lunes, 11 de mayo de 2026

Quédate Conmigo: Capítulo 43

Pedro frunció el ceño. Conocía al primo en cuestión y su predilección por el alcohol y las drogas. Suspiró.


—Así que no tengo elección.


Paula se colocó un rizo detrás de la oreja.


—¿Te importa que te haga una sugerencia?


—Me sorprende que me lo hayas preguntado —comentó Pedro.


Ella arqueó una ceja.


—Cuando me asignaron la herencia de tu padre, leí mucho sobre tu familia.


—¿Y por qué te la asignaron a tí? Creo que es una cuenta demasiado importante para que se haga cargo de ella una abogada con poca experiencia.


—Así es —admitió ella—. Era de mi jefe. Cuando te negaste a reunirte con él, me la adjudicó a mí. Creo que pensaba que, o bien tenía éxito donde él había fallado o, si yo fracasaba también, podría echarme a mí la culpa. Fuera como fuera, él gana, pero ahora regresemos a tu herencia. Tus padres colaboraban con muchas entidades benéficas y empresas emergentes.


—Sí. Mi madre invirtió bastante dinero y tiempo apoyando a artistas, diseñadores de moda y fotógrafos independientes. 


—Y tu padre, si no recuerdo mal, financiaba becas para jóvenes sin recursos en Grecia, su país de nacimiento.


—Tuvo una infancia muy humilde. Mi abuelo fundó Alfonso Shipping cuando mi padre era un adolescente. Empezó como estibador y fue subiendo.


—Debes de estar muy orgulloso de ellos. ¿Qué causas son importantes para tí? —le preguntó.


—Mantengo las donaciones a todas las organizaciones benéficas que apoyaban mis padres.


—¿Y no hay nada en lo que te impliques personalmente?


Pedro se encogió de hombros. Parecía incómodo con la dirección que estaba tomando la conversación.


—Apoyo las causas de mis padres. No soy capaz de más.


—¿No eres capaz o no quieres implicarte más?


Pedro le dedicó una fría sonrisa.


—Los monstruos no son capaces de dar mucho, Paula. Doy dinero. Ese es mi límite.


—No me lo creo.


La convicción que había en la voz de Paula lo sorprendió. Por primera vez en muchos años, le hizo querer ser algo más que la sombra en la que se había convertido. Decidió que no quería seguir hablando de la maldita herencia, ni de su vida ni de sus fracasos. 


—Hablemos ahora sobre tí.


—¿Sobre mí?


—Sí. Me intrigas. Háblame de Paula Chaves, la mujer que permite que su jefe pase por encima de ella sin cuestionárselo.


—No hay mucho que contar —dijo ella encogiéndose de hombros.


—¿Qué haces para divertirte?


—Trabajo mucho —contestó. Avergonzada, se levantó y comenzó a pasear por el despacho—. Algunas veces leo.


—¿Cuentos de hadas?

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