-Chiquita, eso… me encanta. – siguió moviéndose los dedos, y luego de hablar volvió a su clítoris, quería que tuviera muchos otros orgasmos, uno tras otro.
-Ah… - gritó ella. – Ahhhh, me… me encanta. – decía ella cuando estaba llegando el próximo. – Más fuerte, por favor… más fuerte. – le pedía.
No tenia los ojos cerrados porque quería verlo, quería ver como lo hacia, como él la succionaba y la penetraba con los dedos, como hacia los movimientos y como lograba dejarla así tan, tan, tan… loca. A cada orgasmo se sentía más mojada, el jugo vaginal que le salía mojaba toda la mano de Pepe y su boca también, pero su sabor le encantaba.
Después que le causo tantos orgasmos él quito sus dedos de ella, y solamente la lamio como si quisiera tomar todo su jugo, Paula suspiro, intentando a la vez recuperar la respiración, pero era imposible. Pepe se quedo de pie, mirándola a los ojos, se podía ver en sus mejillas como aun estaba caliente, las tenía rojas, rojas como sangre.
-Me fascina verte así. – dijo él poniéndole un mechón de pelo tras la oreja, y besándola intensamente.
Paula abrazó su cuello derritiéndose en aquel beso maravilloso y poco a poco volvió a abrir las piernas, ahora para recibirlo, que era lo que de verdad quería. Él primero rozo sus intimidades, quería sentirla de nuevo y saber lo cuan mojada estaba, y luego la penetró suavemente, tan despacio…
-Mmmm te amo. – susurró ella mordiendo a la vez la oreja de Pepe.
-Yo también te amo chiquita.
Aun seguían en el mismo lugar, hasta que él la cargo, era tan chiquita y flaca que podía llevarla con una sola mano, estaban unidos aun, y la llevo al sofá así como estaban, se sentó suavemente y a ella le tocaba hacer los movimientos.
Mientras se movían, podían besarse, podían verse a los ojos, era una pose extradamente rica, los dos sentados en el sofá y Pau volteada para él, se sentían en las nubes, en cada gemido, en cada te amo, en cada suspiro, todo era mágico, ella lo amaba desde el pelo hasta la punta de los pies y él la amaba igual, se completaban.
-Ay chiquita… - ella lo abrazó fuerte cuando Pedro empezó a hacerlo aun más rápido, ella sabía cuando él estaba por terminar. – Mmmm…
-Ahhhh, ya llegó… - aumentaba la velocidad de los movimientos. – Ya llego. – susurraba él para ella.
Cuando por fin terminó, gritó, tanto que le asusto a Pau que también estaba por llegar al orgasmo otra vez, cuando sintió su semen adentro ella lo apretó aun más y galopó como una loca para llegar junto a él al éxtasis y así pudieron terminar, agotados, sudados, pero con muchísimo amor.
Tres meses habían pasado desde que su vida se iluminó por tener a su hijita de nuevo con ella, y por suerte hasta ahora todo estaba más que perfecto, no se había embarazado aun pero seguían intentando… Ya su matrimonio estaba marcado para en menos de dos semanas y los procesos de adopción de Jessica estaba ya abiertos, la casa la estaban creciendo y reformando, y había conseguido un trabajo donde podía trabajar solamente seis horas al día, así podría estar con sus chiquitas y con Pepe.
Ya con sus papás las cosas aun no seguían al cien porciento bien, otra vez su papá quería meterse en lo que nadie le había llamado; en el casamiento. Le decía que no podía casarse tan pronto con un chico como Pedro y que quizás no estaba de verdad enamorada de él, pero poco le importaba lo que él decía, fuera eso todo estaba yendo muy bien… o casi…
domingo, 25 de octubre de 2015
Dulces Sueños: Capítulo 44
Si lo era, de pronto salió corriendo por la habitación, abriendo la puerta y saliendo por la casa totalmente desnuda, él corría tras ella, intentando agarrarla, pero ella era más que inteligente, subía arriba del sofá y de un golpe llegaba a la cocina, era excitante hacerlo correr desnudo por toda la casa, pero antes que llegara a la puerta del baño él pudo agarrarla, la agarró de un modo violento pero rico, llevando su boca en la de Pau salvajemente, besándola con sed, como si necesitara de sus labios para respirar, para vivir.
-Te amo… - susurró ella bajando sus manos para las pompas de Pedro, acariciándolas y apretándolas suavemente.
Él había detenido las suyas en los pechos de Paula, una pellizcando sus pezones y la otra masajeando su pecho, eso era más que rico. De pronto dejaron los labios para mirarse a los ojos, había muchas cosas que decir, pero se entendían con solo mirar, ella suspiró, la verdad era más que un suspiro, era algo que le venia mucho más adentro, como amor y placer a la vez.
Dejo deslizar sus manos por el pectoral de Pepe y poco a poco fue bajando su cuerpo para besarle la panza plana, musculosa, todo en él la excitaba, aquellos músculos la dejaba completamente loca, y era rico tenerlos en la boca, lo lamia todo, sintiendo su sabor, los ojos de Pedro estaban cerrados y disfrutando cada paso que daba Pau, él sabia perfectamente donde aquella lengüita llegaría.
-Oh bebé, me encanta. – dejo salir él un gemido luego de las palabras.
Otros más cuando Paula llegó a su miembro, ya totalmente rígido y grande como le gustaba, antes de besarle miro a la cara de Pedro, era hermoso como él disfrutaba, sus manos suaves y delicadas acariciaban ricamente su parte intima.
-Me parece que eso está creciendo cada día más. – dijo Pau y los dos rieron, pero no dejó caer el clima, justo en ese momento ella empezó a besarle, la puntita primero y luego todo el cuerpo duro y ya gordo.
Pedro estaba muy excitado y naturalmente empezó a hacer pequeños movimientos, haciendo que Pau lo introdujera en su boca, succionándolo despacio, y luego aumentando la velocidad, poniéndolo casi completamente en su boca, mientras sus manos temblorosas masajeaban los testículos de Pedro. Él solamente gemía y sentía como a ella también le encantaba verlo así.
Cuando sintió que necesitaba respirar y ella siguiera terminaría sin darle placer, la levantó delicadamente besándola como nunca, comiendo sus labios y su lengua, acariciando su parte mas intima y su pompas a la vez. Sus labios sabia distinto ahora, y estaban cada día más expertos, cosa que a él le encantaba. La pego en la pared helada, haciéndola gritar y arquear el cuerpo, ahora le tocaba a él besarla y hacerle gemir como ella le había hecho.
-Pau, que divina eres mi vida. – dijo él agachándose. – Creo que jamás dejaré de hacerte el amor, eres más que una mujer. – le decía mientras sus labios estaban disfrutando de sus piernas.
Él puso uno de sus pies arriba de su pierna, haciéndola así abrir más y así pudiera tener una mejor visión de su intimidad, y sin previo aviso llevo sus dedos masajeándola, un gemido le salió, haciendo que Pedro la mirara. Le sonrió, sabía que le encantaba sus toques, sus manos…
-Mmmm, que rico. – decía ella al sentirlo acariciándola.
Era rico tener piel con piel, como él la hacia excitar, como llevo sus labios hasta su granito más delicado, besándolo y luego succionándolo rápidamente, la hizo mojar de pronto y así pudo penetrarle un dedo mientras le hacia sexo oral. Los gemidos de Pau eran altos y desesperadores, como si quisiera más y más…-
-Si chiquita, grita, grita que me encanta. – le dijo él. – Quiero que acabes muchas veces en mi boca.
Sus palabras excitaban aun más a Pau, obvio, eran extremamente pornográficas, le gustaba ese atrevimiento de Pedro, más cuando venia con su sexo oral divino, que solo él sabia hacerlo, bueno, eso creía ella. Los movimientos de sus dedos dentro de Pau eran salvajes, mientras que la succionaba rápidamente también, era imposible no explotar, en pocos minutos pudo sentir como la sangre corría rápidamente por sus venas, como su cuerpo arqueaba y sus manos temblaban junto con sus piernas, como le faltaba el aliento y en como sentía su intimidad pulsar, en ese exacto momento llegó al orgasmo, el primer de muchos de aquella mañana.
-Te amo… - susurró ella bajando sus manos para las pompas de Pedro, acariciándolas y apretándolas suavemente.
Él había detenido las suyas en los pechos de Paula, una pellizcando sus pezones y la otra masajeando su pecho, eso era más que rico. De pronto dejaron los labios para mirarse a los ojos, había muchas cosas que decir, pero se entendían con solo mirar, ella suspiró, la verdad era más que un suspiro, era algo que le venia mucho más adentro, como amor y placer a la vez.
Dejo deslizar sus manos por el pectoral de Pepe y poco a poco fue bajando su cuerpo para besarle la panza plana, musculosa, todo en él la excitaba, aquellos músculos la dejaba completamente loca, y era rico tenerlos en la boca, lo lamia todo, sintiendo su sabor, los ojos de Pedro estaban cerrados y disfrutando cada paso que daba Pau, él sabia perfectamente donde aquella lengüita llegaría.
-Oh bebé, me encanta. – dejo salir él un gemido luego de las palabras.
Otros más cuando Paula llegó a su miembro, ya totalmente rígido y grande como le gustaba, antes de besarle miro a la cara de Pedro, era hermoso como él disfrutaba, sus manos suaves y delicadas acariciaban ricamente su parte intima.
-Me parece que eso está creciendo cada día más. – dijo Pau y los dos rieron, pero no dejó caer el clima, justo en ese momento ella empezó a besarle, la puntita primero y luego todo el cuerpo duro y ya gordo.
Pedro estaba muy excitado y naturalmente empezó a hacer pequeños movimientos, haciendo que Pau lo introdujera en su boca, succionándolo despacio, y luego aumentando la velocidad, poniéndolo casi completamente en su boca, mientras sus manos temblorosas masajeaban los testículos de Pedro. Él solamente gemía y sentía como a ella también le encantaba verlo así.
Cuando sintió que necesitaba respirar y ella siguiera terminaría sin darle placer, la levantó delicadamente besándola como nunca, comiendo sus labios y su lengua, acariciando su parte mas intima y su pompas a la vez. Sus labios sabia distinto ahora, y estaban cada día más expertos, cosa que a él le encantaba. La pego en la pared helada, haciéndola gritar y arquear el cuerpo, ahora le tocaba a él besarla y hacerle gemir como ella le había hecho.
-Pau, que divina eres mi vida. – dijo él agachándose. – Creo que jamás dejaré de hacerte el amor, eres más que una mujer. – le decía mientras sus labios estaban disfrutando de sus piernas.
Él puso uno de sus pies arriba de su pierna, haciéndola así abrir más y así pudiera tener una mejor visión de su intimidad, y sin previo aviso llevo sus dedos masajeándola, un gemido le salió, haciendo que Pedro la mirara. Le sonrió, sabía que le encantaba sus toques, sus manos…
-Mmmm, que rico. – decía ella al sentirlo acariciándola.
Era rico tener piel con piel, como él la hacia excitar, como llevo sus labios hasta su granito más delicado, besándolo y luego succionándolo rápidamente, la hizo mojar de pronto y así pudo penetrarle un dedo mientras le hacia sexo oral. Los gemidos de Pau eran altos y desesperadores, como si quisiera más y más…-
-Si chiquita, grita, grita que me encanta. – le dijo él. – Quiero que acabes muchas veces en mi boca.
Sus palabras excitaban aun más a Pau, obvio, eran extremamente pornográficas, le gustaba ese atrevimiento de Pedro, más cuando venia con su sexo oral divino, que solo él sabia hacerlo, bueno, eso creía ella. Los movimientos de sus dedos dentro de Pau eran salvajes, mientras que la succionaba rápidamente también, era imposible no explotar, en pocos minutos pudo sentir como la sangre corría rápidamente por sus venas, como su cuerpo arqueaba y sus manos temblaban junto con sus piernas, como le faltaba el aliento y en como sentía su intimidad pulsar, en ese exacto momento llegó al orgasmo, el primer de muchos de aquella mañana.
Dulces Sueños: Capítulo 43
Lo único que necesitaba en aquel momento era estar tranquila consigo misma, estaba tan contenta que no podía estar quieta, no podía dejar de gritar de alegría, estaba más que segura que estaba esperando un hijo de Pedro y si de verdad estaba se casaría con él aquel mismo día.
-Lo siento. – dijo el doctor dejando el aparato a un lado de la camilla.
Los ojos de Pau se llenaron de lagrimas, todo había sido un sueño y ella ahora se había despertado ¿Entonces porque había sentido todo eso? ¿Por qué tenía eses síntomas si la verdad no tenía nada ahí?
-Debe haber algún error doctor. – dijo Pedro preocupado por ella, ya que no dejaba de llorar. – Paula tiene todos los síntomas ¿Si no es un embarazo que podrá ser? – Pedro respiró hondo al ver la expresión del doctor.
-Me sorprende todos los síntomas de la paciente, pero a veces pasa, mejor si marcas unos exámenes de sangre para saber si estás bien de verdad, no es normal que dejes de menstruar, que tengas mareos y nauseas como si estuvieras embarazada. – en eso empezó a limpiarle el gel que había puesto en la panza de Pau. – Y si está todo bien pueden empezar a hacer el pedido a la cigüeña ¿No? – le regaló una sonrisa a Paula que la devolvió entre lagrimas. – No llores, esas cosas pasan.
-Estaba tan ilusionada… - suspiró ella limpiando las lágrimas que le caían.
-Con la ecografía pude ver que estás limpia, no hay bebé, pero tampoco vestigios de que puedas tener un mioma o algo parecido, y eso es bueno, igual me gustaría que hiciéramos un Papanicolaou para saber si todo anda bien contigo.
-Si doctor. – respondió ella.
Se sentó cuando él terminó de limpiarla, y se retiró dejando los dos solitos para que pudieran hablar un poquito, Pau abrazó a Pepe con toda sus fuerzas, bueno, todo pasaría y podrían tener otro bebé si era eso que deseaban.
-Ya mi chiquita, no pasa nada, te daré muchos hijitos, verás. – él le dio un besito en la frente ayudándola a poner la ropa. – Ahora vamos, porque tienes que descansar.
-No estoy cansada mi vida, solo quiero estar contigo hoy. – se dieron un beso suave.
Habían llevado tempranito las nenas para el orfanato, así Victoria cuidaba a Soledad mientras ella iba al hospital, a la nena no le gustó mucho la idea de quedarse ahí pero Paula le juró que no la dejaría jamás y era cierto, su corazón pedía para buscarla lo más pronto.
Salieron del hospital y tomaron un taxi hasta la casa de Pedro, los dos aun estaban tristes, pero pronto pasaría, podían hacer un bebé cuando deseasen.
-¿No crees mejor pasar en el orfanato para buscar a Soledad? – preguntó Pau.
-No mi vida, recién la dejamos ahí, déjala jugar un poquito más, más tarde la busco. – le dió otro besito en la frente. – Quiero que descanses primero ¿Si?
-Es que ya la extraño. – le dijo con voz de bebé. – Y a Jessica también.
-Mi amor, que linda eres. – él suspiró. - ¿Cómo haremos para tener a Jessy mi vida? Porque no podemos solamente traerla y estar con nosotros, tenemos que hacer todo legal ¿No? – Pau asintió.
-Si, pero será muy difícil adoptarla no estando casados aun mi vida, lo mejor será tenerla así hasta que nos casemos y luego entramos con proceso de adopción. – ahora fue Pau la que suspiró. – Casi no he jugado con las nenas los últimos días, mañana compraré una torta enorme de chocolate y llevaré para ellas.
-Me sorprende como te gustan los niños.
-Si, quizás porque no tuve a Soledad por muchos años.
-Así es mi vida, así es.
Llegaron rápido en la casa de Pepe, ella estaba perfectamente bien, pero él la cargo y la llevó hasta su habitación, depositándola en la cama como una princesa. Por un momento él le quedo mirando, como hablaba, sus gestos, todo era extremamente hermoso y tierno, ya no podría vivir sin ella.
-Acóstate conmigo un ratito mi vida. – le pidió Paula.
Cierto que Pepe no pensó dos veces antes de acostarse a su lado y hacerle cariñitos, podía ver en los ojos de Pau la decepción que había sentido, pero era normal, él también estaba así.
-Ya no quedes así mi vida, si quieres hacemos un bebé ahorita. – él le guiñó un ojo.
-Jaja, me encantaría. – lo susurró y llevo sus labios a los de Pedro, entrando en éxtasis al sentir como su lengua se movía dentro de su boca. – Que rico eres papacito. – los dos rieron y se acomodaron en la cama. - ¿Esa es la parte en que empezamos a desnudarnos no?
-Jaja exactamente mi vida.
Y así hacían, mientras se incorporaban más en los besos, sus manos aventaba lejos cada prenda de ropa, remeras, pantalones, las ropas intimas, todo, dejándolos en pocos segundos totalmente desnudos desde el alma. Paula se levantó y quedó de pie arriba de la cama, de arriba podía ver todo de Pedro, todo lo que a ella le encantaba y él, pues de abajo también tenía unas de las mejores visiones.
-Ven mi amor, no seas malita. – llamó Pedro, pero Pau le negó con la cabeza, tenía una carita de traviesa que le excitaba mucho. – Que traviesa eres.
-Lo siento. – dijo el doctor dejando el aparato a un lado de la camilla.
Los ojos de Pau se llenaron de lagrimas, todo había sido un sueño y ella ahora se había despertado ¿Entonces porque había sentido todo eso? ¿Por qué tenía eses síntomas si la verdad no tenía nada ahí?
-Debe haber algún error doctor. – dijo Pedro preocupado por ella, ya que no dejaba de llorar. – Paula tiene todos los síntomas ¿Si no es un embarazo que podrá ser? – Pedro respiró hondo al ver la expresión del doctor.
-Me sorprende todos los síntomas de la paciente, pero a veces pasa, mejor si marcas unos exámenes de sangre para saber si estás bien de verdad, no es normal que dejes de menstruar, que tengas mareos y nauseas como si estuvieras embarazada. – en eso empezó a limpiarle el gel que había puesto en la panza de Pau. – Y si está todo bien pueden empezar a hacer el pedido a la cigüeña ¿No? – le regaló una sonrisa a Paula que la devolvió entre lagrimas. – No llores, esas cosas pasan.
-Estaba tan ilusionada… - suspiró ella limpiando las lágrimas que le caían.
-Con la ecografía pude ver que estás limpia, no hay bebé, pero tampoco vestigios de que puedas tener un mioma o algo parecido, y eso es bueno, igual me gustaría que hiciéramos un Papanicolaou para saber si todo anda bien contigo.
-Si doctor. – respondió ella.
Se sentó cuando él terminó de limpiarla, y se retiró dejando los dos solitos para que pudieran hablar un poquito, Pau abrazó a Pepe con toda sus fuerzas, bueno, todo pasaría y podrían tener otro bebé si era eso que deseaban.
-Ya mi chiquita, no pasa nada, te daré muchos hijitos, verás. – él le dio un besito en la frente ayudándola a poner la ropa. – Ahora vamos, porque tienes que descansar.
-No estoy cansada mi vida, solo quiero estar contigo hoy. – se dieron un beso suave.
Habían llevado tempranito las nenas para el orfanato, así Victoria cuidaba a Soledad mientras ella iba al hospital, a la nena no le gustó mucho la idea de quedarse ahí pero Paula le juró que no la dejaría jamás y era cierto, su corazón pedía para buscarla lo más pronto.
Salieron del hospital y tomaron un taxi hasta la casa de Pedro, los dos aun estaban tristes, pero pronto pasaría, podían hacer un bebé cuando deseasen.
-¿No crees mejor pasar en el orfanato para buscar a Soledad? – preguntó Pau.
-No mi vida, recién la dejamos ahí, déjala jugar un poquito más, más tarde la busco. – le dió otro besito en la frente. – Quiero que descanses primero ¿Si?
-Es que ya la extraño. – le dijo con voz de bebé. – Y a Jessica también.
-Mi amor, que linda eres. – él suspiró. - ¿Cómo haremos para tener a Jessy mi vida? Porque no podemos solamente traerla y estar con nosotros, tenemos que hacer todo legal ¿No? – Pau asintió.
-Si, pero será muy difícil adoptarla no estando casados aun mi vida, lo mejor será tenerla así hasta que nos casemos y luego entramos con proceso de adopción. – ahora fue Pau la que suspiró. – Casi no he jugado con las nenas los últimos días, mañana compraré una torta enorme de chocolate y llevaré para ellas.
-Me sorprende como te gustan los niños.
-Si, quizás porque no tuve a Soledad por muchos años.
-Así es mi vida, así es.
Llegaron rápido en la casa de Pepe, ella estaba perfectamente bien, pero él la cargo y la llevó hasta su habitación, depositándola en la cama como una princesa. Por un momento él le quedo mirando, como hablaba, sus gestos, todo era extremamente hermoso y tierno, ya no podría vivir sin ella.
-Acóstate conmigo un ratito mi vida. – le pidió Paula.
Cierto que Pepe no pensó dos veces antes de acostarse a su lado y hacerle cariñitos, podía ver en los ojos de Pau la decepción que había sentido, pero era normal, él también estaba así.
-Ya no quedes así mi vida, si quieres hacemos un bebé ahorita. – él le guiñó un ojo.
-Jaja, me encantaría. – lo susurró y llevo sus labios a los de Pedro, entrando en éxtasis al sentir como su lengua se movía dentro de su boca. – Que rico eres papacito. – los dos rieron y se acomodaron en la cama. - ¿Esa es la parte en que empezamos a desnudarnos no?
-Jaja exactamente mi vida.
Y así hacían, mientras se incorporaban más en los besos, sus manos aventaba lejos cada prenda de ropa, remeras, pantalones, las ropas intimas, todo, dejándolos en pocos segundos totalmente desnudos desde el alma. Paula se levantó y quedó de pie arriba de la cama, de arriba podía ver todo de Pedro, todo lo que a ella le encantaba y él, pues de abajo también tenía unas de las mejores visiones.
-Ven mi amor, no seas malita. – llamó Pedro, pero Pau le negó con la cabeza, tenía una carita de traviesa que le excitaba mucho. – Que traviesa eres.
viernes, 23 de octubre de 2015
Dulces Sueños: Capítulo 42
Las nenas vieron que los dos necesitaban hablar y salieron de la habitación corriendo y jugando, la verdad que después del regaño de Pau ellas aun no habían peleado, bueno, por lo menos no que los dos vieran.
-Te haré una cena riquísima hoy. – dijo Pepe acercandose más a ella. – Quiero que te quedes sanita, a parte, si no quedas bien no podremos disfrutar y jugar con nuestras hijitas. – ella le agarró sus manos y las besó.
-¿Que más dijo el doctor?
-Que seria mejor hacerte unos exámenes a ver que de verdad tienes, porque no era la primera vez que tenías eso ¿Por qué no me dijiste?
-Te iba a contar, pero ¿Solo te dijo eso? ¿Nada más? – Paula en parte se sentía triste, pensaba que al despertarse tendría unas confirmaciones de sus sospechas, pero parecía que nada.
-No mi vida ¿Qué debería decir? ¿Algo esperabas?
-Es que hace un tiempito siento eses mareos y también algunas otras cositas, pensé que podría ser otra cosa. – dijo ella suspirando. – Bueno, pero mejor mañana hago los exámenes y veo que de verdad me esta pasando.
-Si mi vida ¿Pero que más sentías mi amor?
Pedro le besó la frente antes de que contestara, ella cerró los ojos para disfrutar el besito suave y respiró hondo.
-Es que he sentido muchas nauseas y como las primeras veces que hicimos el amor no usamos ninguna protección he pensado que… - ella hizo una pausa y lo miró a los ojos, él solamente le regaló una hermosa sonrisa. – Pedro, enserio pensaba que estaba embarazada.
-Jaja mi amor ¿Por qué no me contaste antes? – le preguntó.
-Quería estar segura, pero veo que no es así. – mordió el labio inferior. – Fue mejor no haberte contado antes, a veces nos equivocamos.
-Así es mi amor, pero de todos modos podes hacer el examen de sangre, porque Luciano no puede decir si estarás o no embarazada sin tener pruebas ¿No? – ella asintió. – Así que quedamos en la duda aún, y si quieres mañana tempranito vamos al hospital y vemos que se da.
-Si cariño.
Le acarició la cara llevando sus labios para besarlo, un beso tan suave, tan tierno que era difícil explicarlo, su cuerpo estremeció al sentir el de Pedro inclinando sobre el suyo, lo deseaba y eso estaba mas que claro en sus ojos y en sus reacciones, pero mejor contener porque no estaban solos.
-¿Quieres mucho un bebé no? – le preguntó él.
-La verdad no estaba en mis planes ahorita mi amor, pero me quedé súper ilusionada desde el primer momento en que sentí los mareos y las nauseas.
-Que lindo mi vida ¿Y no te bajó aun? – ella maneó la cabeza negando.
-Desde nuestra primera noche no me vino nada.
-Me alegro mucho, me parece que seremos papás ¿No?
Otra vez se besaron, llenando de amor la habitación, cada rincón de la casa ¿Podía ser más feliz? No, tenia todo lo que siempre soñó y hasta un poquito más. Una mujer maravillosa, bonita, cariñosa y que podría estar embarazada, dos hijas lindas y especial, en la cual las amaba mucho como si fuera suyas de verdad.
-Te amo mucho Pau.– dijo Pedro después del beso.
-Y yo a tí mi chiquito lindo, gracias por hacerme sonreír, por hacerme tan feliz y quizás por hacerme mamá otra vez.
Ahora se abrazaron fuertemente y lo que jamás esperaban era que las nenas estaban en la puerta viéndolos y en parte les encantaba ese cariño que tenían sus padres, podrían ser muy felices en aquella familia, de pronto corrieron hasta la cama subiendo y llegando hasta los dos, abrazándolos como una verdadera familia que se amaban mucho.
-Te haré una cena riquísima hoy. – dijo Pepe acercandose más a ella. – Quiero que te quedes sanita, a parte, si no quedas bien no podremos disfrutar y jugar con nuestras hijitas. – ella le agarró sus manos y las besó.
-¿Que más dijo el doctor?
-Que seria mejor hacerte unos exámenes a ver que de verdad tienes, porque no era la primera vez que tenías eso ¿Por qué no me dijiste?
-Te iba a contar, pero ¿Solo te dijo eso? ¿Nada más? – Paula en parte se sentía triste, pensaba que al despertarse tendría unas confirmaciones de sus sospechas, pero parecía que nada.
-No mi vida ¿Qué debería decir? ¿Algo esperabas?
-Es que hace un tiempito siento eses mareos y también algunas otras cositas, pensé que podría ser otra cosa. – dijo ella suspirando. – Bueno, pero mejor mañana hago los exámenes y veo que de verdad me esta pasando.
-Si mi vida ¿Pero que más sentías mi amor?
Pedro le besó la frente antes de que contestara, ella cerró los ojos para disfrutar el besito suave y respiró hondo.
-Es que he sentido muchas nauseas y como las primeras veces que hicimos el amor no usamos ninguna protección he pensado que… - ella hizo una pausa y lo miró a los ojos, él solamente le regaló una hermosa sonrisa. – Pedro, enserio pensaba que estaba embarazada.
-Jaja mi amor ¿Por qué no me contaste antes? – le preguntó.
-Quería estar segura, pero veo que no es así. – mordió el labio inferior. – Fue mejor no haberte contado antes, a veces nos equivocamos.
-Así es mi amor, pero de todos modos podes hacer el examen de sangre, porque Luciano no puede decir si estarás o no embarazada sin tener pruebas ¿No? – ella asintió. – Así que quedamos en la duda aún, y si quieres mañana tempranito vamos al hospital y vemos que se da.
-Si cariño.
Le acarició la cara llevando sus labios para besarlo, un beso tan suave, tan tierno que era difícil explicarlo, su cuerpo estremeció al sentir el de Pedro inclinando sobre el suyo, lo deseaba y eso estaba mas que claro en sus ojos y en sus reacciones, pero mejor contener porque no estaban solos.
-¿Quieres mucho un bebé no? – le preguntó él.
-La verdad no estaba en mis planes ahorita mi amor, pero me quedé súper ilusionada desde el primer momento en que sentí los mareos y las nauseas.
-Que lindo mi vida ¿Y no te bajó aun? – ella maneó la cabeza negando.
-Desde nuestra primera noche no me vino nada.
-Me alegro mucho, me parece que seremos papás ¿No?
Otra vez se besaron, llenando de amor la habitación, cada rincón de la casa ¿Podía ser más feliz? No, tenia todo lo que siempre soñó y hasta un poquito más. Una mujer maravillosa, bonita, cariñosa y que podría estar embarazada, dos hijas lindas y especial, en la cual las amaba mucho como si fuera suyas de verdad.
-Te amo mucho Pau.– dijo Pedro después del beso.
-Y yo a tí mi chiquito lindo, gracias por hacerme sonreír, por hacerme tan feliz y quizás por hacerme mamá otra vez.
Ahora se abrazaron fuertemente y lo que jamás esperaban era que las nenas estaban en la puerta viéndolos y en parte les encantaba ese cariño que tenían sus padres, podrían ser muy felices en aquella familia, de pronto corrieron hasta la cama subiendo y llegando hasta los dos, abrazándolos como una verdadera familia que se amaban mucho.
Dulces Sueños: Capítulo 41
A veces ni siempre lo que pensamos es cierto, y las decepciones siempre nos sorprenden, como en aquel día, donde estaba pensando en contar a Pepe lo que de verdad le estaba pasando…
-¿Pepe? – llamó el doctor al salir del cuarto.
Paula había desmayado y ni con el alcohol había despertado y eso desesperó a Pedro, tanto que llamó a un medico que era muy amigo suyo. Todos estaban preocupados por ella, tanto Pepe como las nenas, esperaban ansiosos una noticia de Pau.
-¿Como está Luciano? – preguntó Pepe preocupado.
-No te preocupes, Paula esta bien, le di una medicina y está mejor ahora. – le dijo sonriendo. – Me dijo ella que no es la primera vez que siente eso, lo mejor es que la lleve a un hospital para hacerle estudios de la sangre, acá no pude hacer mucho.
-Sí, si la llevaré ahorita mismo. – dijo Pedro al doctor. – No sabía que había sentido eso antes, la verdad no me contó.
-Sí, pero no se preocupen, no es tan urgente que hagan los exámenes. – el doctor respiró hondo y miró bien a Pedro.– Ella está muy estresada, necesita descansar y también comer mucho, porque me parece que esta flaca y esos mareos seguro son causas de la anemia.
-La cuidaré. – le sonrió. - ¿Cuánto te debo Luciano?
Él doctor puso su mano en el hombro de Pedro, lo conocía desde hace mucho y jamás seria capaz de cobrarle algo, sabia que su amigo no tenia condiciones para pagar una de sus consultas, por eso estaba más que contento por poderle ayudar.
-Sabes que no es nada, cuando necesites puedes llamarme, vengo a cualquier hora.
-Muchas gracias Luciano.
Pedro le acompaño hasta la puerta y volvió rápido para ver a Paula que estaba en su cuarto, pero cuando llego en la puerta se encontró una con escena maravillosa, las nenas estaban acostadas cada uno de un lado de Pau le daban miles de besos y cariños, la verdad que era encantadoras las pequeñas.
-¿Puedo entrar? – preguntó Pedro.
-Claro mi amor. – Pau le contestó con una sonrisa hermosa y le señaló la orilla de la cama para que se sentara.
Y así hizo, se sentó a sus pies, y los acarició por arriba del edredón que cubría sus piernas ¿Cómo podría amarla tanto? Estaba seguro que aquella mujer era la que siempre había soñado, la que amaba y amaría siempre y si pasara algo, lucharía con todas sus fuerzas para tenerla a su lado, y no la dejaría sufrir más, todo lo que estaba a sus manos haría con gusto mientras que se quedara feliz.
-Perdón por asustarle, la verdad no fue mi culpa. – dijo ella mirándolos a todos. – No me sentía bien desde el departamento y cuando llegué acá no vi nada más.
-No mi vida, no te preocupes, dijo el doctor que esta un poquito flaca, que no andas durmiendo bien, tampoco alimentándote bien eh. – le hizo cara fea y ella le sonrió.
-No es cierto, estoy comiendo como loca, a cada rato, a cada momento, hasta me estoy sintiendo más gorda. – dijo ella.
-Si es verdad. – completó Jessica. – Mami come demasiado jajaja.
-Si, pero lo que no debes comer, palomitas, caramelos, chocolates, gaseosas, esas cosas no te hace bien mi amor, quiero que alimentes bien, que comas bien, y con toda las sorpresas que tuviste en los últimos días te ha dejado más vulnerable, más débil, más ansiosa, y esas cosas suelen pasar. – él seguía hablando como si fuera su madre, con un tono de autoridad y de regaño.
-¿Pepe? – llamó el doctor al salir del cuarto.
Paula había desmayado y ni con el alcohol había despertado y eso desesperó a Pedro, tanto que llamó a un medico que era muy amigo suyo. Todos estaban preocupados por ella, tanto Pepe como las nenas, esperaban ansiosos una noticia de Pau.
-¿Como está Luciano? – preguntó Pepe preocupado.
-No te preocupes, Paula esta bien, le di una medicina y está mejor ahora. – le dijo sonriendo. – Me dijo ella que no es la primera vez que siente eso, lo mejor es que la lleve a un hospital para hacerle estudios de la sangre, acá no pude hacer mucho.
-Sí, si la llevaré ahorita mismo. – dijo Pedro al doctor. – No sabía que había sentido eso antes, la verdad no me contó.
-Sí, pero no se preocupen, no es tan urgente que hagan los exámenes. – el doctor respiró hondo y miró bien a Pedro.– Ella está muy estresada, necesita descansar y también comer mucho, porque me parece que esta flaca y esos mareos seguro son causas de la anemia.
-La cuidaré. – le sonrió. - ¿Cuánto te debo Luciano?
Él doctor puso su mano en el hombro de Pedro, lo conocía desde hace mucho y jamás seria capaz de cobrarle algo, sabia que su amigo no tenia condiciones para pagar una de sus consultas, por eso estaba más que contento por poderle ayudar.
-Sabes que no es nada, cuando necesites puedes llamarme, vengo a cualquier hora.
-Muchas gracias Luciano.
Pedro le acompaño hasta la puerta y volvió rápido para ver a Paula que estaba en su cuarto, pero cuando llego en la puerta se encontró una con escena maravillosa, las nenas estaban acostadas cada uno de un lado de Pau le daban miles de besos y cariños, la verdad que era encantadoras las pequeñas.
-¿Puedo entrar? – preguntó Pedro.
-Claro mi amor. – Pau le contestó con una sonrisa hermosa y le señaló la orilla de la cama para que se sentara.
Y así hizo, se sentó a sus pies, y los acarició por arriba del edredón que cubría sus piernas ¿Cómo podría amarla tanto? Estaba seguro que aquella mujer era la que siempre había soñado, la que amaba y amaría siempre y si pasara algo, lucharía con todas sus fuerzas para tenerla a su lado, y no la dejaría sufrir más, todo lo que estaba a sus manos haría con gusto mientras que se quedara feliz.
-Perdón por asustarle, la verdad no fue mi culpa. – dijo ella mirándolos a todos. – No me sentía bien desde el departamento y cuando llegué acá no vi nada más.
-No mi vida, no te preocupes, dijo el doctor que esta un poquito flaca, que no andas durmiendo bien, tampoco alimentándote bien eh. – le hizo cara fea y ella le sonrió.
-No es cierto, estoy comiendo como loca, a cada rato, a cada momento, hasta me estoy sintiendo más gorda. – dijo ella.
-Si es verdad. – completó Jessica. – Mami come demasiado jajaja.
-Si, pero lo que no debes comer, palomitas, caramelos, chocolates, gaseosas, esas cosas no te hace bien mi amor, quiero que alimentes bien, que comas bien, y con toda las sorpresas que tuviste en los últimos días te ha dejado más vulnerable, más débil, más ansiosa, y esas cosas suelen pasar. – él seguía hablando como si fuera su madre, con un tono de autoridad y de regaño.
Dulces Sueños: Capítulo 40
-¿Me aguantarás todos los días del mal humor? – él asintió. – ¿Y también las noches donde no querré hacer el amor? – otra vez asintió. - ¿Salir a la noche en busca de algo que se me antoja cuando esté embarazada?
-Jaja eso y mucho más mi amor. – le rodeo la cintura con sus brazos y la beso intensamente.
Las niñas estaban entrando en la habitación y vieron la ensena maravillosa de amor, en parte les encantaron ver los dos tan enamorados, pero en otra era puro asco ¿Cómo podían besarse así?
-Mejor dejamos el otro hermanito para después mamá. – dijo Jessica interrumpiéndola. – Ya basta con Soledad, no quiero más hermanos. – Pau y Pepe la miraron riéndose.
-Oye, tu si que ya basta nena, yo que no quería hermanos… - alzó la voz Soledad. – Para mí no eres mi hermana, ni siquiera tienes mi color.
Los ojos de Jessica llenaron de lágrimas, obvio ella también había buscado eso, pero Sole no necesitaba decirlo así y más frente a Paula, era feo oírlo y sabía perfectamente que llevaría un regaño muy grande por parte de su madre, en tan solo ver su cara podía sentirlo.
-Pídele disculpas Soledad. – ordenó Pau. – No se habla así con nadie eh, todos somos iguales, sin diferencias y Jessica es tu hermana igual, y siempre lo serás.
-Jessica está mal tu también que digas esas cosas nena, los hermanos son lo más divino en el mundo. – dijo Pepe con calma. – Me gustaría mucho tenerlos.
-No quiero más peleas… - decía Pau acercándose a ellas. – Puedo ser un pan de Dios, tierna y cariñosa, pero también puedo ser malita si siguen así y también puedo ponerles de castigo, no solo cariño les tengo que dar y si también enseñarles las cosas buenas y malas de la vida y esa es una. – la voz de Paula había cambiado por autoridad, Pedro se sorprendió viéndola hablando así, jamás imaginaria que ella fuera tan autoritaria cuando se trataba de peleas entre niños. – Nadas de peleas ¿Ok? – las nenas sintieron. – Bueno, ahora quiero que se abrasen y piden perdón una a la otra y juren que no habrá más discriminación.
Las niñas se abrazaron de mala gana, la verdad también a ellas le sorprendió la reacción de Pau, pero en parte ella tenía razón, debería tener autoridad frente a sus hijas, a parte, ella era la mas grande ahí y también la mamá, podía dolerle, pero era así que educaría a sus hijas y no de otra forma… Porque así le agradecerán más tarde.
Los cuatro salieron caminando del departamento y fueron a casa de Pedro, el sol aun estaba bien caliente, faltaba mucho para llegar la noche, estaba siendo un día tan largo para Paula, ni siquiera ella entendía que se pasaba, su espalda dolía, su cabeza dolía, sus piernas no aguantaban más y cuanto más comía sentía más hambre, y las nenas por más que peleaban estaban juntas y jugando.
-Los nenes son increíbles ¿No? – le decía Pedro, mientras se acercaban a su casa. – Recién se peleaban y mira las dos, corriendo y riendo de las manos. – ella lo miro con una sonrisa no muy convencida. – Me sorprendiste Pau, jamás pensé que serías tan autoritaria con las nenas, hiciste bien ¿Sabes?
-Si, no quiero que se pelee, sabía que pasaría eso… Y creo que a veces necesitamos ser duros con ellos para que puedan ver la realidad.
-Si, tienes razón. – le detuvieron y se dieron un suave beso. - ¿Qué decidiste amor? ¿Quedarás con el departamento o aceptas vivir conmigo? – los dos suspiraron y luego rieron. - ¿Entonces?
-Lo acepto, te amo mucho y quiero estar contigo toda la vida, empezando por ahora. – otra vez se besaron, mientras las nenas los esperaban antes de pasar la calle. – Espero después no te arrepientas.
-Jaja, no te preocupes.
Llegaron en la casa de Pepe, las primeras a entrar fueron Sole y Jessy, ni siquiera conocían la casa, pero era como si hubiesen vivido todas sus vidas allá, antes mismo que pudiera entrar ya empezaron a hacer travesuras.
-Nada de travesuras eh. – grito Pau desde la puerta, agarrando el brazo de Pedro.
-¿Que tienes mi amor? Se te ve algo pálida. – dijo él al verla respirando hondo.
Si la verdad no se sentía muy bien, su estomago parecía estar en una montaña rusa, hasta su respiración estaba demasiado agitada por lo normal, quizás estaba cansada, había sido muchas cosas para ella, la sorpresa de su hija, la casa, el pedido que hizo a Pedro, ni siquiera había podido descansar.
-Ay mi vida, necesito sentar un poquito. – dijo ella apoyándose en él, que la llevo en el sofá donde estaban las nenas.
-¿Que tiene mamá? – preguntó Sole al verla sentándose y respirando hondo.
-Chi ¿Qué tiene mi Candy?
-Estoy bien mis niñas, no se preocupen.
Si tan bien que sus ojos oscurecieron inmediatamente, solo escuchando las voces de sus bebitas preguntando que le pasaba y la voz de Pepe para que la esperara, nada más pudo ver.
-Pepe. – gritó Jessy. – Mamá se desmayó.
Pedro vino corriendo de nuevo con el alcohol en las manos, algo le estaba pasando y era mejor que viera un doctor.
Dulces Sueños: Capítulo 39
¿Podría ser más feliz? No, estaba completa, lo que mucho no le convencía era la cara de Pedro, algo raro tenía él… Ella en parte, lucia una sonrisa de las que más hermosas y las niñas jugaban mientras mirábamos cada departamento. Le encantaba estar con ellas, y parecían darse muy bien, por lo menos era lo que veía yo.
-¿No les gustan? – preguntó Pau a las nenas y a Pepe.
Era un bello departamento, no estaba en una área de lujo, tampoco era enorme como a los que acostumbraba a vivir, pero era lo bastante para sentirse bien y cómoda por un tiempo, hasta que pudiera encontrar un trabajo y poder comprar algo mejor, así pensaba ella.
-Esa habitación podría ser mía ¿No? – preguntó Sole.
_-i mi vida, tuya y de Jessica. – dijo Pau, las nenas se miraron no muy agradables. – Por un tiempo tendrá que compartir la misma habitación, a parte, esa seria buena porque esta bien grande ¿No?
-Si. – contestó Pepe de mala gana.
-¿Que tienes mi amor? – preguntó Pau acariciándole la carita. – Se te ve algo raro ¿Estás enojado por algo? ¿Fue por lo que pasó en el orfanato? – ella borro su sonrisa. - ¿No querías?
Las nenas salieron de la habitación discutiendo que parte seria de cada una y eso que ni siquiera Pau sabía que quedaría con la casa o no. Mientras eso los dos estaban hablando sobre lo que tenía Pepe.
-No Pau, sabes que te amo mucho y quiero casarme contigo. – le dijo haciéndola sonreír de nuevo. – Me ha gustado mucho lo que hiciste en el orfanato y estoy inmensamente feliz por haberte encontrado a tu hijita.
-¿Y entonces? ¿Por qué esa carita mi bebé? – le apretó el cachete.
-Es que no entiendo porque quieres comprar un departamento… - ella no dejó que siguiera, ahí estaba el problema.
-Pepe, es que quiero vivir mi vida y no estar en las casas de mis padres más, ya tengo casi veinticuatro años y me gustaría tener mi propio hogar. En el orfanato tampoco es lo mismo, y no podré estar con mi hija ahí, creo que no se sentía bien, ha vivido toda su vida en uno y no creo que le traiga recuerdos muy lindos. – dijo ella tomando aire después de hablar tan rápido. – Quiero darle un lugar cómodo, donde pueda tener su tiempito sola, y estar conmigo también, sin tener que dar explicaciones a nadie, será bueno para nosotras.
-Pau ¿No me pediste en casamiento? – ella le sonrió y asintió. – Entonces ¿Por qué no venís a vivir conmigo corazón? Podemos hacer otra habitación para los nenes y con el tiempo crecer la casa… Me gustaría tenerte a mi lado siempre y no tan lejos.
-Mi amor, yo quiero vivir contigo también, pero pensaba que después de nuestro casamiento y no ahora, y más, no quiero que Soledad se asuste con lo nuestro que es tan rápido, quiero que se acostumbre a mi vida y luego podemos vivir contigo o tu vienes a vivir con nosotras.
Él sabia perfectamente donde quería llegar Pau, era cierto que su casa era muy sencilla, pero podía mejorar, solo necesitaba tiempo, no ganaba mucho con su trabajo, pero podía encontrar otro o hacer dos turnos, mejoraría su sueldo y así podrían vivir mejor, estaba dispuesto a todo para darle la mejor vida posible.
-Casemos mañana entonces ¿Va? – la hizo reír, pero no tenía gracia, el decía todo muy serio, a parte, le encantaría casarse con ella. – No ríes bebé, te digo enserio, es que sueño en tenerte a mi lado, vive conmigo, te juro que te ayudaré en todo y que pronto hagamos una nueva habitación para las nenas, a parte, si quieres la puedes hacer tu con el dinero que pagaras por esto ¿Sí?
-¿No les gustan? – preguntó Pau a las nenas y a Pepe.
Era un bello departamento, no estaba en una área de lujo, tampoco era enorme como a los que acostumbraba a vivir, pero era lo bastante para sentirse bien y cómoda por un tiempo, hasta que pudiera encontrar un trabajo y poder comprar algo mejor, así pensaba ella.
-Esa habitación podría ser mía ¿No? – preguntó Sole.
_-i mi vida, tuya y de Jessica. – dijo Pau, las nenas se miraron no muy agradables. – Por un tiempo tendrá que compartir la misma habitación, a parte, esa seria buena porque esta bien grande ¿No?
-Si. – contestó Pepe de mala gana.
-¿Que tienes mi amor? – preguntó Pau acariciándole la carita. – Se te ve algo raro ¿Estás enojado por algo? ¿Fue por lo que pasó en el orfanato? – ella borro su sonrisa. - ¿No querías?
Las nenas salieron de la habitación discutiendo que parte seria de cada una y eso que ni siquiera Pau sabía que quedaría con la casa o no. Mientras eso los dos estaban hablando sobre lo que tenía Pepe.
-No Pau, sabes que te amo mucho y quiero casarme contigo. – le dijo haciéndola sonreír de nuevo. – Me ha gustado mucho lo que hiciste en el orfanato y estoy inmensamente feliz por haberte encontrado a tu hijita.
-¿Y entonces? ¿Por qué esa carita mi bebé? – le apretó el cachete.
-Es que no entiendo porque quieres comprar un departamento… - ella no dejó que siguiera, ahí estaba el problema.
-Pepe, es que quiero vivir mi vida y no estar en las casas de mis padres más, ya tengo casi veinticuatro años y me gustaría tener mi propio hogar. En el orfanato tampoco es lo mismo, y no podré estar con mi hija ahí, creo que no se sentía bien, ha vivido toda su vida en uno y no creo que le traiga recuerdos muy lindos. – dijo ella tomando aire después de hablar tan rápido. – Quiero darle un lugar cómodo, donde pueda tener su tiempito sola, y estar conmigo también, sin tener que dar explicaciones a nadie, será bueno para nosotras.
-Pau ¿No me pediste en casamiento? – ella le sonrió y asintió. – Entonces ¿Por qué no venís a vivir conmigo corazón? Podemos hacer otra habitación para los nenes y con el tiempo crecer la casa… Me gustaría tenerte a mi lado siempre y no tan lejos.
-Mi amor, yo quiero vivir contigo también, pero pensaba que después de nuestro casamiento y no ahora, y más, no quiero que Soledad se asuste con lo nuestro que es tan rápido, quiero que se acostumbre a mi vida y luego podemos vivir contigo o tu vienes a vivir con nosotras.
Él sabia perfectamente donde quería llegar Pau, era cierto que su casa era muy sencilla, pero podía mejorar, solo necesitaba tiempo, no ganaba mucho con su trabajo, pero podía encontrar otro o hacer dos turnos, mejoraría su sueldo y así podrían vivir mejor, estaba dispuesto a todo para darle la mejor vida posible.
-Casemos mañana entonces ¿Va? – la hizo reír, pero no tenía gracia, el decía todo muy serio, a parte, le encantaría casarse con ella. – No ríes bebé, te digo enserio, es que sueño en tenerte a mi lado, vive conmigo, te juro que te ayudaré en todo y que pronto hagamos una nueva habitación para las nenas, a parte, si quieres la puedes hacer tu con el dinero que pagaras por esto ¿Sí?
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