quiero que vas a la habitación de las nenas, Jessica te extraña.
Pau respiró hondo, imaginaba que la niña reaccionaria así, en no salir ni siquiera del cuarto, a parte le había mentido, había dicho que llegaría temprano y que estaría con ella. Entró despacio para que no la viera, pero fue inútil, Jessica conocía a Paula por su adorable perfumen, antes mismo de entrar la chiquita ya miraba a la puerta.
-¿Sabías que Pau ahora es mi mamá? – Jessica le preguntó.
-¿Si? ¡Que lindo! Pau es una buena madre ¿No? – la nena asintió. - ¿La amas mucho Jessy? – otra vez asintió sin decir nada. - ¿Quieres que te adoptemos y formemos una linda familia chiquita?
-Si ¿Y serias mi papá? – le preguntó entusiasmada.
-Si corazón, y te amaríamos muchísimo y te daríamos muchos hermanitos para que juegues contigo ¿Te gusta la idea?
-Me encanta, pero no quiero tantos hermanitos sino mamá no podrá darme mimitos. – le dijo con carita de mimada. – No soy egoísta, pero me gusta estar muchísimo con mi Candy, ella me dice cosas lindas y me hace dormir todas las noches, me cuenta historias, me hace sonreír, sentirme bien y sabe jugar con las muñecas.
-Si, es una nena todavía, por eso es tan especial nuestra pequeña.
-Chi, mamá es linda ¿Verdad? – Pepe le asintió, era súper lindo ver a Jessica tratando así a Paula, a parte, sabía que era su sueño ser llamada mamá, igual ni siquiera le pasaba por la cabeza lo que le estaba pasando. – No quiero muchos hermanitos porque a parte de compartirla contigo tendré que compartirla con bebés también y no es justo.
-Jajaja ¿La compartís conmigo? – Jessy le asintió. - ¿Tienes celos cuando estoy con Pau? ¿O no?
-Chi mucho. – su mejilla quedo colorada y los dos rieron.
Ya era bien tarde para estar esperando a Paula aun, a parte, le preocupaba porque ella jamás había salido para llegar tan tarde, mientras en la casa de Pau ella bajó las escaleras para buscar helado para la niña, pero antes de salir de la cocina sus piernas temblaron y su ojos nublaron de repente, dejando caer todo al suelo, ensuciando hasta sus piernas, agarró fuerte en la mesa, por poco no se caía.
-Aw, otro mareo. – susurró ella ¿Cómo así otro mareo? ¿A poco no era el primero?
Creo que nadie podría entender lo que sentía en aquel momento, esta feliz, muy feliz, tenía a mi hijita conmigo y cuando me desperté el otro día me quedé aun más contenta, porque supe que no había sido un sueño.
-¿Adonde vamos? – preguntó la chiquita después del desayuno.
-Quiero llevarte para conocer el lugar más lindo de esta ciudad y donde me gusta más estar, verás cuantas amigas harás. – le sonrió. - ¿Vamos mi amor?
Las dos ni siquiera tomaron un taxi o un auto del padre de Pau, a parte, el sol estaba fresco y hacia un lindo día, las nubes maravillosa cubrían lo suficiente, llegaron pronto al orfanato, en parte Candy se sentía mal porque había prometido a Jessica que volvería temprano y aparecer así en otro día.
-No quiero volver a un orfanato. – dijo Sole al ver la apariencia del lugar.
-Mi amor, jamás te dejaré aquí y mira, me encanta este lugar porque acá las niñas me aman y me ayudan a ser un poquito más feliz. – se agachó para explicarle. – Quiero que te sientas feliz con ellas también, y quiero que hagas amistad, a parte, son todas tan lindas y no tienen familia.
-Como yo no tenía. – bajo la cabeza.
-Exactamente, pero ahora tienes a mí y pronto seremos una familia, tu, Jessica, mi novio y yo. – le dijo con una sonrisa.
-¿Quien es Jessica? – preguntó la nena.
-Es una nena de tu edad, preciosa, bellísima y que me llama mamá, porque me quiere mucho y yo a ella, espero que entienda, es muy carente y también ayúdame e animarla ¿Chi?
-Si mamá. – la nena le abrazó y le dio un besito en la mejilla. – Eres muy dulce y eso me gusta muchísimo, me gustaría conocer esa Jessica y también a tu novio.
Las dos se miraron por un rato, antes de tocar el timbre del orfanato. En menos de un minuto Victoria abrió el gran portón y pudo escuchar como las nenas gritaban desde adentro, jugando a la pelota. Su niña corrió hasta las demás para ver que hacían mientras ella entraba despacio con Victoria.
-¿Y esa niña? – preguntó ella, curiosa.
-Es mi hija Victoria. – la señora quedo de boca abierta, sin saber que decir. – Estuve tantos años sin tenerla y ahora por fin pude encontrarla, no sabes como me siento.
-Pau, lo sospechaba desde antes, sabía que traías algo y no sabía que era. – hizo una pausa y miro a la nena de Pau mirando a las otras nenas jugando. – Después cuando te dejen en paz quiero que me expliques todo. – las dos sonrieron. – Pero ahora, quiero que vas a la habitación de las nenas, Jessica te extraña.
Pau respiró hondo, imaginaba que la niña reaccionaria así, en no salir ni siquiera del cuarto, a parte le había mentido, había dicho que llegaría temprano y que estaría con ella. Entró despacio para que no la viera, pero fue inútil, Jessica conocía a Paula por su adorable perfumen, antes mismo de entrar la chiquita ya miraba a la puerta.
Dulces Sueños: Capítulo 35
Todos los niños eran encantadores a los ojos de Pau, tanto a esa chiquita como estaba ahí como a su morenita que estaban en el orfanato, por más que quería estar solo con su hija en aquel momento, la imagen de Jessica venia a su mente, a parte, le había prometido jamás dejarla y lo cumpliría, jamás la dejaría. Ahora podía decir que Pau tenía dos chiquitas y quizás más para el fin del año.
-Me dijeron tu nombre, pero me olvidé. – dijo la nena. - ¿Cómo te llamas?
-Paula… pero me gustaría mucho si siguieras llamándome mamá. – la beba le sonrió, obvio la llamaría mamá. - ¿Y tu mi niña? ¿Cómo te llamas?
-Soledad, pero me dicen Sole o como decía Sor Luciana Solcito. – la niña de verdad era preciosa y muy inteligente ¿Cómo pudo estar tanto tiempo sin ella? ¿Cómo?
No, no sabia como había vivido casi seis años lejos de su hija, sin conocerla, sin saber de su vida, sin llamarla hija y ser llamada mamá, pero gracias a Dios, estaba ahí fuerte y sana y se veía que era una nena alegre a parte de linda.
-¿Como era tu vida mi chiquita? ¿Eras feliz? – le preguntó Pau poniéndola en sus piernas, para que quedasen aun más cerquita, su olor le encantaba.
-Si, tenía muchas amigas y espero verlas siempre mamá. – los ojos hipnotizaron a Paula que de inmediato le asintió. – Y también habían las monjitas que era súper lindas conmigo, una u otra me ponía de castigo a veces. – se rió escondiendo la carita roja. – Y me contaban historias encantadas. – de pronto bajo la cabeza y dejo salir un suspiro. – Pero no tenía mamá.
-Mi amor, siempre tuviste mamá, solo que Diosito nos quiso separar, por una buena causa espero y ahora ya estamos juntitas y es eso que tenemos que disfrutar y agradecerlo por haber puesto nosotras en el mismo camino.
-Si mamá, ahora tengo una mamá a mi lado.
-Si y por siempre, porque seremos las más felices del mundo.
Era raro aun saber que tenia a su hija a su lado, pero le estaba encantando, cada detalle, cada instante, cada palabra de la pequeña, cada gesto, cada caricia… Como se parecía a Jessica, eran absolutamente parecidas en el psíquico y también en muchas otras cosas. Estuvieron toda la tarde sentadas conversando como adultas, como niñas y hasta un tiempo más jugando a las muñecas, cuando la noche ya estaba llegando la cocinera les llevo la comida en la habitación y antes que pudieran terminar los padres de Pau entraron contentos.
-Huy, no sé como puedo agradecerles todo esto. – miro a su madre y la abrazó. – Muchas gracias por apoyarme mamá y papá, perdón si te lastimé en algún momento, la verdad que eso era lo que más quería en toda mi vida, no podía más vivir sin ella. – se acercó a su padre. – Yo jamás pensé que volverías atrás y…
__Hija, ahora solo queremos que disfrutes a tu bebé. – dijo Miguel interrumpiéndola. - No la he buscando antes porque tenía papeles firmado desde hace mucho y mira que ahora estaba sola pobrecita. – él miro a la nena jugando mientras ellos hablaban. – Espero que vuelvas a casa, se te extraña demasiado acá. – su madre asintió.
-Me vas a perdonar papá, pero ya no puedo volver a esta casa. – sus padres quedaron sorprendidos por las palabras de Paula.
__¿Y porque no hija? ¿Dónde quedarás? A parte, la nena necesita de un lugar cómodo para vivir con ella. – le dijo su madre.
-Si mamá lo sé, ahora que la tengo conmigo quiero comprar algo para nosotras solamente, quiero vivir con mi hija y disfrutarla mucho. – se volteó y la miro. – A parte, quiero formar mi propia familia mamá, estoy enamorada y sé que seré feliz a su lado y más porque tengo a mi chiquita ahora.
-Hija ¿Estás con alguien? ¿Y ni siquiera me había dicho? – le preguntó.
-Si mamá, estoy súper enamorada, a punto de pensar seriamente en formar una familia con él y creo que debo empezar por ahí, en comprar algo que sea mío y de mi nenita. – sus padres le sonrieron. – Pero nos podrá visitar siempre que quieran.
-¿Mamá? – la voz dulce de Sole hizo que todos la miraran. – Ya he terminado, mira. – le mostró el plato vacío, sin ni siquiera un granito.
-Que lindo mi amor ¿Estaba rico? – la nena asintió. - ¿Quieres más?
-No, gracias.
-Me dijeron tu nombre, pero me olvidé. – dijo la nena. - ¿Cómo te llamas?
-Paula… pero me gustaría mucho si siguieras llamándome mamá. – la beba le sonrió, obvio la llamaría mamá. - ¿Y tu mi niña? ¿Cómo te llamas?
-Soledad, pero me dicen Sole o como decía Sor Luciana Solcito. – la niña de verdad era preciosa y muy inteligente ¿Cómo pudo estar tanto tiempo sin ella? ¿Cómo?
No, no sabia como había vivido casi seis años lejos de su hija, sin conocerla, sin saber de su vida, sin llamarla hija y ser llamada mamá, pero gracias a Dios, estaba ahí fuerte y sana y se veía que era una nena alegre a parte de linda.
-¿Como era tu vida mi chiquita? ¿Eras feliz? – le preguntó Pau poniéndola en sus piernas, para que quedasen aun más cerquita, su olor le encantaba.
-Si, tenía muchas amigas y espero verlas siempre mamá. – los ojos hipnotizaron a Paula que de inmediato le asintió. – Y también habían las monjitas que era súper lindas conmigo, una u otra me ponía de castigo a veces. – se rió escondiendo la carita roja. – Y me contaban historias encantadas. – de pronto bajo la cabeza y dejo salir un suspiro. – Pero no tenía mamá.
-Mi amor, siempre tuviste mamá, solo que Diosito nos quiso separar, por una buena causa espero y ahora ya estamos juntitas y es eso que tenemos que disfrutar y agradecerlo por haber puesto nosotras en el mismo camino.
-Si mamá, ahora tengo una mamá a mi lado.
-Si y por siempre, porque seremos las más felices del mundo.
Era raro aun saber que tenia a su hija a su lado, pero le estaba encantando, cada detalle, cada instante, cada palabra de la pequeña, cada gesto, cada caricia… Como se parecía a Jessica, eran absolutamente parecidas en el psíquico y también en muchas otras cosas. Estuvieron toda la tarde sentadas conversando como adultas, como niñas y hasta un tiempo más jugando a las muñecas, cuando la noche ya estaba llegando la cocinera les llevo la comida en la habitación y antes que pudieran terminar los padres de Pau entraron contentos.
-Huy, no sé como puedo agradecerles todo esto. – miro a su madre y la abrazó. – Muchas gracias por apoyarme mamá y papá, perdón si te lastimé en algún momento, la verdad que eso era lo que más quería en toda mi vida, no podía más vivir sin ella. – se acercó a su padre. – Yo jamás pensé que volverías atrás y…
__Hija, ahora solo queremos que disfrutes a tu bebé. – dijo Miguel interrumpiéndola. - No la he buscando antes porque tenía papeles firmado desde hace mucho y mira que ahora estaba sola pobrecita. – él miro a la nena jugando mientras ellos hablaban. – Espero que vuelvas a casa, se te extraña demasiado acá. – su madre asintió.
-Me vas a perdonar papá, pero ya no puedo volver a esta casa. – sus padres quedaron sorprendidos por las palabras de Paula.
__¿Y porque no hija? ¿Dónde quedarás? A parte, la nena necesita de un lugar cómodo para vivir con ella. – le dijo su madre.
-Si mamá lo sé, ahora que la tengo conmigo quiero comprar algo para nosotras solamente, quiero vivir con mi hija y disfrutarla mucho. – se volteó y la miro. – A parte, quiero formar mi propia familia mamá, estoy enamorada y sé que seré feliz a su lado y más porque tengo a mi chiquita ahora.
-Hija ¿Estás con alguien? ¿Y ni siquiera me había dicho? – le preguntó.
-Si mamá, estoy súper enamorada, a punto de pensar seriamente en formar una familia con él y creo que debo empezar por ahí, en comprar algo que sea mío y de mi nenita. – sus padres le sonrieron. – Pero nos podrá visitar siempre que quieran.
-¿Mamá? – la voz dulce de Sole hizo que todos la miraran. – Ya he terminado, mira. – le mostró el plato vacío, sin ni siquiera un granito.
-Que lindo mi amor ¿Estaba rico? – la nena asintió. - ¿Quieres más?
-No, gracias.
Dulces Sueños: Capítulo 34
Alejandra se acercó a ella haciéndola sentarse de nuevo y calmarse, tenía una dulce sonrisa en los labios.
-Mi niña, ella es divina y se parece tanto a tí. Tiene tus ojos, tu boca, tu nariz, muy parecida a ti. – dijo su madre. – Tiene el pelo negro como la noche y los ojos marrones como la miel. – Paula se acordó de los ojos de Jessica que también eran así y también de los ojos de Carlos, de color miel, el pelo negro de él que le encantaba. – No hay duda que sea ella, la dejaron ahí aun chiquita, y seguro te estaba esperando porque nadie la adoptó.
-Mamá, sabía que era linda mamá.
-Si mi chiquita. – Alejandra acarició su pelo.
_-Porque no subes a ponerte algo más formal para irnos verla. – dijo su padre y Pau asintió.
Si tenia razón él, ella vestida una ropa de niña, pollerita corta, con una remera que le mostraba el ombligo, no tenía cara de mamá y si de una nena chiquita. Alejandra guiñó un ojo para Miguel mientras Paula subía las escaleras rápidamente, que bien que había dejado algunas ropas ahí… respiró hondo al llegar al piso de arriba, aun no podía creer que sus padres la habían encontrado, estaba en shock, por fin la conocería y la amaría mucho.
Paula sintió algo raro que la dejo chinita, antes de entrar en su habitación, abrió la puerta despacio y sintió un olor distinto, que era riquísimo pero no de su perfumen, entró en el cuarto y al voltearse para su cama le sorprendió una chiquita maravillosa, que la miraba con una sonrisa encantadora. No tenía palabras en aquel momento, no tenia ni siquiera lagrimas para llorar de felicidad, ni sabía como reaccionar, solamente dejo salir un suspiró y sintió la suave manita de la nena sobre la suya.
No tenía ningún tipo de reacción en aquel momento ¿Estaba soñando? ¿Estaba despierta? Si lo estaba, no podía ser tan real un sueño… Lo único que pude hacer fue abrir mis brazos para tenerla cerquita de mi corazón y llenarla de besos como siempre había deseado.
Cuando los brazos de Paula abrieron, la nenita se acomodó en ellos, en un abrazo fuerte que las dos necesitaban, las lágrimas de Pau eran de pura felicidad, no había otra persona en el mundo más feliz que ella, ahí tenía a su hija, la que siempre había deseado tener a su lado. Se dejaron de abrazar por un momento y justo ahí se miraron a los ojos, era realmente parecida a Paula, tenía sus trazos, pero sus ojos eran igualitos de Carlos, había algo en ellos que ella no sabía explicar, algo que jamás había visto, solo de la nena.
-Mi bebita, cuanto deseaba verte. – dijo Pau arrodillada, para estar a la altura de la nena, sus lagrimas eran dulces, de alegrías. – Como eres linda. – le acarició el pelo negro, lacio, lleno de vida.
-¿Eres mi madre? – preguntó la niña, también emocionada, ya esperaba el reencuentro desde que sus abuelos la habían ido a buscar.
-Si lo soy. – las dos sonrieron y volvieron a abrazar. – Yo jamás imaginé que fueras tan linda princesa.
-Yo tampoco lo imaginé… - su voz era dulce y calmada, la hacia acordar a alguien especial que había entrado también en su vida. – Siempre me decían que un día encontraría a mi mamá, que un día ella venía por mí y me haría feliz. – le contaba a Pau con toda paciencia, mientras lloraban, la verdad las dos habían sufrido todos los días por ese abandono. – Me decían las hermanitas, que mi mamá era linda, que era grande y seguro una señora educada, pero veo que no es así. – le sonrió.
-¿No soy como deseabas? – la mirada de Pau cambió completamente, la verdad un poco le dio, pero no era bien lo que imaginaba.
-No eres como yo pensaba. – la nena le acarició la mejilla de Pau delicadamente, y se sentaron las dos en el suelo. – Eres como una nenita, una muñequita mamá.
La sonrisa de Pau decía más que todo, las palabras de su pequeñita la hizo estremecer, siempre había deseado ser llamada mamá y ahora… No, seguro era un sueño bellísimo, no podía ser verdad, no podía creer que estaba tan feliz y con su hija, la niña más linda que había visto en su vida.
-Vida mía, eres encantadora.
-Mi niña, ella es divina y se parece tanto a tí. Tiene tus ojos, tu boca, tu nariz, muy parecida a ti. – dijo su madre. – Tiene el pelo negro como la noche y los ojos marrones como la miel. – Paula se acordó de los ojos de Jessica que también eran así y también de los ojos de Carlos, de color miel, el pelo negro de él que le encantaba. – No hay duda que sea ella, la dejaron ahí aun chiquita, y seguro te estaba esperando porque nadie la adoptó.
-Mamá, sabía que era linda mamá.
-Si mi chiquita. – Alejandra acarició su pelo.
_-Porque no subes a ponerte algo más formal para irnos verla. – dijo su padre y Pau asintió.
Si tenia razón él, ella vestida una ropa de niña, pollerita corta, con una remera que le mostraba el ombligo, no tenía cara de mamá y si de una nena chiquita. Alejandra guiñó un ojo para Miguel mientras Paula subía las escaleras rápidamente, que bien que había dejado algunas ropas ahí… respiró hondo al llegar al piso de arriba, aun no podía creer que sus padres la habían encontrado, estaba en shock, por fin la conocería y la amaría mucho.
Paula sintió algo raro que la dejo chinita, antes de entrar en su habitación, abrió la puerta despacio y sintió un olor distinto, que era riquísimo pero no de su perfumen, entró en el cuarto y al voltearse para su cama le sorprendió una chiquita maravillosa, que la miraba con una sonrisa encantadora. No tenía palabras en aquel momento, no tenia ni siquiera lagrimas para llorar de felicidad, ni sabía como reaccionar, solamente dejo salir un suspiró y sintió la suave manita de la nena sobre la suya.
No tenía ningún tipo de reacción en aquel momento ¿Estaba soñando? ¿Estaba despierta? Si lo estaba, no podía ser tan real un sueño… Lo único que pude hacer fue abrir mis brazos para tenerla cerquita de mi corazón y llenarla de besos como siempre había deseado.
Cuando los brazos de Paula abrieron, la nenita se acomodó en ellos, en un abrazo fuerte que las dos necesitaban, las lágrimas de Pau eran de pura felicidad, no había otra persona en el mundo más feliz que ella, ahí tenía a su hija, la que siempre había deseado tener a su lado. Se dejaron de abrazar por un momento y justo ahí se miraron a los ojos, era realmente parecida a Paula, tenía sus trazos, pero sus ojos eran igualitos de Carlos, había algo en ellos que ella no sabía explicar, algo que jamás había visto, solo de la nena.
-Mi bebita, cuanto deseaba verte. – dijo Pau arrodillada, para estar a la altura de la nena, sus lagrimas eran dulces, de alegrías. – Como eres linda. – le acarició el pelo negro, lacio, lleno de vida.
-¿Eres mi madre? – preguntó la niña, también emocionada, ya esperaba el reencuentro desde que sus abuelos la habían ido a buscar.
-Si lo soy. – las dos sonrieron y volvieron a abrazar. – Yo jamás imaginé que fueras tan linda princesa.
-Yo tampoco lo imaginé… - su voz era dulce y calmada, la hacia acordar a alguien especial que había entrado también en su vida. – Siempre me decían que un día encontraría a mi mamá, que un día ella venía por mí y me haría feliz. – le contaba a Pau con toda paciencia, mientras lloraban, la verdad las dos habían sufrido todos los días por ese abandono. – Me decían las hermanitas, que mi mamá era linda, que era grande y seguro una señora educada, pero veo que no es así. – le sonrió.
-¿No soy como deseabas? – la mirada de Pau cambió completamente, la verdad un poco le dio, pero no era bien lo que imaginaba.
-No eres como yo pensaba. – la nena le acarició la mejilla de Pau delicadamente, y se sentaron las dos en el suelo. – Eres como una nenita, una muñequita mamá.
La sonrisa de Pau decía más que todo, las palabras de su pequeñita la hizo estremecer, siempre había deseado ser llamada mamá y ahora… No, seguro era un sueño bellísimo, no podía ser verdad, no podía creer que estaba tan feliz y con su hija, la niña más linda que había visto en su vida.
-Vida mía, eres encantadora.
Dulces Sueños: Capítulo 33
-Mi niña, estoy tan feliz, por fin la encontramos. – las lágrimas de Paula salieron automáticamente de sus ojos, tragó saliva y se sentó rápidamente en la primera silla que estaba a su lado con miedo de caerse. – La encontramos Pau.
-Mamá, por favor ¿No me estás mintiendo verdad? – no podía creer, por fin podría ser feliz, por fin podría conocerla.
-Jamás jugaría con esto mi vida, mira, no puedo darte detalles por acá, pero me encantaría que vinieras a casa a hablarnos de eso. – Pau suspiró y se levantó, la verdad no pensaría ni dos veces en ir hasta allá.
-En unos minutos estaré ahí mamá.
Colgó el teléfono, tenía lágrimas de felicidad en los ojos y su corazón latía fuertemente, sus piernas temblaban, esperaba que todo fuera verdad y no otra pesadilla. Mientras caminaba para la salida encontró a Jessica.
-¿Estás llorando mamá? – le preguntó, Paula se arrodillo y la miró a los ojos.
-De felicidad, estoy muy contenta mi chiquita, muy contenta. – la nena le sonrió y le dió un besito en la frente. – Te amo mucho y sepas que jamás te dejaré sola. – se abrazaron, luego Candy se levantó. – Mira, mamá tiene que salir por unas horas y quiero que te cuides ¿Si? – la niña asintió. – Y dile a Victoria que vuelvo más tarde.
-Chi ¿Adonde vas? – le preguntó.-
-A ver mi mamá. – le contestó con una sonrisa amigable.
-Me gustaría conocer mi abuela.
-Yo sé mi amor y la conocerá, pero antes quiero hablar con ella sobre nosotras ¿Si? – Jessica abrazo su cintura y se fue mandándole besitos. – Te quiero mucho. – susurró Pau viéndola correr de la alegría.
El camino para su casa parecía aun más largo, la ansiedad de saber las noticias que tenía su madre era enormes, sus manos sudaban, pensaba en como sería saber algo sobre su pequeña, saber como estaba y con quien estaba, en parte eso también la dejaba triste, porque si tenía una familia, sería muy difícil tenerla de vuelta, más si era inmensamente feliz.
Fueron diez minutos de taxi, pero para ella una eternidad, salió corriendo hasta la puerta de su casa, y entró desesperadamente, sus padres estaban sentados en el living tomando té como todos los días a la tarde.
-Mi amor, que bueno viniste. – dijo su madre levantándose y yendo hasta ella para abrazarla. – Te tenemos una sorpresa. – su padre también se levantó y le dio un beso en la mejilla quedando feliz por la sonrisa que tenía Paula. – Siéntate mi amor.
-Estoy súper nerviosa mamá, dime luego que noticias tienes. – se sentó mirando a los dos. – Anda, dime.
-Buscamos la familia de la nena y nos enteramos que habían salido del país. – dijo su padre, pero eso mas parecía noticia fea, no tan buena como parecía por la voz de su madre. – Pero jamás llevaron a la nena. – los ojos de Pau volvieron a brillar.
-Si hija, al parecer la devolvieron a un orfanato y la fuimos ver. – Paula se levantó con lo ultimo que había dicho su madre ¿La habían visto?
-Quiero verla, por favor mamá, quiero verla… Llévame o dime donde está.
-Mamá, por favor ¿No me estás mintiendo verdad? – no podía creer, por fin podría ser feliz, por fin podría conocerla.
-Jamás jugaría con esto mi vida, mira, no puedo darte detalles por acá, pero me encantaría que vinieras a casa a hablarnos de eso. – Pau suspiró y se levantó, la verdad no pensaría ni dos veces en ir hasta allá.
-En unos minutos estaré ahí mamá.
Colgó el teléfono, tenía lágrimas de felicidad en los ojos y su corazón latía fuertemente, sus piernas temblaban, esperaba que todo fuera verdad y no otra pesadilla. Mientras caminaba para la salida encontró a Jessica.
-¿Estás llorando mamá? – le preguntó, Paula se arrodillo y la miró a los ojos.
-De felicidad, estoy muy contenta mi chiquita, muy contenta. – la nena le sonrió y le dió un besito en la frente. – Te amo mucho y sepas que jamás te dejaré sola. – se abrazaron, luego Candy se levantó. – Mira, mamá tiene que salir por unas horas y quiero que te cuides ¿Si? – la niña asintió. – Y dile a Victoria que vuelvo más tarde.
-Chi ¿Adonde vas? – le preguntó.-
-A ver mi mamá. – le contestó con una sonrisa amigable.
-Me gustaría conocer mi abuela.
-Yo sé mi amor y la conocerá, pero antes quiero hablar con ella sobre nosotras ¿Si? – Jessica abrazo su cintura y se fue mandándole besitos. – Te quiero mucho. – susurró Pau viéndola correr de la alegría.
El camino para su casa parecía aun más largo, la ansiedad de saber las noticias que tenía su madre era enormes, sus manos sudaban, pensaba en como sería saber algo sobre su pequeña, saber como estaba y con quien estaba, en parte eso también la dejaba triste, porque si tenía una familia, sería muy difícil tenerla de vuelta, más si era inmensamente feliz.
Fueron diez minutos de taxi, pero para ella una eternidad, salió corriendo hasta la puerta de su casa, y entró desesperadamente, sus padres estaban sentados en el living tomando té como todos los días a la tarde.
-Mi amor, que bueno viniste. – dijo su madre levantándose y yendo hasta ella para abrazarla. – Te tenemos una sorpresa. – su padre también se levantó y le dio un beso en la mejilla quedando feliz por la sonrisa que tenía Paula. – Siéntate mi amor.
-Estoy súper nerviosa mamá, dime luego que noticias tienes. – se sentó mirando a los dos. – Anda, dime.
-Buscamos la familia de la nena y nos enteramos que habían salido del país. – dijo su padre, pero eso mas parecía noticia fea, no tan buena como parecía por la voz de su madre. – Pero jamás llevaron a la nena. – los ojos de Pau volvieron a brillar.
-Si hija, al parecer la devolvieron a un orfanato y la fuimos ver. – Paula se levantó con lo ultimo que había dicho su madre ¿La habían visto?
-Quiero verla, por favor mamá, quiero verla… Llévame o dime donde está.
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