lunes, 15 de diciembre de 2025

Te Necesito: Capítulo 15

 —No importa quién soy —dijo arrodillándose—. No debería haber venido así —añadió devanándose los sesos para explicar su presencia allí a Carolina y su trabajo manchado de estiércol de caballo a Pedro.


Carolina se arrodilló a su lado y agarró uno de los bocetos que Paula había realizado sobre un tema medieval irlandés.


—Es precioso —murmuró, lo que hizo que Paula detuviera bruscamente sus frenéticos movimientos—. Y este también —añadió agarrando otro sobre mitos y folklore locales.


—Gracias —dijo Paula quitándoselos de las manos.


—¡Es una organizadora de bodas! —exclamó Carolina—. ¡Y es muy buena!


Paula asintió porque no podía hacer otra cosa. La habían pillado.


—Soy organizadora de eventos y…


—La ha contratado Pedro, ¿Verdad? Para organizarme la boda en Kildaragh.


Paula metió los últimos papeles en la carpeta. Lo había echado todo a perder.


—Así es, aunque me temo que me despedirá después de haberle arruinado la sorpresa.


—El muy canalla —dijo Carolina sonriendo.


—Lo siento —Paula sabía que había metido la pata y que iba a perder el contrato. 


Pedro no iba a aceptar un error de semejante magnitud, teniendo en cuenta su reacción por haber llegado cinco minutos tarde el día anterior. Pero no entendía por qué a Imelda le parecía divertida la situación.


—No lo sienta, no es culpa suya, sino de mi hermano que se dedica a bromear conmigo, o con usted, o con las dos. No sé a qué está jugando, porque ha hecho todo lo que está en su mano para impedir la boda. Pero estoy segura de que trama algo.


—Puede que haya cambiado de opinión —dijo Paula.


—¿Conoce a mi hermano? —preguntó Imelda mientras la miraba con compasión.


—Sí.


—Entonces sabrá que es un canalla cínico, controlador y astuto.


—Bueno, es… —Paula titubeó.


No quería darle la razón a Carolina, porque sería muy poco profesional. Pedro era su cliente, posiblemente su ex cliente, pero estaba de acuerdo con la cáustica definición del carácter de su hermano porque así se había comportado la noche anterior y en la entrevista inicial.


—Es un jefe muy exigente, eso sí.


—Exigente es una forma suave de decirlo — afirmó Carolina soltando una carcajada—. Pero digamos que Pedro siempre tiene motivos ocultos, segundas intenciones para conseguir que los demás hagan lo que quiere. Y la última vez que lo ví se opuso con uñas y dientes a que me casara con Adrián, porque solo un multimillonario como él sería adecuado para su hermana pequeña.


Carolina lanzó un bufido.


—Así que si la ha contratado para que me organice la boda, una boda espectacular, lo ha hecho por motivos que nada tienen que ver con regalarme un día que recuerde toda la vida.


—¿Está segura de que no lo ha hecho porque la quiere? —preguntó Paula, que no dejaba de creer que bajo su fachada dictatorial y despótica ocultaba una gran ternura.


«¡Por favor! ¿De verdad lo crees o se trata sencillamente de que tus hormonas intentan justificar la atracción que sientes por él?».


Te Necesito: Capítulo 14

 —Estupendo —dijo Paula, deseosa de conocer a la hermana de Pedro. Y no solo por razones profesionales.


Durante el recorrido por el castillo, Marta le había dado detalles sobre la educación de Pedro y sus hermanas, lo cual hizo que volviera a sentir por él la simpatía del día anterior. Él estaba muy unido a Sonia y Carolina. Su padre había muerto cuando él tenía dieciséis años y las niñas eran mucho más jóvenes, y la madre murió dos años después. Sin embargo, en lugar de mandar a sus hermanas a vivir con parientes lejanos o de permitir que las acogiera una familia, se convirtió en su tutor, al tiempo que tenía que ocuparse de la granja familiar. A Paula le costó mucho más imaginárselo siendo el padre sustituto de dos niñas que el fundador de un imperio multimillonario. Le pareció una hazaña impresionante, sobre todo si tenía en cuenta el pasado disfuncional de su propia familia, suponiendo que pudiera seguir llamando así a los De Courtney. Se quitaba el sombrero ante Pedro por no haber abandonado a su hermana cuando esta eligió casarse con el amor de su infancia, en contra de sus deseos. Conocer a Carolina le permitiría conocer mejor el lado tierno de Pedro, un aspecto que ocultaba en el trabajo y del que ella quería averiguar más. Mucho más.


—Perdone, ¿Quién es usted? —los sorprendentes ojos azules de Carolina, muy parecidos a los de su hermano, se entrecerraron al fijarse en el rostro de Paula.


La hermana de Pedro palmeó el anca de un caballo, cuyas herraduras estaba examinando al entrar Paula en la cuadra. Alta y delgada, con el cabello negro recogido en una cola de caballo, con vaqueros gastados y una vieja camiseta manchada de barro, Carolina Alfonso poseía la misma mirada intimidante que su hermano. Su ceño fruncido también le resultó familiar a Paula.


—Me llamo Paula Chaves. Marta me ha dicho que le comunicaría que vendría a verla para hablar de la organización de la boda —dijo sintiéndose tan cohibida como con Pedro el día anterior.


¿Fruncir el ceño para intimidar al otro era cosa de familia? Carolina lo frunció aún más. 


—Pero usted no es de Flaherty’s. Pilar no contrataría a nadie tan elegante.


—¿Flaherty’s? —fue Paula la que entonces frunció el ceño—. Lo siento, pero no…


—El bar Flaherty’s de Westport —contestó Carolina quitándose los guantes y metiéndoselos en los bolsillos traseros de los vaqueros—. El sitio que Adrián y yo hemos alquilado para la boda.


Paula tragó saliva y sintió náuseas. ¿Acaso Pedro pretendía que la boda en Kildaragh fuera una sorpresa para su hermana? Era la primera vez que se encontraba con algo así, pero tal vez fuera una costumbre irlandesa. Y ella la había estropeado. ¿Cómo no se lo había dicho Pedro?


—Lo siento mucho. Creo que ha habido un error —dió media vuelta reprimiendo las ganas de retorcerle el cuello a su nuevo cliente mientras salía de la cuadra a toda prisa. Trataría de minimizar los daños hasta saber qué sucedía.


—Espere —Carolina la alcanzó y la agarró del codo—. Aún no me ha dicho quién es usted.


La detuvo tan deprisa que la carpeta se le cayó de las manos. Paula maldijo en voz baja al ver su contenido esparcido por el barro. Aunque lo tenía todo en el ordenador, debía enseñárselo a Pedro una hora después. Y ahora estaba cubierto de… ¿era barro? Porque no olía así. 

Te Necesito: Capítulo 13

Tras haberse duchado, se puso unos vaqueros, un elegante jersey y unas botas para andar por los jardines del castillo. No tardó en encontrar a la señora Doolan, a quien había conocido la noche anterior. A diferencia de su jefe, la señora Doolan, que insistió en que la llamara Marta, era una mujer amable, risueña y habladora. Después de prepararle a Paula un buen desayuno irlandés, le enseñó el castillo. Le presentó a los empleados y a la chef, Silvia Murphy, a la que no le habían informado de la boda, lo que a Paula le extrañó. Se dijo que debía preguntar a Conall si iba a contratar un catering o iba a utilizar los servicios de Silvia y su equipo. Mientras visitaban el castillo, Marta le explicó que Pedro ocupaba el ala este del edificio, pero que rara vez la habitaba. Tampoco sus hermanas vivían allí. Paula hizo fotos y tomó notas de los dos salones, de las cuatro antesalas y de las distintas habitaciones de las dos alas principales del castillo, al tiempo que anotaba ideas para añadir a lo que ya había decidido. También visitó la capilla, que podía ser una opción para celebrar la ceremonia. Estaba muy bien situada, al lado del castillo, por lo que, si nevaba, no habría problema para que la gente se trasladara desde allí al lugar en que se celebrara el banquete. Cuando vió el salón de banquetes, pensó que era un lugar perfecto para lo que quisieran hacer allí Pedro y su hermana, después de la ceremonia, ya fuera una comida formal o algo más relajado. Estaba tan bien restaurado como el resto del castillo. Katie miró a su alrededor y se imaginó lo estupendo que quedaría cuando se hubieran colocado flores e instalado velas y antorchas, para que pareciera un cuento de hadas Aunque él no fuera un romántico, ella sabía que Imelda lo era. La residencia de su hermano le proporcionaría el lugar ideal para que su boda fuera la de la reina de las hadas.


—¿Quiere que le sirva la comida, señorita Chaves? Son más de las dos. Debe de tener hambre.


Paula alzó la vista y vió a Marta en la entrada del salón.


—¡Madre mía! ¿Ya son las dos? —le quedaban menos de tres horas para reunirse con Pedro y aún tenía que ponerse en contacto con su hermana—. Tomaré un bocadillo, si no es mucha molestia. Pero lo que necesito es hablar con Carolina. Me encantaría conocerla y también a su prometido.


Pedro debería habérselos presentado ya, pero suponía que probablemente preferiría que se encargara ella, pues le había dejado claro que no le molestara con los detalles.


—Carolina y Adrián viven en la granja de él. Está a diez minutos de aquí en coche. Si pueden recibirla después de comer, le buscaré un coche para que vaya. 

Te Necesito: Capítulo 12

«Cálmate, Paula. Se trata de un trabajo, no de una aventura, por espectacular que sea el lugar y por cautivador que sea el cliente».


—Me muero de ganas de verlo de día y empezar a pensar en la decoración. ¿Hay algún lugar que su hermana prefiera para la celebración de la ceremonia?


—Supongo que sí. Hablaremos de ello mañana —contestó él mientras se abría la puerta de la cabina y aparecía su secretario.


—Pedro —dijo el joven. A Paula le sorprendió que tuteara a su jefe—. Leticia Ahern, de Amari Corp, quiere saber si podrías hablar esta noche con Karim sobre el proyecto Zafar.


—Desde luego —se desabrochó el cinturón y agarró la chaqueta que había dejado a su lado. Señaló a Katie—. Acompaña a la señorita Chaves a la casa y preséntasela a la señora Doolan.


Se volvió hacia ella, pero la sonrisa había desaparecido.


—Nos veremos mañana a las cinco para hablar de los detalles. Si necesita algo, dígaselo al ama de llaves.


Antes de que ella tuviera tiempo de darle las gracias, él ya había bajado la escalerilla y se dirigía a la casa, rodeado de un grupo de personas que lo esperaban a su llegada.


—Voy a por su abrigo —dijo el secretario.


—Gracias —murmuró ella, incapaz de apartar la vista de su nuevo cliente mientras subía de dos en dos los escalones que conducían a la puerta de roble y desaparecía en el interior.


Intentó regular el ritmo de la respiración y averiguar por qué se sentía mareada y desorientada. Aunque aquello fuera un trabajo y no una aventura, le parecía más lo segundo que lo primero. Y le dió la impresión de que no tenía que ver con la imposible tarea de organizar una boda en dos meses para una pareja que aún no conocía, sino con el hombre taciturno que acababa de separarse de ella y que era incluso más fascinante que su casa.


A la mañana siguiente, Paula se despertó temprano en la suite del torreón oeste del castillo. No había descansado bien. ¿Quién iba a imaginarse que su inadecuada reacción ante su nuevo cliente la perseguiría en sueños, con imágenes sensuales de él ordenándole que hiciera muchas más cosas que organizarle una boda? Aspiró el aire del mar desde la ventana gozando de la magnífica vista de la cala desierta bajo el castillo. Lo que necesitaba era trabajar y alejar la impresionante presencia de Pedro Alfonso de sus pensamientos. Tenía un montón de cosas que hacer. Para la reunión de esa tarde quería tener lista la mayor cantidad de detalles posible. Para empezar, debía echar un vistazo a las instalaciones del castillo y decidir dónde se celebrarían las distintas partes del evento, ponerse en contacto con su equipo, confirmar la fecha por medio de un correo electrónico a una de las secretarias de Alfonso y, con suerte, conocer a la novia. Aunque Pedro aún no había hablado de reunirse con Carolina,  creía que era el paso siguiente, ya que era quien debía explicarle qué boda quería. 

Te Necesito: Capítulo 11

 —Veo que ha hecho los deberes.


—Quería saber lo más posible sobre el sitio, antes de verlo. He leído la entrevista que le hicieron en el Investor’s Weekly, dos años después de comenzar la restauración del edificio. Me pareció un proyecto emocionante.


—Yo diría más bien que fue caro y largo —dijo él volviendo a mirar el portátil.


Quien dijera que los irlandeses tenían mucha labia no conocía a Pedro Alfonso. A ella se le aceleró el corazón al tener la oportunidad de observarlo sin que lo notara e intentar descubrir lo que la inquietaba tanto de su aspecto. Tal vez fuera el rizo de cabello negro y espeso que le caía sobre la frente, los labios esculpidos o la barba incipiente, que le daba un aspecto salvaje. Tal vez fuera el anguloso rostro, totalmente simétrico salvo por una pequeña cicatriz en el labio superior; o las largas pestañas. Muchas mujeres matarían por tener unas iguales, así que ¿Cómo podía ser que contribuyeran a la sorprendente masculinidad de su rostro? «Deja de comértelo con los ojos. No te ayuda, precisamente» Apartó la vista y miró por la ventanilla intentando centrarse. «Pero ¿Eres masoquista? Ese hombre es un pelmazo, a pesar de su maravilloso aspecto. ¿Desde cuándo te resulta atractiva la arrogancia?».


—Si mira por la ventanilla de enfrente, verá Kildaragh.


Ella volvió la cabeza, sorprendida por el tono bajo de su voz y el orgullo que en ella había. Era una especie de gesto de paz. Se volvió a mirar, al tiempo que el helicóptero giraba a la izquierda. No tuvo que fingir entusiasmo al ver el castillo.


—¡Madre mía! —exclamó.


El castillo de Kildaragh era de proporciones tan perfectas que resultaba difícil creer que fuera real. Parecía la ilustración de un libro de cuentos infantiles o la imagen de una película americana. Torres y torretas se elevaban hacia el cielo nocturno y elegantes murallas de distintos estilos daban fe del ilustre pasado del edificio. Primero había sido la residencia de un rey irlandés; después, un monasterio; y finalmente, un internado, antes de ser abandonado en los años ochenta del siglo XX. El amplio y primoroso trabajo llevado a cabo por Pedro Alfonso para devolverlo a la vida era evidente en cada detalle.


—Las fotos que encontré no le hacen justicia —susurró ella—. Es maravilloso.


Observó una vidriera en lo que parecía una capilla. La parte trasera de la finca lo ocupaban jardines y, desde el helicóptero, divisó el borde del acantilado del promontorio donde se hallaba el castillo.


—¿Esa ventana es original? —preguntó volviéndose hacia él. 


Por primera vez lo vió sonreír de verdad.


—No, el edificio y la finca estaban en ruinas cuando los compré. Según los registros, había una vidriera, en la estructura original. La ventana la ha hecho una artesana de Innismaan utilizando materiales originales, después de haber investigado la historia del castillo.


—Es preciosa. Esa mujer tiene mucho talento.


El helicóptero aterrizó en el helipuerto construido cerca del borde del acantilado. Se oían las olas rompiendo con energía contra las rocas, al igual que los latidos del corazón de ella, emocionada no solo por la magnífica boda que podía organizar allí, sino también por la pequeña muestra que él le había dado de su aprobación. 

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Te Necesito: Capítulo 10

 ¿Acaso ella no se percataba del efecto que le producía? ¿Formaba también parte de la representación? Abrió el portátil y comenzó a realizar las llamadas que había previsto durante el vuelo, dispuesto a no volver a prestarle atención. Su forma de reaccionar ante el atractivo de ella constituía una complicación a la que debería enfrentarse lo antes posible, pensó él, mientras le llegaba el olor de su perfume con notas de naranja, canela y salvia. El olor era adictivo, pero no era el de un perfume caro, como se esperaba. Claro que, hasta aquel momento, todo lo referente a ella había sido inesperado, lo cual no le gustaba en absoluto.


Paula abrió los ojos al atravesar una zona de turbulencias y se encontró con la mirada de él. Se colocó el cabello detrás de las orejas y se irguió en el asiento sintiéndose violenta por haberse quedado dormida después de la cena que les habían servido. ¿Cuánto tiempo llevaba mirándola?


—Lo siento —murmuró.


Seguía avergonzada por haber llegado tarde al helipuerto y porque él se hubiera enfadado tanto. No solía retrasarse, pero había algo en él que la ponía nerviosa, aparte de excitarla. Era como si quisiera provocarla deliberadamente con aquellas inquietantes miradas y bruscas exigencias. Respiró hondo. «Contrólate, por favor. No es culpa de él, sino tuya. Estás cansada y un poco alterada porque has puesto muchas esperanzas en este trabajo». Casi todo en aquel encargo ya le parecía algo personal, tal vez por la forma extrema de reaccionar ante Alfonso y la presión para hacer bien el trabajo. Pero eso nada tenía que ver con él. Pedro asintió levemente aceptando la disculpa, como si se la debiera. A ella le molestó su despótica actitud. Era verdad que había llegado tarde, pero él había reaccionado de forma exagerada.


—Llegaremos dentro de diez minutos —dijo él. 


Fueron sus primeras palabras desde el despegue. Llevaba dos horas y media sin prestarle atención.


Ella inclinó la cabeza y se obligó a sonreír.


—Me muero de ganas de ver su casa —afirmó intentando de nuevo establecer algo semejante a una relación con él.


Se le daba bien establecer una sólida relación laboral con sus clientes. Era muy sociable. Estaba segura de que si se empeñaba, podría ablandarlo para que no solo le mostrara su lado malo.


—Por las fotos de Internet, el castillo parece magnífico y es, desde luego, un sitio ideal para una boda. Su hermana tiene suerte —adularlo era una estrategia que aún no había empleado—. Sé que lo compró hace años y que se gastó una fortuna en restaurarlo, para lo que contrató a artesanos locales.


Parecía que la adulación tampoco servía. Los ojos de él siguieron tan impasibles e inquietantes como antes, cuando le había reprochado el retraso como si fuera una niña desobediente. Pero, entonces, sus labios esbozaron una sonrisa que no suavizó su mirada, sino que la intensificó. Ella notó una sensación de humedad entre las piernas y las cruzó. 

Te Necesito: Capítulo 9

Después de que se hubiera marchado, pensó que las tonterías románticas que ella le había soltado y las preguntas de tipo personal que le había hecho formaban parte de su actuación. Era evidente que una organizadora de bodas debía fingir que era romántica. Y era evidente que ella desconocía la relación de su hermana con su hermanastro. Ni siquiera Sonia sabía que hacía una semana que había averiguado la identidad del padre de Joaquín. En cualquier caso, no debería haber consentido que la representación de Paula Chaves lo hubiera afectado, aunque fingía muy bien. Observó un destello de impaciencia en los ojos de ella. Por fin la había pillado. «¿Ya no estamos tan tranquilos, señorita Chaves? Veamos cuánto tarda en demostrar cómo es usted de verdad y en perder este encargo».  Pero ella no mordió el anzuelo. La impaciencia desapareció de su mirada y se limitó a decir:


—Ya le he dicho que lo siento. No volveré a llegar tarde. Este encargo significa mucho para mi empresa y para mí. Quiero que todo salga bien. Y le prometo que será así.


Él volvió a percibir la sinceridad en su voz. Y el entusiasmo, lo cual lo hizo sentirse como un canalla, a pesar de que ella solo se merecía desprecio. Era otra hija de la élite que jugaba a ser empresaria.


—Espero que cumpla la promesa.


Ella agarró la carpeta que Liam había dejado al lado del asiento.


—¿Quiere echar un vistazo a los temas que he ideado con mi equipo? —abrió la carpeta y él vio colores y telas, bocetos y notas y una fotos de Kildaragh, que ella debía de haber bajado de Internet—. Claro que aún tengo que ver el lugar y hablar con Carolina…


—Ya habrá tiempo mañana —la cortó, aún molesto. No iba a permitir que hablara con Carolina, al menos hasta haber decidido si iba a utilizar sus servicios o no. Agarró el móvil—. Tengo que hacer unas llamadas. Llegaremos dentro de unas tres horas. Hasta entonces, preferiría que no me molestara.


Ella se sonrojó y sus ojos llamearon. Él notó que, por fin, había conseguido ponerla de mal humor.


—Por supuesto, señor Alfonso —contestó cerrando la carpeta con más fuerza de la necesaria.


Se puso a mirar por la ventanilla mientras el helicóptero ganaba altura. Él oyó que contenía la respiración como lo había hecho en su despacho al establecer contacto visual, lo que le produjo el mismo efecto visceral e indeseado. Ella se agarró a los brazos del asiento y él sacudió la cabeza para eliminar la repentina visión de aquellas uñas clavándosele en los hombros mientras… «¡Madre mía!». Se mesó el cabello, incapaz de apartar la vista de ella, que cruzó las piernas y le dejó entrever el muslo por debajo del dobladillo de la falda. La excitación de su entrepierna se volvió dolorosa al imaginarse besándole el interior del muslo y prosiguiendo hacia arriba. Furioso, desvió la mirada.