—A veces —admitió ella con una carcajada—. Me encantan los finales felices. Las novelas románticas y las de misterio son mis favoritas si no tengo que leer informes o testamentos.
—¿Y tu familia? Has mencionado que tienes tres hermanos.
—Sí.
—¿Y tus padres? —le preguntó. Demasiado tarde, recordó lo que le había dicho sobre su madre—. Olvídalo.
—No pasa nada —susurró con una triste sonrisa—. Todo ocurrió muy deprisa.
—¿Pudiste estar con ella?
—Estaba en Chicago, en la universidad. No llegué a tiempo.
—¿Y luego te fuiste a Inglaterra?
—Sí. Conseguí un trabajo como becaria, algo de lo que mis padres se sintieron muy orgullosos. Cuando mi madre se enteró del trabajo, de la oportunidad que me ofrecía de vivir en el extranjero… Creo que jamás la ví tan emocionada por algo.
—¿Y tú?
—¿Y yo qué?
—¿Te sentiste emocionada?
Paula parpadeó, muy sorprendida por la pregunta.
—Sí, claro. No hay mucha gente que salga de la pequeña ciudad en la que crecí para marcharse a Londres.
—¿Y tus estudios? ¿Te animaron tus padres también a estudiar Derecho?
—Me animaron a ir a la universidad y a marcharme a vivir fuera. Aprovechar las oportunidades que ellos no tuvieron.
—Y elegiste el Derecho.
—Bueno, estuve investigando un poco y me di cuenta de que me gustaban las leyes. Además, se me daba bien leer los documentos legales. Y aquí estoy. Me gusta ayudar a la gente y escuchar las historias que me cuentan cuando vienen a mi despacho. Son muy interesantes y me gusta ayudarlos a superar esa etapa de su vida y darles tranquilidad para disfrutar del resto de sus días. No es lo que me había imaginado cuando era más joven, pero me encanta.
—¿Y te gusta trabajar para Nettleton & Thompson?
—Sí, claro…
—¿Pero?
—En ocasiones no estoy segura de que Nettleton & Thompson sea el lugar en el que debo estar.
—Entonces, ¿Por qué sigues ahí?
—Quiero hacerlo. Se lo prometí a mis padres —afirmó mientras volvía a sentarse en la butaca—. Tal vez, me dedicaré a otra cosa más adelante, como abrir mi propio bufete —añadió. Vió que Pedro se disponía a seguir con sus preguntas, pero decidió interrumpirlo—. Bueno, ahora volvamos a lo que tenemos entre manos. ¿Qué te parecería donar la herencia de tu padre? Podrías contribuir a causas en las que tus padres creyeran y en las que creas tú también. En realidad, ahora no estoy hablando sobre el contrato. Quiero hacerte ver que pareces muy distanciado de todo lo que hay en tu vida. Tienes una riqueza de la que muy pocos disponen. ¿Por qué no encuentras algo que te importe? Puedes donar tu herencia para que no tengas que preocuparte, pero hacer algo bueno al mismo tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario