miércoles, 11 de marzo de 2015

Una Cita con el Amor: Capítulo 85

– No, no, no, eso no lo haré.
– Anda, será divertido.
– Pedro, además de tu familia, hay quien sabe cuántas personas trabajando.
– Pero no tienen porque venir aquí, además supongo que ya se irán a dormir.
– Eso es lo que tú y yo deberíamos de hacer también.
– Pero, después de nadar, anda corazón, sólo un ratito, te aseguro que nadie se enterará, seguro que todos deben estar haciendo lo mismo que tú y yo.
– ¡Pedro!, ¿no tienes respeto por tu familia?
– Claro que lo tengo, pero eso no me impide ver la realidad, Pau, ¿de dónde crees que salimos mis hermanos y yo?, ¿por qué crees que Rosa está embarazada?
– No pongas esas imágenes en mi cabeza, por favor.
– No te asustes corazón, desde niño me enseñaron a ver el sexo de lo más natural, tal cual es, una función del cuerpo y no tiene nada de malo hacerlo, al contrario, así que vamos a la piscina.
– Pero, ¿cómo vamos a atravesar la casa todos mojados para llegar a la habitación?
– No te preocupes por eso, ¿ves este mueble? – dijo y se paró frente a uno pequeño que no había visto – aquí se guardan las toallas – explicó en tanto abría la puertita y sacaba dos – ¿lo ves?, asunto arreglado.
– Que loco estás – exclamé sonriendo y moviendo la cabeza.
– Ya sabes bien la razón de mi locura – respondió y se quitó toda la ropa
– ¿te ayudo?
– No, gracias, yo puedo sola – dije y me despojé también de toda mi ropa.
Pedro se aventó un clavado casi perfecto mientras que yo caminé a la escalera para bajar, sintiendo como el viento acariciaba mi cuerpo y erizaba mi piel. Cuando entré a la piscina Pedro  me recibió, el agua estaba un poco fría y me sugirió que diéramos algunas vueltas para acostumbrarnos a la temperatura. Acepté, pero le dije que no era muy buena nadadora y me respondió que no era una competencia, así que nos sumergimos y nadamos hasta el otro extremo y de regreso. Pedro llegó primero y me esperó, me echó agua al llegar y yo le devolví la maniobra, estuvimos jugando un rato hasta que me di por vencida y volvimos a nadar al otro lado y otra vez de regreso.
En esta ocasión, Pedro me tendió sus brazos, le tomé las manos y me acerqué a él, puso mis manos alrededor de su cuello y bajó las de él a mi espalda, nos fundimos en un apasionado beso por varios minutos hasta que Pedro lo rompió para deslizar sus labios a mi cuello en tanto acariciaba uno de mis senos por debajo del agua, lo cual producía una reacción más excitante así que deslicé mi mano por su torso hasta llegar a su sexo que empecé a acariciar y sentí como respondía en mi mano.
Volvimos a besarnos y después él me recargó en la esquina de la piscina, con una mano me sostuve del barandal de la escalera y lo rodeé con mis piernas por su cintura y él entro en mí al igual que un poco de agua que hizo más placentera la sensación. Puso una de sus manos también en el barandal y comenzó a moverse exquisitamente mientras me miraba con esa sonrisa retorcida que adoraba.
Yo trataba de gemir lo más bajo que se pudiera, pero a veces no podía reprimirme por lo intensa que era la sensación de su cuerpo y el agua chocando contra el mío. No dejábamos de mirarnos, nos lamíamos los labios y exhalábamos en nuestras bocas, sentí que perdí el control de mi cuerpo cuando ambos llegamos al clímax y Pedro me mordió el labio inferior.
– Te amo Pau – dijo mirándome fijamente todavía en mi interior.
– Yo también te amo Pedro, con todo mi corazón.
Volvimos a besarnos y después nos abrazamos y salió de mí. Nos quedamos abrazados hasta que nuestras respiraciones volvieron a su curso normal y después salimos de la piscina, temblando de frío. Pedro me cubrió de inmediato con la toalla y después él se puso una también, nos secamos, tomamos nuestra ropa y entramos a la casa. Subimos las escaleras y al llegar arriba nos encontramos a Federico que venía caminando por el pasillo y quise que la tierra me tragara.
– Ah que muchachitos – exclamó Federico con una amplia sonrisa.
– ¿Y tú adónde vas a esta hora? – preguntó Pedro para desviar el tema mientras yo me ponía detrás de él para tratar de cubrirme.
– Rosa tiene antojo de limones así que voy a la cocina por unos… aunque me doy cuenta que no es la única con antojos en esta casa – dijo de lo más divertido.
– Buenas noches, Federico– respondió Pedro ignorando el comentario.
– Buenas noches jóvenes, no se desvelen mucho que mañana desayunamos temprano y no quiero que se estén durmiendo en la boda.
– Espero que a ti te deje dormir Rosa o serás tú el que se esté durmiendo.
– De ningún modo, yo soy fuerte, descansan, ¿eh?, recuerden que mi habitación está pegada a la suya y me daré cuenta si están dormidos o no.

martes, 10 de marzo de 2015

Una Cita con el Amor: Capítulo 84

Su mano acariciaba mi muslo hasta que llegó a la ingle y en automático abrí las piernas, él comenzó a frotar mi sexo encima de la ropa interior excitándome lo suficiente para querer sentirlo ya dentro de mí, así que me levanté y me senté sobre él con mis piernas a sus costados. Besó la base de mis senos que sobresalían del vestido en tanto nuestros sexos se rozaban.
Me pidió que me levantara y eso hice, me cargó y me colocó sobre el piano, subió mi vestido y después me quitó la ropa interior, hundió su cabeza entre mis piernas y comenzó a recorrer mi parte más íntima con su lengua, empecé a jadear mientras me sostenía de mis antebrazos con la cabeza hacia atrás.
Mis jadeos parecían impulsarlo a seguir recorriéndome, pues lo hacía sin cesar aumentando y disminuyendo la velocidad de sus movimientos, tratando de que su lengua tocara lo más profundo de mi ser que se pudiera, yo tenía abierta la boca y me lamía los labios sintiendo como mi cuerpo ardía por sus húmedos besos que seguía proporcionándome en cada rincón. No pude evitar soltar un gritito cuando a la par de su lengua sentí que me introducía un dedo y luego lo sacaba y volvía a meterlo en un acompasado ritmo que me estaba enloqueciendo hasta que sentí alcanzar al éxtasis y me mordí un dedo para no gritar.
Me ayudó a bajar del piano, mis piernas me temblaban y me besó apasionadamente en tanto su mano bajaba el cierre del vestido y me lo quitaba por completo. Desabroché su camisa y se la quité, volvimos a besarnos mientras nuestros pechos se unían y el recorría mi columna vertebral con las yemas de sus dedos hasta llegar a mis nalgas que acarició.
 – ¿Y quién dijo que forzosamente se necesita traje de baño para nadar? – exclamó sonriéndome con esa típica osadía en su rostro.
Se desabrochó el pantalón y se lo quitó mientras yo lamía uno de sus pezones y el otro lo acariciaba. Cuando estuvimos desnudos nos recorrimos con la mirada, en ambos cuerpos se notaba la excitación, mis pezones estaban firmes al igual que su miembro, de pronto fijo sus ojos en el lado izquierdo de mi abdomen y pasó dos dedos por el pequeño parche adherido a mi piel y me regaló una sonrisa de complicidad, pues sabía que con eso no era tan necesario usar un preservativo.
Me pidió que me hincara en el banquillo y después me hizo apoyar las manos en el mismo, él se coloco detrás y entró en mí de un tirón, sentí como mi cuerpo se contrajo hacia él y me tomó de las caderas para iniciar con su delicioso vaivén. Después, una de sus manos la subió por mi contorno hasta llegar a uno de mis senos que estuvo acariciando en tanto continuaba con sus certeros movimientos que me fascinaban cada vez más. Posteriormente, se aferró a mis caderas moviéndose a mayor velocidad hasta que sentí su orgasmo dentro de mí acompañado de un gruñido que me hizo llegar a mí también. Se quedó unos instantes sin moverse, aún dentro de mí, exhaló fuertemente y después se separó y me ayudó a ponerme de pie y me abrazó efusivamente.
– La noche apenas empieza corazón y juro que no te daré tregua – dijo en voz baja.
Nos vestimos y salimos del salón tomados de la mano, le pedí que me mostrara la casa e iniciamos con el recorrido por la enorme cocina que estaba a un lado del salón, después seguía el comedor, la sala, bajamos unas escaleras y llegamos a la piscina que era iluminada por la luz de la luna llena que brillaba en lo alto del cielo.

– ¿Qué te parecería nadar un poco? – sugirió abrazándome.
– Suena bien, pero tendríamos que subir a ponernos el traje de baño.
¿Y quién dijo que forzosamente se necesita traje de baño para nadar? – exclamó sonriéndome con esa típica osadía en su rostro.

Una Cita con el Amor: Capítulo 83

– Esta canción es dedicada a los novios, espero que les guste, creo que refleja lo que siente cada uno por el otro – empezó a tocar y en la nota precisa comenzó a cantar.
Junto a ti no conozco el miedo
No hay camino que yo no pueda andar
Junto a tí
Junto a tí es tanto lo que siento
Que mi pecho está a punto de estallar
Junto a tí
Y es tan lógico que mi corazón
No me pide ninguna explicación

Me indicó mi entrada

Junto a tí yo me siento libre
Sé que puedo crecer cada vez más
Junto a tí
Junto a tí nada es imposible
Porque todo se ve con claridad
Junto a tí
Y es tan lógico que mi corazón
No me pide ninguna explicación

Ambos:

Este amor es tan real
Como ver y respirar
Y nos hace fuertes
Más allá de toda la gente
Y del qué dirán
Este amor es tan real
Como el agua y como el mar
Y nos da respuestas
Sin dudar a cada pregunta
Con seguridad

Yo:
Junto a tí no conozco el miedo

Pedro:

Porque todo se ve con

Ambos:

Cla–ri– dad.

Fuimos acercándonos mientras cantábamos y al terminar estábamos tan juntos que nuestras narices se rozaban, me olvidé de todo, sólo estaba concentrada en la letra de la canción y en su mirada fija en la mía, creo que hasta me había olvidado de respirar.
 – Junto a tí quiero estar el resto de mi vida – musitó Pedro en mi oído– soy capaz de cruzar el Atlántico nadando sólo para llegar a ti, estoy profunda y totalmente enamorado de tí, Paula Chaves– añadió y me quedé sin habla.
Los aplausos fueron los que me devolvieron a la realidad y sonreí recordando donde y con quienes estábamos. Pedro me dio un dulce beso en los labios ante el grito de todos los presentes y nos levantamos y regresamos a la mesa.
Nos felicitaron por la canción, Luciana estaba sumamente emocionada y nos abrazó agradeciéndonos el momento, yo estaba en shock por las palabras de Pedro, no me las esperaba. Estuvimos platicando un rato más y Ana nos dijo que a la mañana siguiente nos esperaban a las 9:30 para desayunar. Poco a poco se fueron yendo todos hasta que nos quedamos solos Pedro y yo.
Me tomó de la mano y caminamos al piano, nos sentamos en el largo banquillo. Empezó a tocar una dulce y sensual melodía mientras yo lo miraba, al terminar me besó humedeciendo primero mis labios hasta que su lengua alcanzó la mía y se unieron en una sincronía perfecta de movimientos, en tanto su mano subía por mi costado levantando un poco el vestido para luego posarse en uno de mis senos que acarició al tiempo que su lengua recorría mi cuello. Cerré los ojos sintiendo como mi pulso y mi respiración se elevaban.
– Pedro, alguien puede vernos – dije al sentir su mano en mi entrepierna.
– Eso tiene solución.
Se levantó y puso el seguro en ambas puertas y corrió las cortinas del lado que daba a la terraza. Volvió a sentarse a mi lado con sus piernas a los costados del banquillo me rodeó por la cintura y comenzó a besar mi hombro.
– Pedro, estamos en tu casa y tu familia también.
– Tranquila, nadie se dará cuenta te lo aseguro, pronto estarán dormidos.
– Mejor vamos a la recámara.
– Después iremos, te dije que esta noche no dormirías – susurró en mi oído mientras con la punta de su lengua recorría mi oreja.

lunes, 9 de marzo de 2015

Una Cita con el Amor: Capítulo 82

Me dí una rápida ducha y salí envuelta en una toalla, Pedro traía puesto solo su bóxer y me miró pícaramente, pero yo moví negativamente la cabeza, él cambió su mirada a súplica y yo miré hacia el techo, pero aún así me abrazó.
– Pedro, basta, por favor – dije mientras me besaba el cuello – tenemos que estar listos en 35 minutos, repliqué mientras mi temperatura se elevaba.
– Es suficiente tiempo, podemos hacerlo rápido como en el avión – respondió metiendo su mano por debajo de la toalla para masajear mi nalga.
– No, tengo que arreglarme bien, quiero verme linda – refuté quitando su mano.
– Pau, ya eres linda, no necesitas hacerte mucho – dijo acariciando mi mejilla – corazón, por favor, un mes de abstinencia fue mucho tiempo, estoy muy ansioso por ti.
– Yo también Pedro, pero no podemos dejar que el fuego nos nuble la razón, no podemos hacer esperar a tu familia, además, recuerda que dormiremos juntos.
– Corrección Pau, compartiremos la cama, pero ni creas que te voy a dejar dormir y menos si me dejas con las ganas ahorita.
– Está bien, no dormiremos en la noche, pero ahora tenemos un compromiso que cumplir, por favor, piensa en Luciana… además, ¿no vamos a ensayar la canción?
– Está bien, sólo porque cantarás conmigo me meteré a duchar en este instante.
– Y de preferencia con agua helada.
– Que cruel eres conmigo, pero en la noche me desquitaré.
Moví la cabeza sonriendo mientras sacaba mi ropa de la maleta, me puse la interior y encima un sencillo vestido beige de tirantes que me llegaba a la rodilla, unas sandalias del mismo color y después cepillé mi cabello, empezaba a maquillarme cuando Pedro salió del baño y se me quedó viendo.
– ¿Qué?, ¿hoy tampoco podía usar un vestido de este color?
– No es eso, levántate por favor – dijo extendiéndome sus manos, yo las tomé y me levanté mirándolo extrañada, me hizo darme una vuelta – wow, te ves hermosa.
– Pero, aún no me maquillo.
– No lo necesitas, ya eres hermosa.
– Adulador.
– Encantadora.
– Ya date prisa, anda.
Me dió un beso en los labios y empezó a vestirse mientras me explicaba las instrucciones para la canción. Yo estaba muy nerviosa por eso, no sé cómo pude aceptar, empecé a hacer respiraciones con los ojos cerrados y Pedro me abrazó por la cintura y me aseguró que todo saldría bien, abrí los ojos y fue mi turno de asombrarme, Pedro se veía bellísimo, con un pantalón y una camisa blancos que hacían resaltar sus hermosos ojos color topacio, notó la expresión en mi rostro y me sonrió para luego darme un pequeño beso en los labios, entrelazó mi mano y bajamos.
Atravesamos un gran salón en el que había varias personas corriendo de un lado a otro arreglando unas mesas y unas sillas, salimos a la enorme terraza que ya estaba prácticamente lista para la boda, había un pasillo en medio de una cantidad considerable de sillas y una chica le estaba dando unas indicaciones a Luciana, supuse que era la organizadora. Había otras parejas además de la familia y cuando Luciana se desocupó me los presento, eran la madrina, las damas y sus respectivos novios, así como los papás de Gastón y Rosa. El sacerdote llegó y nos acomodamos en nuestros lugares para ver el ensayo que dio inicio, tanto Luciana como Gastón traían ropa de color durazno. Sus votos fueron muy conmovedores y en cuanto terminó pasamos al salón.
Sólo había dos mesas preparadas y en ese momento me invadieron los nervios y me mordí el labio inferior. En una nos sentamos la familia y en la otra las amigas de Luciana, y nos sirvieron la cena.  Federico estuvo bromeando casi todo el tiempo y acariciando las mejillas de Rosa que sólo se reía por las ocurrencias de su marido. Luciana y Gastón derramaban miel y casi podría estar segura que no sabían de qué estábamos hablando. Horacio y Ana estaban sonrientes mirando felices a sus hijos y yo entré en pánico cuando sentí la mano de Pedro recorrer mi muslo por debajo de la mesa y lo miré casi fulminándolo, en cambio, él me sonrió mientras me apretaba suavemente el muslo casi a la altura de la ingle y lo miré aún más seria, pero contrariamente a lo que quería lograr, él estaba de lo más divertido deslizando su mano por mi pierna hasta que afortunadamente la madrina dijo que era el turno de que hablara el padrino y entonces Pedro tuvo que ponerse de pie, levantó la mano y en ese momento entraron cuatro personas con un piano.

– Bueno, como la verdad no soy muy bueno para los discursos y como sólo tengo el oficial, hoy haré algo diferente – anunció y fue a sentarse frente al piano y probó el micrófono – pero, para esto necesito la ayuda de la señorita Paula Chaves, mi hermosa novia, por cierto, un aplauso, por favor.

Yo sentí que me ardían las mejillas por el intenso rubor que había en ellas mientras todos los presentes aplaudían y yo me ponía de pie mucho más nerviosa que en un principio y camine hacia él que me esperaba con una gran sonrisa, me senté a su lado y puso la hoja con la letra de la canción sobre el piano.

Una Cita con el Amor: Capítulo 81

– Gracias por el recibimiento – dije abrazándolo todavía.
– No tienes nada que agradecer, eres la novia de Pedro y es lo menos que podemos hacer para agradecerte que estés aquí en un evento tan especial para la familia.
– Al contrario, gracias por la invitación.
– No tienes nada que agradecer Pau, yo quería que estuvieras aquí y eso que aún no andabas con mi hermano, pero tuve un presentimiento y no me equivoqué – dijo Luciana y después soltó una risita traviesa.
Rosa se acercó y me saludó de beso en la mejilla al igual que Gastón, que lo hizo después que ella y luego tomó a Luciana de la mano. Federico abrazó a Rosa y la miró como pidiéndole permiso para hablar y ella le sonrió asintiendo.
– Pues ya que está toda la familia completa, mi esposa y yo tenemos que hacerles un anuncio – exclamó de lo más feliz y le dio un beso en los labios – diles, mi amor.
– Bueno, el lunes pasado fui al médico y me confirmó mis sospechas, estoy embarazada, tengo ocho semanas – anunció y Federico puso su mano sobre su vientre.
– ¡Felicidades!, hasta que le atinaste hermano, ya tres años de casados y sin bebés, estaba empezando a creer que te habían dado un golpe mortal en el americano – exclamó Pedro y lo abrazó.
– Es que quisimos prolongar la luna de miel y además estuvimos practicando mucho para que nuestro primer hijo saliera perfecto.
– Entonces se parecerá a Rosa porque tú de perfecto no tienes nada.
– ¡Envidioso!, yo también espero que tus hijos se parezcan a Pau.
– Creo que es un poco apresurado hablar de hijos Federico, apenas iniciamos nuestra relación – dije sonrojada ante tal idea.
– Cierto, todavía te puedes arrepentir de compartir tu vida con este hombre.
– Chicos, ya estuvo bueno de sus comentarios, harán que de verdad Pau se arrepienta, pero de haber venido – los regañó Horacio, pero ellos sólo se rieron.
Yo estaba más que sorprendida por la calidez de la familia, jamás me imaginé el recibimiento que me darían ni mucho menos la forma en que se llevaban entre ellos, se notaba la unión y el amor que se tenían. Luciana dió saltitos de alegría y los abrazó efusiva, Federico hasta la levantó en el aire mientras ella se reía. Horacio abrazó orgulloso a Ana y le dio un beso en la frente, después de haber abrazado y felicitado a su hijo y a su nuera. Gastón también los felicito y les dijo que era el mejor regalo de bodas que podrían darle. Pedro me abrazó y me dio un beso en los labios.
– ¿Ya se te pasaron los nervios?
– Sí, tienes una hermosa familia.
– Y ahora es más hermosa porque tú ya perteneces a ella – dijo y me guiñó un ojo.
Le respondí con una gran sonrisa, no pude decirle nada más, me emocionaba la idea de pertenecer a esa familia, era como siempre había deseado tener una. Luciana anunció que en una hora iniciaría el ensayo, así que apenas teníamos tiempo para arreglarnos.
Pedro me tomó de la mano y subimos las escaleras hasta el tercer piso, la última habitación era la suya. Tenía las paredes blancas, la enorme cama estaba pegada a la pared del lado izquierdo, al frente estaba el tocador y al lado había un par de puertitas que supuse eran el armario, del lado que entramos había un mueble con un moderno aparato de sonido, varios libros y cds, y otra puerta que debía ser el baño, lo más bonito era el gran ventanal así que me asomé y luego salí al balcón, el mar en todo su esplendor lucía tranquilo. Pedro me abrazó por atrás.
– ¿Te gusta?
– Mucho, la vista es preciosa.
– Y contigo aquí lo es mucho más – con su mano movió mi cabeza para poder besarme en los labios – como tenemos poco tiempo es buena idea bañarnos juntos. – Precisamente porque tenemos poco tiempo, no es buena idea, ya te conozco, así que mejor nos bañamos separados.
– Prometo portarme bien.
– Eso dijiste la otra vez y llegué tarde a mi trabajo, así que hoy no me arriesgaré – le di un ligero beso en los labios y me separé.

domingo, 8 de marzo de 2015

Una Cita con el Amor: Capítulo 80

– Jamás se me ocurrió.
– Por cierto, tú no me has contado nada de tu familia.
– No hay mucho que contar, soy hija única, mis padres se divorciaron cuando yo tenía cinco años y viví con Rosana, mi madre, hasta los dieciséis, cuando se casó por segunda vez me fui a vivir con Jaime, mi papá, hasta que terminé la carrera y luego me fui a Nueva Jersey por el trabajo, pero ellos son muy fríos, hace mucho que no hablamos, Rosan viaja constantemente porque su esposo es beisbolista y Jaime es jefe de policía en Forks, así que siempre está ocupado y también volvió a casarse hace año y medio.
– Me apena escuchar eso, no tienen idea de la magnífica hija que tienen.
– Gracias, pero nunca fui prioridad en sus vidas, ambos son muy egoístas.
– Que mal, la familia es muy importante, quizá deberías tú de dar el paso para acercarte a ellos, estoy seguro que te aman.
– Supongo que sí, pero no sé, me cuesta trabajo acercarme a ellos, a pesar que viví con ambos son prácticamente desconocidos para mí, los veía muy poco.
– Deberías hacer el intento, me gustaría conocerlos pronto.
– Lo intentaré, pero no te prometo nada.

Finalmente llegamos a Miami, tomamos un taxi y Pedro le dio la dirección. Al llegar, y mientras bajaban las maletas de la cajuela, observé la casa y quedé maravillada, era enorme, de tres pisos y una fachada blanca de portada de revista de arquitectura. Un sirviente salió y metió las maletas, Pedro entrelazó su mano con la mía y entramos.
Caminamos por un largo pasillo y en ambos costados había varios autos último modelo de diversas marcas y colores. Llegamos a la sala que era bastante amplia y en un lado había una escalera de caracol, yo sentí que los nervios me inundaron por completo al ver a toda su familia de pie esperándonos, Pedro notó mi nerviosismo porque me temblaba la mano y me la apretó con fuerza dándome confianza mientras sentía la mirada de los seis– integrantes que pare– ¡Pedro!, llegaron justo a tiempo, el ensayo pronto comenzará – exclamó Luciana entusiasmada y corrió a abrazarlo.
– ¿Y cómo creías que me lo iba perder, duendecillo?, el padrino tiene que estar presente.
– ¡Qué emoción!, la madrina también ya llegó – se soltó de Pedro y luego me abrazó a mí – que gusto de verte Pau, que bueno que sí viniste, por cierto, tú y yo tenemos una plática pendiente – señaló y yo la miré asustada, pero ella me sonrió.
– Hermanita, por favor, déjame abrazar a la mujer que por fin ha hecho sentar cabeza al Casanova de mi hermano – dijo Federico sonriendo y Luciana se apartó, me sentí tan pequeña envuelta en esos musculosos brazos – que gusto volver a verte y más de saber que eres novia de Pedro, pensé que se nos quedaba solterón el muchacho – se separó y puso sus manos en mis hombros – ya ves lo que dicen Pau  hermano saltado, hermano quedado – añadió en tono divertido.
– Federico, compórtate, ¿qué va pensar Pau de tus afirmaciones? – intervino su mamá, que me dio una tierna sonrisa y también me abrazó – bienvenida linda – añadió amablemente. – Pues, son la pura verdad, yo ya hasta estaba pensando en rifarlo, no sabes el susto que me dio cuando Luciana anunció su boda y este hermano mío sin novia, no, no podía haber un solterón en la familia, ¿qué iban a pensar de él?
– Federico ya basta, por favor – dijo seria su mamá después de soltarme.
– No se preocupe señora, es mejor ir conociendo la personalidad de cada uno.
– Ana, por favor, dime Ana y háblame de tú, hija.
– Está bien, me costará trabajo, pero lo intentaré… Ana.
– A mí también dime Horacio, por favor, no me gusta que me hablen de usted, me hace sentirme viejo y aún no lo estoy – señaló y también me abrazó. Parecían estar analizandome.

Una Cita con el Amor: Capítulo 79

Me dió un beso presionando fuerte mis labios y salió de mí, nos subimos rápidamente los pantalones y salimos de ahí, tratando que nadie se diera cuenta que lo hacíamos del mismo baño, tomamos de nuevo nuestros asientos y me abrazó, después se separó un poco y sacó una hoja de su pantalón.
– Casi se me olvidaba, toma, repasa esto porque vas a ayudarme a darles una sorpresa a Luciana y Gastón – dijo entregándomela y la empecé a leer.
– ¿Es una canción? – pregunté con pánico ante la idea de la sorpresa.
– Sí, la cantaremos en el ensayo de la boda.
– Oh no Pedro, no habrá manera de que me hagas cantar frente a tu familia.
– Oh sí lo harás Paula, no quiero adelantar mi discurso de mañana de la recepción oficial, así que hoy cantaremos.
– No, de ninguna manera.
– ¿Ni por qué te lo pido yo? – dijo rozando mi nariz con la suya.
– ¿Te lo mereces? – repliqué tratando de no caer en su encanto.
– Tal vez no, pero entonces, hazlo por Luciana, no se lo espera y le encantará.
– Me da vergüenza cantar en público – finalmente acepté.
– Pero, lo haces muy bien, en serio, además, yo no soy cantante profesional tampoco – señaló acariciando mi mejilla con las yemas de sus dedos.
– Pero, estoy segura que cantas mejor que yo.
– Claro que no, anda corazón, por favor.
– Pero, Pedro, sólo he cantado en la ducha.
– Y te repito que no lo haces mal – me dio un suave beso en los labios – piensa que es un regalo para mi hermana pequeña, anda dí que sí.
– Lo voy a pensar, ¿ok?
– Está bien, por ahora me conformo con eso.
Terminé de leer la canción y era realmente hermosa, todo lo que decía yo lo sentía por Pedro, a pesar de sus arranques de celos, entonces, me entró la curiosidad por conocer la historia de amor de Luciana y Gastón.
– Pedro, está canción es preciosa.
– Yo la escribí – dijo muy orgulloso.
– ¿En serio? – pregunté más que sorprendida.
– Sí, ahora que estuve en Europa, en mis ratos de soledad.
– Y por cierto, ¿cómo fue que se conocieron Luciana y Gastón?
– Por Rosa, es su hermana, ella y Federico estuvieron juntos en la preparatoria y se hicieron novios, pasó con nosotros una Navidad y Gastón la acompañó, la chispa surgió a primera vista, esa semana no se separaron ni un momento Luciana y él, pero eran muy jóvenes los dos, después se dejaron de ver un tiempo y cuando volvieron a reunirse se hicieron novios, luego ella se fue a París y él la esperó, en cuanto regresó le pidió matrimonio y de inmediato empezaron con los preparativos, ¿te acuerdas que cuando nos conocimos te dije que no estaba disponible el fin de semana?

– Por supuesto que lo recuerdo – respondí mientras me ruborizaba, me habían pasado mil rollos por la cabeza por su ausencia y aparte había hecho su extraña sugerencia.
– Ese fin de semana fue cuando hicieron formal su compromiso, así que tuve que volar a Seattle para estar presente.
– Yo pensé que… eras casado y tenías que estar con tu familia.
– ¿En serio pensaste que era casado?
– Sí, eran tan raras esas reglas que pensé que las tenías por temor a que tu esposa descubriera tu secreto.
– Ay corazón, tienes una mente muy creativa, pero te equivocaste, sí estuve con mi familia, pero con mis padres y mis hermanos.