lunes, 18 de mayo de 2026

Quédate Conmigo: Capítulo 48

Y más se imaginaba debajo de él, sintiendo cómo sus cuerpos se unían y empezaban a moverse al unísono. La piel le vibraba al recodar sus labios, el modo en el que la había acariciado, con fuerza y una exquisita ternura que la abrumaba. Se habría rendido sin dudarlo. Sabía que una aventura entre ellos no conduciría al matrimonio. Sobre eso no tenía duda alguna. Los dos se movían en mundos muy diferentes, pero resultaba evidente que la encontraba atractiva. ¿Y si podían llegar a un acuerdo? La idea de que un hombre como Pedro la introdujera al sexo la excitaba profundamente. Sin embargo, no era algo que pudiera tomarse a la ligera. Ella siempre había pensado que el primer hombre con el que se acostara se convertiría en su esposo. Y, en aquel caso, no iba a ser así. Cerró el libro y se levantó. Se puso a pensar en el hombre que era Pedro por debajo de su dolor, en los sentimientos que despertaba en ella, parecía desearla como si Paula fuera un anhelo que él no podía satisfacer. Eso hacía que ella se sintiera hermosa, empoderada y viva. «Piénsatelo». Irritada por la respuesta poco entusiasta de su cabeza, regresó de mala gana a su dormitorio a pesar de que cada célula de su cuerpo la empujaba para subir a buscar a Pedro y decírselo. Para pedirle que fuera su primer amante. No sentía miedo ni dudas. Solo deseo.


¿Merecería la pena mezclar algo tan personal con el contrato más importante de su carrera, compartir su cuerpo con un hombre con el que sabía que no tenía futuro? Nerviosa e insatisfecha, decidió que necesitaba hacer algo para relajarse. Se había acariciado antes. Sin embargo, tal y como una amiga lo había descrito tan deprimentemente, había sido el equivalente de rascarse un poco. Siempre habían sido momentos breves, precipitados, que la dejaban frustrada y ligeramente desilusionada Aquella noche no fue así. Aquella noche contaba con la pasión que Pedro había despertado en ella. Lentamente, se desabrochó la falda y se imaginó las manos de él bajándole la cremallera y rozándole la piel cuando se separaba la tela. La falda cayó al suelo, seguida un instante después por la camisa. Levantó las manos y se cubrió los senos, sujetando su peso mientras cerraba los ojos y echaba hacia atrás la cabeza.  ¿Qué sentiría al tener las manos de él sobre su piel, tocándola, acariciándola? Se acarició los pezones y no tardó en conseguir que se irguieran contra sus dedos. Contuvo la respiración. ¿Sería él tierno y delicado? ¿O tomaría el mando y dominaría su cuerpo, llevándola a los límites de lo que los dos podrían soportar?

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