lunes, 12 de octubre de 2015

Dulces Sueños: Capítulo 9

Paula no  podía negar que todo lo que estaba pasando con Pedro, le  gustaba, le encantaba, él era el mejor hombre que había conocido desde que Carlos se fue… Bueno, no que hubo otros, porque jamás dejó que  otro hombre se le acerque.
-¿Entonces llegaste de viaje hace poco? – le preguntó Pepe, ya estaban por llegar a su casa, y Paula ni siquiera había visto el camino.
Hablar y estar con Pedro la hacía enloquecer, olvidar de todo y más de las cosas malas que le había pasado hace años… Quizás él era su medicina, la persona que le quitaría cualquier dolor y cualquier tristeza.
-Así es… - dijo ella sonriendo. – Me quedé allá por más de cinco años, trabajé y estudié, la verdad pude ahorrar bastante, porque en Milán trabajaba en dos turno y en los fines trabajaba en una cafetería. Mis padres siempre mandaron dinero para mí y también pagaban mi facultad, decían que podían pasar hambre, pero quería que fuera alguien en la vida.
-Wow, tienen dinero por lo que veo.
Paula respiró hondo y maneó la cabeza.
-La verdad no Pepe, todo lo que papá tiene son de sus socios, de la empresa, menos de él. – ella sin ver tomo la mano de Pepe y la apretó fuertísimo. – Ellos no saben lo bien que es estar con la conciencia limpia, ser feliz… Mis papás solo piensan en las cosas que uno tiene.
-Sé como son esas personas. – dijo él guiándola hasta una casita que tenía en la esquina. – Pero tu eres muy especial, digamos que totalmente distinta.
Ella le sonrió, la verdad así era, no le importaba nada que tenían los demás, el dinero no era tan importante como decían, no podía negar que si trae felicidad, porque si tuviera todo lo que necesitaba, podía pagar alguien para encontrar lo que de verdad soñaba y hacerla feliz por toda la vida, pero sabía que no era así, sus papás jamás le dieron mucho dinero porque sabían exactamente lo que ella podría hacer y Paula  había trabajado todo ese tiempo, ahorrando dinero y pagando detectives, pero siempre era inútiles.
-Bueno, esa es mi humilde casita. – dijo él señalando a la puerta. – No es nada de lo que estás acostumbrada, pero es mío y siento orgullo de haberla hecho con mi propio dinero. – oh, las palabras de Pedro eran totalmente encantadoras.
Cuando entraron, Pau pudo ver lo tan linda que era, podía ser simple y chiquita, pero era como las casitas de los sueños, arregladita, limpia y olía a Pedro, eso si era lo más especial y para su encanto había plantas y flores por todos los cuatro rincones de la casa.
-No sabía que te gustaban las flores. – dijo ella acercándose a unas que estaban al lado del sofá chiquita. – A mi me encanta, en Milán tenía de todos los tipos, la verdad no quedaban así tan lindas porque no tenía tiempo de conversar con ellas. – lo miró y sonrió. – Casi no quedaba en casa haciéndoles compañía.
-Que lindo, pero seguro estaban llenas de amor. – dijo él y Pau asintió.
Ella seguía mirando todo, una parte de la casa aun no estaba lista, parecía que estaban todavía construyendo dos habitaciones más y unas cuantas cosas que no entendía, al lado del living estaba la cocina, los muebles no eran nuevos para nada, parecía que había comprado de segunda mano, pero estaban todos tan limpios que parecían encantadores.
-Se ve linda tu casa. – elogió ella acercándose a Pepe.– Así como tú.
-Y como tú.
Ella lo abrazó por la cintura y lo besó, un beso intenso y a la vez tan inocente, le extrañaba tanto tener a alguien a quien besar, abrazar, decir que lo quería, cuando dejo sus labios ella respiro profundamente, sus ojos brillaban y su corazón latía rápidamente, sabía que si siguiera podría terminar en algo que no debía, no por ahora, pues todo aun era muy pronto.

Dulces Sueños: Capítulo 8

Victoria le asintió y se retiró del living, tenía que ver que hacían los niños. Pedro y Paula quedaron solitos, habían sentado cerquita de ella, sintiendo su olor maravilloso, Paula no resistió a apoyar su cabeza en el hombro de Pepe, suspirando. Era como si hubiera estado toda una vida con él, como si lo conociera de los pies a la cabeza, como si entendiera toda su vida… Quizás lo había conocido en otra vida o apenas empezaba a sentir por él algo más que amistad.
-¿Estás cansada? – preguntó él acariciándole el pelo.
-Chi, algo cansadita. – contestó ella cerrando los ojos y escuchando la lluvia caerse.
-¿Te puedo hacer una pregunta? – en eso ella levantó la cabeza y lo miró a los ojos asintiendo. – Entenderé si no querrás contestar, pero desde que la ví, me quedé curioso, porque jamás pasó por mi cabeza que una chica como tú pudiera tener un tatuaje, eres tan delicada que nunca me lo pensé y cuando… - hacia rodeos mientras Paula reía, la pregunta nunca llegaba.
-Bueno… - otra vez acostó su cabeza en el hombro de Pepe. – Ese tatuaje me lo hice hace mucho tiempo, hace parte de un pasado feo. – respiró hondo.
-¿Eras rebelde? – preguntó él.
-Algo. – los dos rieron.
-¿Puedo saber que es?
Paula levantó la manga de la camisa y le mostró, Pedro no solo lo miró, como también lo acarició despacio, haciendo que Pau sintiera una cosquilla en la panza, sus manos eran como éxtasis, la dejaba completamente drogada.
-Es un hada… - susurró él. – Sin color… ¿Quién es Rocío?
Paula abrió los ojos y tapó el tatuaje rápidamente, por eso jamás le gusto mostrarla, porque sabía que todos le preguntarían lo mismo, de quien era el nombre que tenía junto al hadita en su brazo. Miró a Pedro fijamente y él pudo ver en sus ojos la tristeza que la invadía, solamente la abrazó, sin preguntar nada más, quería entenderla, quizás así podría ayudarla, pero igual, sabia que todo era muy pronto y no podía hacer nada ahora, solamente estar a su lado y apoyarla en todo sin saber lo que de verdad quería ella.
-Bueno, ya… cuando quieres y tengas ganas estaré aquí para escucharte ¿Sí? – ella asintió. – Ahora quiero ver esa sonrisa que me encanta ¿Va? – ella le sonrió. – Eso, así quedas más linda Pau.
-Gracias, tu también eres lindo. – le dijo con voz de bebé, llevando sus labios hasta su mejilla y dándole un suave besito.
-La noche ya está llegando. – comentó él abrazando fuerte a Paula. – Mejor llamas a tus padres, porque seguro quedaran preocupados ¿no?
-No creo, a ellos poco les importa que hago o no.
-Mmmm, así que pase la lluvia te llevo a tu casa ¿Si? – le dijo. – Podemos pegar un bus aquí, porque si vamos caminando capaz la lluvia nos sorprende en el medio del camino ¿No crees?
-No Pepe, no quiero ir a mi casa, voy a un hotel por esta noche. – dijo ella poniéndose de pie. – La verdad he peleado con mis padres hoy, y quiero estar en paz, sin verlos por lo menos por esta noche. – él le sonrió.
-No creo que sea necesario que te vayas a un hotel. – le dijo. – Seguro puedes quedarte aquí, si no quieres ver a tus padres. La señora esa se ve muy gente buena y seguro te dejará pasar una noche aquí ¿no? – Pau solamente lo miraba. – Y si no, pues, puedes quedarte en mi casa, no es lujosa ni nada parecido, pero te juro que serás muy bien recibida. – ella le regaló una sonrisa lindísima y sus ojos brillaron con la propuesta. – No tienes porque gastar eh. – completó.
-Gracias Pepe. – ahora fue él que se levantó y se quedó tan cerca de ella que le faltaba el aire. – Yo sé que Victoria es una buena persona y que si le pido, me dejará quedarme aquí, y también sé que en tu casa me sentiría súper bien, pero no quiero molestar a nadie, mejor me voy a un hotel, a parte…
-No, no, jamás me molestaría tenerte en mi casa, jamás, te lo juro. – le dijo casi susurrando, Pau tragó saliva, por lo tan cerca que se encontraba Pepe. – Te juro que no soy ningún psicópata, ni criminoso, jamás haré algo que te lastime o que te sientas mal.
Pau sonrió y llevo sus manos hasta las mejillas de Pepe, para luego besarlo suavemente, un beso solo de labios, pero que los dejaron deseando aun más.
De tan gentil que era él, Paula  no podría negar, se veía en los ojos de Pedro que era el hombre más especial y caballeroso del mundo, estaba segura que él no le lastimaría nunca, no haría nada para que sufriera, en parte, jamás había tenido azar con los hombres, pues la única vez que se había enamorado, Carlos había sido más que gentil con ella y quizás podría pasar ahora lo mismo…
-¿Entonces, vamos? – ella asintió y lo abrazó fuerte.

Dulces Sueños: Capítulo 7

Eso hacia parte de su pasado y no era tiempo de explicarle que significaba aquel tatuaje, se metió en el baño y mientras se cambiaba se acordaba de lo que había pasado afuera, los besos de Pepe, el rozar de sus manos en su cintura, respiró hondo mirándose al espejo, oh, estaba horrible. El maquillaje que había llevado le sirvió para entrar en el cuerpo de Chocolate, hizo lo posible, tenía que parecer a la payasita del otro día, mismo que no estaría con una ropa adecuada, solo quería hacer sonreír a los niños.
Cuando salió del baño, Pedro la esperaba afuera, y Victoria había ido preparar la comida para las nenas, él le sonrió, estaba más que divina, más que bella y al mismo tiempo no sabía como conseguía quedarse tan tierna, tan inocente...
-Estás bellísima. – le dijo él y ella le sonrió.
-¿Que tal me quedo el vestido de Victoria? – le preguntó dándole una vuelta.
-Un poco largo y grande, pero sigues linda, como una verdadera princesa.
-No entiendo porque siempre me sonrojas. – le dijo acercándose a él.
-Yo tampoco entiendo, porque me encantas.
Él suspiró al tenerla a un paso, llevó sus manos hasta su mejilla para acariciarla, pero Paula la agarró antes que lo hiciera, y llevó la mano de Pepe hasta sus labios y la besó dulcemente, y a la misma vez, sensual.
El silencio inundaba el living, ni siquiera se escuchaba a las nenas del orfanato, los cuerpos de Pau y Pepe estaban de nuevo pegados uno al otro, y se miraban como si quisieran conocerse por los ojos, por las caricias y el rose de las manos en sus rostros, en sus labios. Ella acercó de nuevo su boca en la de él, pero se detuvo antes que pudiera besarlo.
-Me engañaste. – dijo él sonriendo, pero Paula le hizo un señal con la cabeza para que mirara hacia atras.
Si, ahí estaba una niña, con un sonriso magnifico que alegró completamente el corazón de Paula, se separó de Pedro y con pasos despacio se acercó a la chica.
-Hola Jessica ¿Cómo estás? – se agachó para estar a la altura de la nena. – Como te ves linda ¿Sabes que? Me encantaría tener una hija como tú, eres especial y divina. – la nena le sonrió y acarició el pelo de Pau con sus pequeñas manitas.
-Gra… gracias. – dijo con dificultad dejando a Paula sorprendida pero a la misma vez con un sonriso inexplicable de lindo.
Creo que desde que volvió a la ciudad, aun no había sentido tanta alegría como en aquel momento, cuando por fin Jessica había dejado salir de su boca algunas palabritas. Gritó  a todos para que viniera a verla hablando.
-No puedo creer que Jessica esté hablando. – dijo Victoria cuando llegó cerca a la nena. – Habla algo Jessy, por favor, te pide la tía.
-Creo que no es exigiendo que hablara. – explicó Pau.– Le tiene que salir espontáneamente, a parte, Jessica jamás tuvo problemas ¿no?
Pedro miraba a Paula tan dedicada, tan feliz y al mismo tiempo tan preocupada, no había conocido en toda su vida una mujer como ella, que le interesaba tanto los niños, él no decía nada, solamente la observaba abrazar y acariciar la nenita que sonreía para todos allí presentes.
-¿Que le dijiste para que te hablara? – preguntó Victoria.
-Le dije que me encantaría tener una hija como ella. – Pau al decirlo la miró con una sonrisa, era verdad, le encantaría que su… bueno tener una nena así de linda como Jessica.
-A mi… - empezó a hablar de nuevo, dejando todos de boca abierta y sonriendo. – A mi también me… me gustaría tener una mamá como tu.
Paula  tragó saliva al escuchar a la nena, y de inmediato se emocionó, jamás pensó escuchar eso de una nena. Las lágrimas de emoción le cayeron hasta los labios y la chiquita llevo sus manos hasta su mejilla limpiando mientras caían de sus ojos.
-No llores. – le dijo.
Victoria se levantó y se alejo, dejando las dos, mientras sonreía a Pepe que también estaba feliz por la nena volver a hablar, mismo no sabiendo de nada antes.
-Que lindas, me parece que mi Jessy encontrará una familia más pronto de lo que imaginaba. – dijo Victoria a Pedro– Paula es tan dulce con los niños que me hace quedar chinita. – le comentaba.
-Sí, es lo que más me encanta en ella. – dijo Pedro, sin dejar de mirar a Paula, como abrazaba a la nena y la besaba.
Toda la tarde estuvo ahí con ellas, haciendo payasadas con las niñas y hasta había maquillado a Pepe para que la ayudara a hacer sus tonterías, en parte Victoria estaba extremamente feliz porque ahora tenía ayuda de dos personas muy especial para cuidar a sus bebas y también para hacerlas feliz, pero otra parte la tenía preocupada, porque sabía que los padres de Paula no quedarían quietos al saber que ella había vuelvo a frecuentar el lado pobre de la ciudad.
-Candy ¿Pepe es tu novio? – preguntó una de las nenas y Paula no sabía que contestar, la verdad solo le sonrió y dejó para Pepe la pregunta.
-Amigos por ahora. – dijo él. – Pero quien sabe ustedes no me ayudarían a conquistarla ¿Puede ser? – las niñas gritaron.
-Chi, puedes regalarle flores y chocolates. – dijo Penélope.
-Candys también, porque es lo que más le gusta. – otra niña dijo desde atrás. – Tiene que ser blanquito así como ella.
Paula disfrutaba de las risas, de los consejos y hasta las payasadas de Pepe, jamás encontraría otro hombro como él, que también le encantaba todo aquello y la ayudaba en hacerles reír.
-Candy hizo a Jessy hablar ¿No es así Candy? – le preguntó María, otra nena encantadora.
-Jessy habló porque tenia ganas de hacerlo y también fue gentil, me dio las gracias. – Paula  la miró contenta, la niña había hablado unas cositas más, pero ahora seguía calladita, riendo solamente. - ¿No es cierto Jessy?
-Si. – todos la miraron.
-Bueno, que linda… Niñas ¿Qué tal si juguemos a cosquillas? – dijo Pepe. – La primera víctima sería… mmmm. – pensaba mientras miraba a Pau.
-No… no… - decía ella empezando a correr por la gran sala. – Nooo, por favor.
Las nenas corrían tras a Paula para hacerle cosquillas, solo se podía escuchar gritos y risos de felicidad, la verdad ella había sido el sol en la vida de todas allí, a partir de aquel momento… Todo cambiaria, completamente todo.
Cuando la tarde se había ido y el cielo había empezado a oscurecer, Paula junto sus cosas y puso en su bolsa, ya su ropa estaba seca y pudo ponersela de nuevo, pero sería difícil salir de allí, porque la lluvia aun seguía fuerte, o más que antes.
-Huy, me parece que no pasará. – dijo Pepe. – Y empieza a oscurecer.
-Sí es verdad, pero es época, me acuerdo bien que venía acá y estaba todo el día porque la lluvia no me dejaba ir. – ella suspiró. – Y aun sigue igual.
-Sí, ya se te extrañaba mucho acá Pau. – dijo Victoria le guiñando un ojo y sonriendo. – Las cosas en el orfanato cambiaron muchísimo.
-Jaja, si es verdad, hay pocas niñas y ni siquiera un varoncito.

Dulces Sueños: Capítulo 6

Jamás pensó que pudiera ser él de nuevo… Encontrarlo le hizo sonreír, la hizo feliz, como si todos los recuerdos que tenían en aquel momento borrasen. Creo que él estaba quedando de poquito en su corazón y en su mente.
Cuando los ojos de Paula y Pedro se encontraron, la única reacción que tuvo fue agacharse hasta ella y verle bien lo que le pasaba, sus ojos que siempre habían brillado como diamantes estaban en aquel momento apagados, sin brillo y completamente tristes.
Él no supo que decir, ni sabía como reaccionar, entonces dejó que su corazón hiciera todo, sus manos acariciaron el rostro de Pau, helado y mojado por la lluvia que ahora había amenizado, sus dedos calientes provocaron en ella cierta confusión, él acercó sus labios en su mejilla para darle un beso, pero no aguanto y bajó su boca un poco más hasta tocar sus labios en el suyo, besándola tiernamente.
Paula por un momento quedó asustada por la acción de Pepe, pero poco a poco le empezó a gustar y a disfrutar, llevo sus manos hasta el cuello de él y se levantaron aun con los labios unidos. Quizás ese era el mejor remedio para los dolores de Pau, amar y dejar ser amada. Cuando se dió cuenta de lo que de verdad estaba pasando, ella dejo de besarlo y lo miro a los ojos regalándole una sonrisa.
-Estás completamente fría y mojada. – le dijo Pepe acariciándole el pelo. – Pero linda.
Ella no dijo nada, simplemente tomó la iniciativa de besarlo de nuevo, ahora algo más intenso, entrelazando sus dedos en el pelo de Pepe y él jalándola por la cintura. Era como si lo conociera de hace mucho tiempo y él a ella, cuando por fin le faltó el aliento, dejó sus labios ricos y lo abrazó con fuerza, con tanta fuerza como si tuviera miedo de perderlo.
-¿Porque tan triste? – preguntó él aun con ella abrazada. – No te imaginas como me dolió verte así.
-No sé que pasó, pero amanecí un poco bajoneada. – dijo con voz de bebé. – Abrázame, por favor, abrázame muy fuerte.
Cuando se abrazaron de nuevo la lluvia empezó a caerse de nuevo, uniéndose aun más, pero en eso Pepe tocó el timbre del orfanato, porque Paula temblaba de frió y necesitaba un lugar calentito.
Tardó un poco, hasta que las puertas abrieron, y Victoria les recibió con una sonrisa muy linda en la cara, agradecida, porque mismo con la lluvia ella había ido, eso haría muy feliz a sus chiquitas.
-Oh, Dios mío, estás toda mojada Pau. – dijo Victoria ayudándola a sentar en el sofá de la gran sala del orfanato, mientras Pepe las seguían. – Te traigo algo caliente para tomar ¿Si? – Pau asintió. – No, mejor primero pongas algo calentito sino te pondrás enferma. – y se retiro para buscar algo caliente a Pau.
-¿Como te sientes? – preguntó Pepe, agachándose para mirarla bien.
-Mejor. – ella le sonrió. – Me ayudaste de nuevo, muchas gracias.
-No, no te ayudé… tu me ayudaste. – le dijo con cariño y a la misma vez poniendo un mechón de su pelo tras la oreja. – Eres una muñequita, tan frágil, tan linda, tan dulce, la verdad que siento una gran ternura cuando te veo y por eso quiero protegerte.
Paula no sabía que decir, se sonrojó con las palabras de Pedro pero no dejó de mirarlo, y para colmo ella se sentía muy protegida a su lado, muy bien y a gusto, eso porque apenas lo conocía, pero para el amor no había tiempo, tampoco edad…
-Espero que esta ropa te sirva, ya sé que te quedará grande, pero mejor que la que estás. – entró Victoria con ropas en la mano y una manta calentita.
-Gracias Victoria. – se levantó para ir al baño poner la ropa. – Muchas gracias, la verdad no sé que haría si no fuera por ustedes dos. – su mirada pasó por Pepe que también se levantó y luego por Victoria, en eso quitó su camisa que tenía arriba de la remera dejándolo caerse en el suelo.
Pepe lo recorrió y le devolvió, ahora mirando a su cuerpo encantador, la silueta de Paula que por la ropa mojada dejaba más a desear, la forma de su cintura, de sus caderas, de sus senos, eran como las de una princesa… Sus ojos se detuvieron en una marca que tenía en el brazo, bueno, una marca hecha por tinturas.
-¿Es un tatuaje? – preguntó él al darle la camisa.
-Sí. – dijo ella desviando sus ojos por el pasillo y se fue para poner una ropa limpia y calentita.

domingo, 11 de octubre de 2015

Dulces Sueños: Capítulo 5

-Ya Paula, jamás lo volverás a ver, jamás ¿Me entendiste? – le gritó su padre, mientras Pau estaba acostada en la cama de boca para abajo llorando desesperadamente. – Si lo vuelvas a ver, te arrepentirás por toda tu vida niña.
Él se acercó a su cama y golpeó la madera asustándola, su padre la había cachado una y otra vez besando a un chico, y ya la había divertido varias veces que no la quería verla más con él, tenía sus motivos, pero jamás diría a ella.
-¿Que no entendiste? – su padre la volteó bruscamente en la cama, para mirarlo. – Jamás Paula, y mírame a los ojos cuando te estoy hablando.
Ella lo miró y no le conmovió ni siquiera un poquito, sus ojos hinchados y rojos de tanto llorar y su mejilla con las marcas de sus dedos gruesos y pesados.
-Si papá.
-Bien, espero que aprendas.
******
Paula caminaba tan despacio, que aun ni siquiera había salido del barrió, sus manos apoyaban el muro de las casas, sus piernas temblaban y le dolían horrores los muchos recuerdos que tenían.
****
-No, no lo puedo creer. – sus ojos estaban llenos de lagrimas mientras miraba con atención a la tele.
"… las tres personas que estaban en el auto fueron atendidas inmediatamente, pero infelizmente no llegaron vivas al hospital…"
continuación...
Sus padres la miraron con atención, viéndola llorar, por un minuto Paula vió que sentían pena de ella, salió corriendo para su habitación, había renunciado al amor, y una semana antes había terminado con él por culpa de su padre y le dolió tanto porque pensaba que él la odiaba por eso.
-Dios, ni siquiera pude estar con él… hacerlo feliz. – podía ser un engaño…
Pero no era, de verdad había sido un accidente horrible y las personas que estaban ahí habían muerto, y para colmo, el amor de su vida estaba entre ellos y jamás pudo despedirse de él, ni siquiera pedirle perdón. Paula respiró hondo, pero no se dio el trabajo de limpiar las lágrimas que le caían, la lluvia estaba yéndose y un rayito de sol estaba iluminándola por donde pasaba.
Allí donde estaba ahora, había encontrado al chico lindo del otro día, su imagen vino a su mente de inmediato, por un momento borrando sus recuerdos dolorosos y haciéndola sonreír, como le gustaría encontrarlo ahora. Siguió caminando y así otra vez volvió a acordarse, pero de una noche en especial.
*****
-Tenemos que llevarla al hospital, no podemos tenerla en casa ahora. – dijo una señora a su padre.
 – La nena es muy joven y está flaca, tengo miedo que ocurra algo y no podre hacer nada.
-No podemos llevarla ahora. – lo dijo firmemente.
-Señor, si estuviera en mis manos te ayudaría con todo gusto ¿Pero no ves que puedes lastimarla? ¿Puede causarle la muerte?
-No pasará nada.
-Ay, me duele mucho. – reclamó Pau, acostada en la cama, completamente mojada de sudor. – Ah, por favor, ayúdenme.
La señora se acercó a ella y limpio su frente, poniendo un pañuelo mojado ahí, Pau la miraba pidiendo ayuda, pero ella ya no podía hacer nada, solamente estar a su lado para lo que viniera.
-A cada minuto su fiebre aumenta más.
-Ahhhh. – gritó Pau. – Ahhhh.
-Serás fuerte niña, piensas en la otra vida que llevas, no en tí… fuerza. – le daba fuerza con sus palabras ya que su padre no quería hacer nada para ayudarla.
*****

Paula con mucho esfuerzo llegó al orfanato, pero cuando vió el portón negro que cerraba el lugar, su corazón sangro por dentro, por todas las nenas que ahí se encontraba, por cada historia ¿Qué les había pasado? ¿Será que había allí algún caso que era semejante al de ella? ¿Será que…? No, esperaba que no…
Respiró hondo y se recostó en la pared, cayéndose de a poco al suelo, llorando como una niña abandonada, la verdad lo era, jamás sus padres le habían demostrado amor, jamás.
-¿Pau? – una voz suave y dulce pudo escuchar, la mirada caliente le quemó el cuerpo y cuando alzó la mirada, su corazón latió desesperadamente…

Dulces Sueños: Capítulo 4

La lluvia siempre la deprimía, y más ahora que estaba de nuevo en este país, tantos recuerdos le vinieron a la mente a la noche, que no pudo contenerse, las lagrimas salieron sin cesar de sus ojos.
El agua caliente de la regadera caía sobre el cuerpo escultural de Paula, que acariciaba su piel suavemente, sus ojos hinchados de tanto llorar, mientras que afuera parecía caerse el cielo, sus lagrimas mezclaban con el agua que salía de la ducha, esperaba que por lo menos las niñas del orfanato la podían hacer feliz en aquel día deprimente.
Salió del baño, buscando sus ropas, que aun seguían en la maleta, no tenía ganas de ponerlas en el ropero y la verdad ni sabia bien si quedaría ahí por mucho tiempo.
-Mm ¿Qué me pongo? ¿La azul o la violeta? – se pregunto a ella misma mirando las remeras que había puesto arriba de la cama. – Mejor la violeta, así puedo ponerme el maquillaje rosa.
A parte de todos los sufrimientos, las lagrimas y hasta el dolor, había algo en Paula que era envidioso y una de sus mejores cualidad, el corazón de niña que jamás había crecido, podía ser una mujer, dueña de un cuerpo hermosa, de una cara lindísima, pero siempre, siempre seguiría siendo una nena de diez años. Después de vestida más parecía una princesa, puso en su bolsa el maquillaje y algunas otras cositas que necesitaría cuando llegara al orfanato.
Bajó las escaleras despacio, se escuchaba desde arriba sus padres conversando en la mesa mientras desayunaban, ni siquiera había llegado abajo cuando…
-¿Ya te levantaste mi amor? – le preguntó su padre levantándose de la mesa.
-Si, tengo que salir… - le sonrió. - ¿Me podrías prestar algún coche?
-Claro mi vida, el que quieras. – él le dio un besito en la mejilla.
-Gracias papá, quería caminar un poco, pero… pero llueve fuerte.
-Me dijo tu madre que volviste al orfanato… Hija, no quiero que te mortifiques por algo que pasó hace años.
-Solo quiero ayudarlos papá.
-¿Y quien te ayudará a tí? – le preguntó su madre.
-Nadie, porque los únicos que me podían ayudar hace mucho no lo hicieron y con eso aprendí a ayudarme sola. – fue un poco fría con su mamá, pero lo merecía.
-Pau, piénsalo bien, mejor vamos a la oficina y te presento a unos empresarios hija, creo que te sentirás mejor. – su padre le hablaba dulce y cariñosamente. – No quiero verte sufrir otra vez.
-Jaja ¿Sabes pá? Es que me cuesta creer que sean tan hipócritas, Dios… Fueron ustedes que me hicieron sufrir, y siguen como si hubiera sido yo la única culpable. – les dijo con ganas de llorar, pero trago saliva y apretó bien sus ojos, no haría eso frente a sus padres. – Ya no soy la de antes, ahora no me pueden engañar.
-Jamás te engañamos Paula. – se acercó más su padre. – Solo hicimos lo que pensamos ser mejor para tí, nada más.
-¿Eso era lo que pensaban? ¿Y no les importaba lo que pensaba yo?
-Paula, ¿No ves que fue la mejor decisión a ser tomada? Si no hubiéramos entregado, no serías esa mujer que eres hoy, hija, tienes que ver lo bien que hicimos, mírate, tienes un diploma, una profesión y pronto podrás trabajar conmigo en la empresa. – le decía.
Paula respiró hondo para no decir cosas que no quería, para no se sentir peor de lo que se sentía.
-Quizás tengas razón papá, porque si no fuera por esto, no sería esa mujer tan sufrida, con tantos problemas, con tantas cicatrices en el corazón, con dolor en el alma, en la vida, que no tiene una noche de paz por pensar en donde puede estar, en como esta, en como es, y si de verdad es feliz. – dejo una lagrima caerse. – Quizás papá, quizás así yo estaría viva hoy.
Esa fue su ultima palabra y se retiró de la casa corriendo, sus padres se miraron con los ojos tristes, pero igual, jamás cambiarían de opinión, para ellos habían hecho lo correcto y algún día Pau los iba a agradecer.
Antes que pudiera llegar en la calle, ya estaba completamente mojada, ni siquiera había ido por el auto en el garaje, ya no quería nada que viniera de sus padres, mejor en la lluvia… sola y podía pensar mientras caminaba. Su maquillaje se borró completamente y como un rayo los recuerdos de aquella época le vino a la mente.

Dulces Sueños: Capítulo 3

-Huy, perdón, me olvide de presentarme jaja. Me llamó Paula ¿Y tú? – ella se acercó más a él, como si quisiera tomarlo de la mano y caminar juntos, pero obvio, apenas lo conocía y no haría esto.
-Pepe, así me dicen. – le sonrió.
-Que lindo, pero así como estoy ahorita, jaja, de payasita, me dicen Candy. – le devolvió la sonrisa.
-Candy, que interesante… Te juro que pensé en todos los nombres, menos Candy.
De nuevo empezaron a caminar, rumbo a la avenida que luego daría al barrio de Pau, ni siquiera estaban viendo el tiempo pasar, la plática estaba más que buena, cualquiera podía jurar que se conocían uno al otro.
-Bueno Pepe, gracias por acompañarme hasta aquí, pero tengo que correr ahora, se me hace tarde. – le dijo borrando su sonrisa. – Me encantó conocerte, de verdad, eres una linda persona.
-Gracias, tu más. – le dio un besito suave en su mejilla. - ¿De verdad no quieres que te acompañe a tu casa?
-No te preocupes, estaré bien. – suspiró.
-Ok, todo bien. Cuídate mucho Candy. – le sonrió.
-Sí, tu también. – Pau se volteó  y empezó a caminar con una felicidad que no le cabía en el corazón.
-¿Pau? – le gritó desde lejos ya y ella se volteó para verlo. - ¿Dónde te puedo ver de nuevo? – Obvio quería encontrarla de nuevo y si pudiera todos los días y no sabía porque de estas ganas.
-En el orfanato. – gritó ella y le aventó un beso.
Salió corriendo como una niña, su vestido de color rosa parecía bailar mientras ella corría, le quedaba divino como todo. Cuando ya no podía verla más él suspiró con las manos en el bolso del jeans y volvió a su camino. El sol ya había metido y la luna empezaba a nacer… Sería una noche larga, hasta el otro día para que pudiera volver a verla.

Paula siguió corriendo hasta su casa, ya había oscurecido cuando llegó, le abrieron el portón en tan solo poner el pie en el terreno, toda vez que entraba allí sentía como un gran apretó en su corazón, por más que aquella fuera su casa, se sentía mil veces mejor en otra parte.
-Ya me tenía preocupada Paula. – dijo su mamá bajando la enorme escalera cuando la vio entrar por la puerta. – Saliste temprano y ¿Qué haces vestida así? – la miró y maneó la cabeza, su hija era un asco, una mujer que más parecía a una chica de calle.
-¿Así como mamá? – le preguntó ella sacando de su bolso un caramelo de fresa y poniéndolo en la boca. - ¿Cómo payasa?
-¿Fue eso que te enseñaron en Milán? – se acercó a ella con furia.
Paula había llegado justo aquel día de viaje, hacia como cinco años que no volvía a su país, pero en vez de descansar prefirió visitar el orfanato que tenía en la ciudad, donde iba siempre cuando era chica a jugar con los niños. Conocía todas las casas de nenes de aquella ciudad, desde las más pobres a las más ricas, y había seguido cada una de ellas desde Milán, por internet y ahora que había vuelto lo único que quería era ayudar a la que su amiga Victoria cuidaba.
-También mamá, en Milán me enseñaron que la vida no es solo trabajo y que necesitamos momentos de paz, de alegrías y eso lo que quiero proporcionar a mí en este instante. – le dijo mirándola a los ojos.
-¿O sea que volver al pasado y estar metida con esos niños te da paz? – respiró hondo. – Hija, sabes mejor que yo que todo esto te lastima y te hizo sufrir hace unos años, que ahí encontraste lo que no deberías ¿Quieres que todo vuelva a repetir?
-Si, pero ahora no sería tan estúpida como lo fui antes.
Sus ojos se llenaron de lágrimas y dejo su madre hablando sola, subió las escaleras rápidamente hasta su habitación, cerrando la puerta de golpe, se acostó en la cama abrazando la almohada.
Ya nada era como antes, hasta su cuarto, que era todo violeta, lleno de muñecas, con aire de niña, ahora era todo en grises, con decoraciones horribles bañadas a oro, las muñecas habían desaparecido, la alfombra rosa de ositos ya no estaba allí, tampoco sus ositos que antes daban un aire infantil. Secó las lágrimas, no había motivo para llorar, había sido un día maravilloso y encantador… Estaba feliz y era eso que contaba. Ya nada ni nadie la haría infeliz de nuevo.