miércoles, 17 de diciembre de 2014

Una Dulce Inocencia: Capítulo 13

La tarde dió paso a la noche y yo esperaba ansioso el momento en que mi madre por fin exclamara que se había aburrido de observar tanto cuadro extraño. Porque por más que los miraba y trataba de encontrar aunque fuera un pájaro dibujado ¡Era inútil! ¡Bendita Pintura Abstracta!
- ¿Estás aburrido?.- esa voz aguda era lo último para rematar mi estado zombie.
- No, es sólo que estoy cansado.
- ¿Una muy larga noche?.- me giré hacia ella.
- Así es. Fue una larga noche y lo único que deseo es dormir…solo.- remarqué la última parte al ver sus ojos expectantes.
- Podríamos salir un día de estos…- su invitación fue interrumpida por el sonido de mi móvil
- Lo siento.- me disculpé antes de contestar, a pesar de su cara.- ¿Hola?
- Pedro ¿Aun están en la entretenida exposición?.- mi hermana siempre tan sutíl.
- ¡Oh sí! ¡Aún!.- contesté con tono irónico de alegría.
- ¿Y tu acosadora personal? Ya hizo acto de presencia e insistencia.
- El teléfono salva.- intente darle a entender que me había liberado de ese gran detalle.
- Entonces me debes una grande. Necesito justo ahora un chofer.
- ¿Y eso por qué?.- Jessica me observaba, intentando acercarse a mí para escuchar mi conversación.- Que yo sepa mi amiguito anda de chofer del día.
Mi hermana Liz estaba actualmente como pareja de uno de mis grandes amigos. Si bien, en primer momento me había molestado la situación…luego de un año me había acostumbrado. Tenía que darle crédito a Stephen, era uno de mis pocos amigos que valían la pena en cuanto a relaciones estables y serias, y bueno…mi hermana había sido la afortunada. A pesar de sus cinco años de diferencia, Steph era un hombre dominado por una mujer que recién cumplía sus dieciocho años.
- Tu amiguito, es decir, mi amor anda de chofer mío.- detalló firme.- El chofer lo necesita otra amiga mía, tu sabes… Pero bueno si no puedes, yo podría pedirle a otro...- no la dejé concluir.
- Llevo a mamá a casa y en media hora estoy ahí.- dije olvidándome de la sombra a mi lado que bufó indignada.
- ¡Ese es mi hermano! Siempre dispuesto ayudar al prójimo.- río a mandíbula batiente.- Nos vemos en media hora.
Colgué el teléfono sonriendo como ****a. Sonrisa que se me acabó al mirar rostro tenso de mi no grata acompañante.
- Entonces es cierto.- comentó ácidamente.
- ¿Qué cosa?.- pregunte sin entender del todo su afirmación.
- Una amiga me comentó que te habían visto…digamos, acompañado la semana pasada.- la dejé continuar con su veneno.- Con esa chica que trabaja en el mismo bar que tu hermana, Jessica y tu amiguita.
- Jessica, no creo que tenga deber de darte explicaciones.- traté de no demostrar en forma evidente mi disgusto.- Pero para saciar tu curiosidad y que tus amigas puedan salir a divertirse y no estar como detectives privados a mi cargo ¡Si! Me vieron muy bien acompañado, se llama Kate.
- ¡No puedo creerlo!.- chilló indignada.- ¡¿Qué es lo que puedes ver en una ramera como esa?
- Primero, mide tus palabras porque por si lo olvidas mi hermana y dos de mis mejores amigas también trabajan allí y no son ningunas rameras.- dije calmadamente, pero con un tono de advertencia.- Y segundo, veo en ella lo que no encuentro en ninguna otra mujer
- ¡Me imagino! ¡¿Ya te acostaste con ella? ¡Porque supongo que lo que te fascina es la facilidad con la que pudiste encamarte con ella!.- gritó y no tuve tiempo de devolverle todo lo que quería decirle, pues su madre llegó a aplacar el escándalo de su hija
- Jessica por favor ¿Qué está pasando? Estás llamando las miradas de todo el mundo.- la tomó por el brazo y la jaló.
- ¡Es todo culpa de Pedro!.- siguió gritando y Margot me miró interrogante.
- Lo siento Margot, pero solamente estábamos hablando y ella se alteró. Lo único que puedo decirte es que no voy a permitir que Jessica insulte a mi hermana y a nadie importante para mí. Permiso.
Me aleje en busca de mi madre, escuchando los chillidos de Jessica y sintiendo las miradas de todos los presentes alternarse en mí y el espectáculo detrás de mí. Mi madre entendió mi mensaje sin siquiera emitirlo y se encaminó a la salida conmigo tras de ella. Pasé a casa para dejarla ahí luego de conversar todo lo ocurrido en el trayecto y contar con su apoyo por mi actitud y me dirigí al bar.
...
- Me gusta tu atuendo de los domingos ¡Muy lúdico!.- se burló Lucy de mi formalidad
- Graciosa.- nos saludamos y entramos.
- ¡Hey tu!.- me apuntó Jessica.- ¡La próxima vez que se les ocurra salir a emborracharse al quinteto de payasos, asegúrate de ponerle una mordaza a mi novio!.- amenazó.
- ¿Qué hizo ahora?.- pregunté divertido.- Yo lo dejé de pié en la puerta de su casa.
- Pues el muy ****a, tomó un taxi a pesar de su estado y fue a ¡mi casa!.- se señaló.- Pero eso no es lo malo ¡Lo horriblemente malo fue la serenata que me brindó a las seis de la mañana! Y no solo eso ¡El espectáculo que armó despertando a todos! ¡Llegó hasta la policía Pedro!
- Creo que Chad se equivocó de carrera, lo de él no son los bisturís; sino los micrófonos.- me reí ganándome un golpe en la nuca por parte de Jessica.
- Muy gracioso Alfonso.- empujó mi hombro al pasar por mi lado.- Pero te lo advierto, la próxima vez pagaran ustedes las consecuencias.- y salió del local
- Yo que tu me tomo enserio esa amenaza…es…mmm…ella ¡Es Jessica!.- rió Lucy.
La noche anterior habíamos salido por ocurrencia de Chad, como me había quejado desde que me había despertado. Michael, Steph, Fox, Chad y yo. Todos compañeros de Universidad, así como lo eran Jessica y Lucy, aunque con la última mi historia de amistad se remontaba a muchísimos años atrás.
Entramos donde estaban todos los demás terminando de ordenar por la noche anterior. Mi hermana como siempre pegaba a mi amigo, otras chicas guardando vasos y Kate, acomodando unas botellas. Lucy, me dio un pequeño codazo indicándome con su barbilla a la chica que desde hacia unos dos meses, estaba llamando poderosamente mi atención.
Mi hermana había entrado a trabajar como mesera a este bar para ahorrar dinero, según ella. Pero la verdad era que, apenas cumplió su mayoría de edad, buscaba cualquier excusa para aprovechar sus nuevos límites de libertad. Lucy, Jessica y Liz, se habían presentado juntas y el tipo, bastante listo las había dejado a las tres sin chistar. Listo, porque aunque se tratara de mi hermana pequeña, mis compañeras; mi mejor amiga y la novia de mi amigo, había que reconocer que eran bastante bonitas…aunque siempre las sacara de quicio diciéndoles que eran "mujeres promedio."
Kate, era compañera de trabajo de las chicas y por medio de ellas la había conocido. Era secreto a voces que ella y yo nos gustábamos, pero hacia una semana recién que me había atrevido a invitarla…en una especie de cita. Morena, ojos pardos, alta y de contextura delgada. Estudiaba Educación Preescolar en otra universidad y trabajaba para apañar gastos.

martes, 16 de diciembre de 2014

Una Dulce Inocencia: Capítulo 12

- Pedro debes levantarte.- escuché a lo lejos la familiar voz de mi madre
Gemí intentando encontrar mi voz en algún recóndito lugar donde haya quedado la noche anterior. De sólo recordarlo, se me partía la cabeza ¡Maldito Chad! Juro nunca más hacerle caso cuando diga que sólo será una copa y nada más. Y todo por celebrar que comenzaríamos con las dichosas "Prácticas Profesionales."
- ¿Qué hora es?.- dije con la voz amortiguada por la almohada.
- Te saludaría con buenos días, pero teniendo en cuenta que ya estamos por tomar el té de la tarde, debo decirte "Buenas tardes", son exactamente las cinco con treinta y siete minutos de un maravilloso día domingo.
Giré a mi costado para ver a una risueña Sarah en posición de enfado con sus manos en las caderas y moviendo graciosamente su pié.
- Buenas tardes hermosa mujer que me haz traído al mundo.- la saludé meloso.
- No uses tus artes de chantaje conmigo jovencito ¿Recuerdas haberme prometido que me acompañarías a la galería de arte de Margot?.- exactamente eso era lo que quería evitar, pero por lo visto mi madre era persistente
Puse en práctica mi último recurso de supervivencia
- ¿No podría mi querida hermanita suplir mi ausencia?.- amplié mi sonrisa hacia ella
- Tu querida hermanita ha estado más de una hora alistándose en el baño, para salir con su novio y luego debe ir a su trabajo por un rato.- apuntó
- ¡Ves! Te dije que no era buena idea dejarla pololear tan inmadura.
- ¿Quién es la inmadura?.- se escuchó una voz familiar tras mi madre
- Tu hermano te nombra a tí
- ¡Liz!.- canturrié.- ¿Quieres ganarte el doble de tu mesada este mes?.
- ¿Quién será el benefactor?.- entrecerró los ojos
- Tu precioso hermano ¡Por supuesto!
- ¡Pff! Olvídalo. Gano el doble de tu mesada en mi trabajo como mesera.- se rió de mi intento de soborno
- Bien Pedro. En vista que tu lado chantajeador y sobornador es realmente patético ¡Levántate!.- exigió mi madre con cara de maldad a cuestas
- ¿Y si no quiero?.- en el momento que dije eso, me arrepentí.
- ¡Lo pagarás!.- gritaron las dos al unísono
Un minuto después tenía a dos mujeres realmente expertas en el arte de las cosquillas encima de mí y sin darme tregua. Mientras Liz atacaba mis pies, mi madre muy obediente a las órdenes de mi hermana estaba totalmente concentrada en mi estómago y cuello. Entre lo que podía abrir mis ojos de tanto reírme, vi al único que faltaba para el cuadro perfecto de "ahoguemos a Will con cosquillas", mi padre
- ¡Hey! ¿Qué le hacen a mi futuro colega?.- gritó desde la puerta.
- Haciéndolo pagar por sus errores.- contestó mi hermana.
- ¡M-me…rindo! ¡Me rindo!.- dije ahogado de tanto reírme.
- ¿Prometes cumplir tus promesas de ahora en adelante?.- hizo de jueza mi madre.
- Está bien, está bien ¡Lo prometo!.- admití al verlas listas para otra ronda de cosquillas
- ¿A qué te están obligando ahora?.- preguntó divertido mi padre.
- Debo ir a la exposición de arte de Margot.- hice una mueca al recordar mas que nada a su hija.
- ¡Oh! ¡Jessica en acción nuevamente!.- rió mi padre.
- Exacto.- contesté poniéndome de pié.
- No te preocupes. No te dejaré ni un solo minuto expuesto a la cacería de esa tigresa.- todos reían con mi madre, lo cierto era que mi suplicio era máximo.
- Quisiera saber, ya que han levantado al segundo hombre al mando de esta casa ¿Qué hará el primero que no te acompaña él?.- miré divertido como mi papá hacia muecas.
- Tu padre esta en una labor de limpieza total de la parte externa de la casa ¿Si quieres pueden intercambiar roles?.- nos dio la opción mi madre.
- ¡No!.- gritamos los dos al tiempo que mi padre corría escaleras abajo y yo me metía a la ducha veloz.

Llegamos a la exposición. Mi madre preciosa como siempre enfundada en un elegante vestido verde y yo con la pinta de un pingüino con corbata. Nos comenzamos a adentrar a la galería cuando de improviso mi madre me atajó y comenzó la misma infructuosa labor desde que tenía memoria de infante ¡Intentar peinar mi cabello! ¡Imposible!
- ¡Por Dios hijo tu pelo parece cualquier cosa!.- exclamó vencida como siempre.
- ¿Y en 23 años no te habías dado cuenta de este detalle?.- dije divertido.
- En fin, así y todo eres un bombón. Jessica ya ha divisado el objetivo.
Miré en la dirección que apuntaba con disimulo y en efecto, la señorita "mírenme soy una diosa" estaba acercándose con verdaderos pasos felinos hacia nuestro lugar, claramente tratando de parecer sexy ¡Intento fallido! Me parecía más un caballito recién nacido que otra cosa.
- ¡Tía Sarah!.- se colgó a mi madre.- ¡Que gusto tenerla acá!.- chilló.
- El gusto es nuestro Jessica ¡Tu madre cada vez se perfecciona más!
- ¡Es de familia, tía querida!.- en un disimulado movimiento nos dimos una significativa mirada con mi madre.- ¡Pepe! ¡Estás muy apuesto esta noche!
Ok, aquí vamos. Obviamente tenía que responderle el cumplido, pero ¿Cómo hacerlo si parecía un verdadero espárrago con disfraz de repollo y encima verde? Mi madre tuvo que haber adivinado mis pensamientos, porque con recato me dio un pequeño apretón en el brazo que tenía tomado.
- Gracias Jessica.- asentí en su dirección.- Tu también te ves…muy bien.- terminé viendo como su cara se incendiaba y pestañeaba cual le hubiera caído una basura en el ojo.
- Tu siempre tan caballero, precioso.- mi guiñó un ojo.- ¡Tendré un brindis reservado para tí!
- Bueno, permiso querida. Iremos a ver el trabajo de tu madre.- se disculpó educadamente mi mamá y estuve a punto de bailarle en agradecimiento.
Jessica Stanley había sido compañera mía en secundaria y de ahí nuestras madres habían desarrollado una fuerte amistad. Claro que su madre, era muy distinta a su hija, era mucho más centrada e inteligente que ella. No había recuerdo en mi mente, en que no estuviera Jessica tratando de conquistarme en base a nada sutiles galanteos, piropos y técnicas de seducción o al menos eso creía ella. Lo cierto era que en un comienzo me parecía divertido; pero avanzado el tiempo era fastidioso.
No podía negar que era una chica bastante bonita, hoy solamente su atuendo no le hacía compañía, pero más hermosa aún era una combinación entre sus labios cerrados y sus ojos lejos de mí.

Una Dulce Inocencia: Capítulo 11

Conversamos un rato mas, mientras Ben entretenía a Lulu por un momento más. Le relaté todo a mi amiga, quien no daba crédito a lo que escuchaba y sus ojos se le llenaban de lágrimas cuando miraba a mi chiquitita ajena a toda la basura que estaba expuesta.
A las ocho de la tarde decidimos retornar a casa. Aunque la bruja no había pedido mi número de teléfono, se lo había dejado igualmente junto al teléfono, pero como era de esperarse no estaba ni preocupada que podía estar pasando con su hija en estos momentos.
- Toma Paula.- me extendió un papel Ángela
- ¿Y esto?.- lo miré raro
- Léelo en casa Paula y luego nos dices que te parece.- me explicó Ben y miró a Lulu de reojo
- Ok.-
- Adiós Lulu y ya sabes, siempre puedes venir.- la invitó Ángie
- Paula ¿Me taedas?.- pidió en su vocablo
- Claro que sí bebé
- Adiós chicos.- me despedí
- Hasta pronto Paula.  Adiós Lulu.- gritaron los dos, a lo que mi bebé agitaba su manito a ellos

La casa estaba en total obscuridad, pensé que la bruja podría estar dormida o de plano no se encontraba y rogaba internamente porque así fuera. Antes de entrar dejé a Lulu en la puerta en caso de que alguna escena no apta para ella se estuviera desarrollando al interior, pero había solo silencio y negrura en la estancia.
Miré el papel donde había dejado mi número en el suelo, ni tal se había dado cuenta que el único medio para llamar a su hija y saber de ella estaba pisado y olvidado en el piso. Sin embargo otro papel se encontraba en el teléfono, dejé a Lulu en el piso y lo tomé
"Niñera: He tenido que salir por un nuevo trabajo. Esta vez mi viaje durará mucho mas tiempo del anterior, estaré de vuelta en un mes aproximadamente, así que he dejado tu paga por adelantado en el cheque"
¡¿Niñera? Bueno, era para lo que estaba contratada, pero… ¡¿Un mes fuera? ¡¿Ni un recado para su hija? ¡Esta mujer haría que mis instintos asesinos cobraran vida cuando ella regresara! Al menos, había dejado algo dicho... ¡Grrrr! ¡Maldita bruja!
- ¿Es de mamá?.- preguntó Lulu.
- Si corazón, su trabajo la ha requerido otra vez.- expliqué dejando a un lado mi rabia
- ¿Estadá aquí en dos semanas?.- consultó mirándome con sus ojitos expectantes
- No Lulu, esta vez estará fuera por un mes.- no sabía si lograba entender el tiempo, pero prefería dejarlo así
- Ah…oki doki.- pero esta vez esas palabras aprendidas de mí, fueron dichas con pena
- Bien ¡A bañarnos, comer y a la cama!.- recompuse mi cara para alegrarla a ella
Agradecía poder haber quitado esa carita de tristeza que había adquirido luego de saber que su madre la abandonaba por un largo mes ¿Qué hubiese pasado si yo fuera otra y la hubiera abandonado? ¿Si no pudiera estar por un mes con ella? ¡¿Un mes? ¡Es que ni la persona menos cuerda se iría por tanto tiempo dejando una niña a su suerte! Bueno, ella no era lo más cuerda que existía
Lulu se durmió como un tronco al tocar su cabecita en la almohada y yo me acomodé a su lado. Sería un largo mes, pero haríamos que fuese un entretenido mes. De pronto recordé lo que me había pasado Ángela antes de salir de su negocio y me levanté como un resorte de la cama en busca del papel
Lo hallé en mi bolso y me dispuse a leerlo:
"Bells: Tenemos una misión en poco tiempo. He decidido escribirte esto para que sea una sorpresa. Luego de todo lo que me haz contado, no puedo evitar sentir pena por Lulu, pero me alegra saber en las manos que está. Dios por algo hace las cosas y tu haz caído como un ángel para la pequeña naranjita (por hoy)" reí por sus apodos "Ben le ha sonsacado una información importante. Su cumpleaños es en dos semanas, ahí cumplirá sus cuatro añitos y me gustaría que le hiciéramos algo ¿Qué opinas? Nos ponemos en contacto mas adelante y obvio, Ben a dispuesto a sus sobrinitas para la celebración, ya que ella ha dicho que no tiene amiguitos pequeños y le gustaría celebrarlo así como ha visto en la TV. Llámame"
Recién ahí entendí la tristeza de Lulu. Ella esperaba que su mamá estuviera con ella para una fecha tan importante como su cumpleaños ¡Y la muy perra ni lo había mencionado! Tan solo esperaba que tuviera la decencia de enviarle algo y llamarla por lo menos.
Una idea se formaba en mi loca cabecita, ya sabía de donde podíamos sacar niños o al menos algo parecido a ellos. Tomé el cheque que me había dejado la bruja y era por lo menos cuatro veces lo que me había pagado la primera vez. Había el dinero, conocía a algunas personas.. ¡El cumpleaños se haría, se haría para recordar y habría niños! ¡Oh, si! ¡Habría muchos niños!

lunes, 15 de diciembre de 2014

Una Dulce Inocencia: Capítulo 10

- Si tu madre mete a hombres a la casa y alguna persona le pregunta que quienes son ¿Será mas fácil para todos instruir a una pequeña niña para que repita que son sus padres?
- No lo puedo creer.- susurré en un hilo de voz.
- Cuando la madre de la señora Victoria se fue, mi mamá me contaba y lo que yo veía cuando iba a su casa, era un alma en pena. Le costó mucho superar que estaba sola en el mundo, a pesar que ya era mayor y que sus padres nunca prestaron atención de ella.- se quedó pensando perdida en sus recuerdos
- ¿Qué pasó luego?.- interrumpí su rememorar
- El dinero de las cuentas que su padre poseía, se fue agotando. Para seis años atrás ya no quedaba absolutamente nada y las deudas normales de una casa la comenzaron a atosigar.- explicó.- Mi madre enfermó y yo comencé a ir mas que nada para hacer la limpieza una vez por semana
- ¿Ella aún estaba deprimida por quedarse huérfana?
- ¡No! Ese estado de muerta en vida, si bien duró algún tiempo terminó abruptamente con el inicio de una nueva amistad con una tal Heidi Volterra. Se hicieron grandes amigas y la señora Victoria empezó a convertirse en la fría mujer que es hoy.-
- ¿Eso hace cuanto fue?.- indagué
- Luego de lo de sus padres ella estuvo por unos dos años viviendo en las sombras de esa casa, sin salir más que para visitar la tumba de su padre y terminar con su carrera de Fotografía, que fue lo que estudió. Luego conoció a la tal Heidi, de eso hace unos seis años, cuando las deudas se hicieron presentes y su cambio fue radical, además de retomar su situación económica sustentable
Mentalmente y en forma rápida calculé la edad de la bruja, había tenido a Lulu hacía cuatro años, es decir, a sus ¿Veintisiete años? ¡Dios! Esa mujer tenía pacto con el diablo, si parecía de mi misma edad. Y ahora debería tener ¿Treinta y dos o algo así?
- ¿En qué sentido?.- retomé la conversación, luego de mi análisis mental
- En todos. Su vestimenta, apariencia, forma de ser, su círculo social de haber sido nulo, pasó a coparse todos los días con llamadas e invitaciones a todas partes.- respondió detalladamente.
- Entonces en ese tiempo ella conoció al padre de Lulu.- dije más para mí, que para ella
- Yo no sé a que se dedicaba en esos tiempo la señora, pero sí su ritmo de vida. Salía toda la noche maquillada como para ir a un circo con vestimenta que apenas podía cubrirla.- una idea se formaba en mi cabeza.- Dormía todo el día y sus llamadas eran recurrentes de hombres
- Ella…- mi voz se quedó en algún lugar lejano
- El dinero empezó a llegar como si lloviera dinero del cielo.- me siguió aclarando.- Hoy puedo darme cuenta que mis sospechas no iban a caminos equivocados…
- ¿Cuáles eran sus sospechas?.- la insté a que prosiguiera, mis pensamientos quizás no eran muy objetivos a esta altura
- ¿Tu sabes a que se dedica la señora Victoria?
- Ella es…es modelo.- dije dubitativa
María rió tristemente y yo estaba en blanco. Mi cabeza no procesaba o no quería procesar lo que el corazón o alguna otra parte de mi cuerpo estaba entendiendo de todo esto.
- Victoria o la señora Victoria.- ironizó.- Es modelo, actriz de películas para adultos.
Mi cara enrojeció y mi quijada bajó y subió a su lugar ¿Ella era actriz pornográfica? Tu misma la viste y lo señalaste anoche, me dijo un pequeña vocecita dentro de mi cabeza
- ¿Ella aun lleva hombres a la casa?.- asentí en forma ausente.- ¿La Asistente Social aun está detrás de ella?
- No se quien es ella.- mi voz salía estrangulada
- Samantha Wilson.- explicó
- Ella, si…si, ella ha llamado y ha dicho…- el puzzle en mi cabeza comenzó a hacer clic
- Que está pendiente de su caso.- terminó por mi.- Hay cosas turbias en todo esto Marie. Que sea o no una actriz de lo que sea, no es lo mas importante ¿Me entiendes?
- C-creo…que si.- musité
- Yo vi cosas ahí, ella lleva a hombres que se emborrachan y se drogan ¿Es eso un ambiente para una niña?
- ¡No!.- casi grité, el sentido de protección con mi pequeña afloró como si fuera una leona
- La señora Victoria no ama a su hija.- un nudo se formó en mi garganta.- La niña fue lo mismo que ella significo para su madre "un error" y ella no se deshizo de Lulu en su momento porque fue una forma de sacar todo el rencor.- pestañee para alejar las lágrimas de mis ojos.- Ella ha hecho lo mismo con su hija, que lo que hicieron con ella cuando pequeña.

Ni siquiera me preocupé por el lugar donde estaba y la hora en que salí de esa casa. Fue como ser un muerto en vida con todo lo que había logrado descubrir de mi charla con María. Mientras manejaba de vuelta, la carita de mi pequeña se instauró en mi retina.
Ella no merecía esto, ella no tenía la culpa de lo que sus padres habían hecho con su madre cuando era una niña aún. Lulu no podía convertirse en un fiel reflejo de su madre, llena de amargura y rencor…ella era un alma pura y sin daño…y yo no dejaría que eso pasara.
Bajé corriendo del auto de mi amiga cuando estacioné frente al negocio. Corrí dentro del negocio para encontrar a mi bebé riendo de forma exquisita con Ben y Ángela. Cuando nuestras miradas se cruzaron, avancé rápidamente y la tomé en mis brazos como tratando de quitar todo aquello retorcido, sucio, frío y horrible que podía alcanzarla.
Ángela y Ben me observaban con una mezcla de extrañeza y alegría.
- Te estañé Paula.- me dijo mi pequeñita
- Yo también te extrañé.- susurré mirándola con tanta adoración
Era increíble como en tres días un pequeño ángel podía dar vuelta tu mundo y ganarse mi corazón en forma total.
- Hey ¿Tan mal lo pasaste conmigo?.- se hizo en ofendido Ben, haciendo que mi bebé sonriera.
- No tío Ben, es mi Paula.- sus bracitos me apresaron mas aun.
- Tienes que traerla más seguido.- me pidió Ben.- Es una niña extraordinaria.
- Lo sé.- respondí mirándola fijamente
- ¿Pod qué llodas Paula?.- toqué mi cara y me di cuenta que mi cara estaba surcada por lágrimas
- Porque…- me quedé muda.
- Porque Paula también quería jugar con nosotros a los vendedores, pero no pudo y tiene pena por eso.- aseguró mi amiga. Le agradecí con la mirada.

Una Dulce Inocencia: Capítulo 9

- Necesito pedirte un gran favor amiga.- me mordí el labio nerviosa, dándole una mirada a Lulu.
- No sé porque me da la impresión que tiene algo que ver con la señorita totalmente manchada de chocolate.- entrecerró los ojos hacia mí. Asentí tímida.- Bien. Suéltalo.
Volví a mirar a mi pequeña, pero ella estaba demasiado entusiasmada con su chocolate como para captar nuestra conversación. Le conté absolutamente toda la historia de lo que había vivido en esos tres días en casa de la bruja, pareciendo una novela de años. Mi amiga abría sus ojos como platos con cada parte de mi relato, enrojecía de rabia en otras y ponía carita de perrito degollado en otras tantas.
- ¡¿Estás segura que no te hizo nada?.- preguntó alterada con la parte del tipo de la noche anterior
- No amiga, tranquila. Es como te digo, justo en ese momento bajó ese angelito.- indiqué a mi pequeña.- y nada pasó.
- ¡Dios mío Paula!.- se tapó su cara con sus manos.- ¿En qué sucio y descontrolado mundo crece esa pobre niña?.-
Miré con tristeza a mi pequeña, quien se percató de mi interés por ella y sonrió mostrando su boca y pocos dientes embarrados de chocolate y agitó su manito hacia mí.
- No lo sé amiga.- contesté al voltearme hacia Angie.- Y eso es lo que quiero averiguar ahora. Por eso te pido si puedes quedarte con ella por un par de horas
- No hay problema Paula, pero ten cuidado por favor. Ese barrio queda a las afueras de la cuidad y no me fío de él.
- Lo tendré Angie. Tan solo cuida mucho a mi pequeña naranja.
- Eso no tienes ni que pedirlo. Además Ben, vendrá dentro de poco tiempo y tú sabes como es con los niños.- sonreí al recordarlo como un crío más cuando salía con su pequeñas sobrinas.- Eso sí, llévate mi coche. Me sentiré más segura que vayas en auto y no a pié.
Le expliqué a Lulu que debía hacer unos trámites y que no aceptaban niñas pequeñas ahí, pero la verdad es que el lugar al que iba no era muy bien mirado y prefería arriesgarme yo sola que ponerla en peligro a ella. Quedó feliz al saber que podría ayudar a Angie a atender el local, fingiendo que jugaban a las vendedoras.
...
Agradecía haber traído el auto de mi amiga, pues me había llevado mas de media hora dar con la dichosa casa de María. Y como bien lo imaginé, su casa estaba rodeada de locales no aptos para menores.
Bajé temerosa del auto, pero pedí a Dios que me protegiera en todo momento, mal que mal estaba haciendo esto por el bien de un angelito. Luego de varios golpes de llamado, una mujer joven con un abultado vientre me recibió.
- ¿María?.- consulté, aun estando casi segura que era ella.
- Si, soy yo ¿Usted es?.- me miró achicando sus ojos.
- Marie.
Desde el momento que había hablado con ella, me había identificado como Marie, que era mi segundo nombre. Las razones de mi casi verdad/casi mentira no las tenía a ciencia cierta, pero tan solo lo había hecho siguiendo un dictamen de mi cabeza.
Me hizo pasar a su casa, ya que ella no podía mantenerse mucho de pié. Nos sentamos en una pequeña salita que disponía sólo lo básico, nada de extravagancias o cosas lujosas. Le hice entrega de mi encargo y me encomendé a los ángeles de los niños en el cielo para que me ayudaran a lograr mi cometido
- Aparte de entregarle eso.- indiqué el dinero.- Me gustaría conversar un poco con usted
- ¿Sobre qué sería?.- cuestionó suspicaz
- Necesito hablar sobre Lourdes. Yo soy su nueva niñera.- expliqué un detalle que no había nombrado anteriormente
- ¿Cómo está ella?.- noté un brillo especial en sus ojos al nombrar a mi pequeña
- Ella está bien. No quise traerla por…bueno…diversas razones, pero la dejé al cuidado de una muy buena amiga.- me adelanté cuando vi que me miró reprobatoriamente.
- Me alegro mucho que esté bien. Yo la cuidé cuando era muy pequeñita, luego me casé y comenzaron a llegar los niños.- apuntó con su barbilla una foto con tres niños. Mi boca se abrió de par en par.
- ¿Tendrás dentro de poco cuatro hijos?.- ok, lo curiosa era algo nato en mí
- Así es, pero con este bebé ya se da por cerrada la fábrica
Me comentó mas cosas de su familia, así mismo que ella cuidaba en forma esporádica a Lulu desde hacia un par de años. La mayoría de las veces, la niña se quedaba a cargo de personas que la bruja contrataba por horas y de forma alocada; como a mí. El rato comenzó a pasar y de todo lo que me contaba, ciertamente no estaba hallando nada nuevo o provechoso la mayoría de las cosas, las había vivido en estos tres días y las que no, eran aquellas que había intuido.
...
- Dicen que los hijos son el reflejo de lo que hacen los padres, espero que Lourdes rompa ese mito.- expresó y eso llamó mi atención ¿Acaso ella conocía a la bruja de antes?
- ¿Usted conoce a los abuelos de Lourdes?.- pregunté apresuradamente. Asintió.
- Mi madre trabajó muchos años para los papas de la señora Victoria y como era viuda, debía llevarme a mí a su trabajo.- relató, mientras yo la oía atenta.- La forma en que se comporta ella con la niña, es un claro espejo de cómo sus padres fueron con ella
- ¿No la tomaban en cuenta?.-
- Su madre y padre creían que con tenerla en una cuna de oro, era suficiente.- suspiró nostálgica.- La mamá de ella no quería tener hijos y cuando se enteró de que esperaba un bebé, intentó por todos los medios deshacerse de él. La mamá de la señora Victoria, tenía catorce años cuando la tuvo.
Dejé de respirar por un par de minutos ¡Catorce años! Yo a los catorce años aún en mis momentos de aburrimiento tomaba mis muñecas y les confeccionaba ropa, coleccionaba hojas con estampados de diversos diseños…aún era una niña en muchas cosas.
- Resumiendo la historia, los abuelos de la señora Victoria se casaron en las típicas costumbres de antaño, en donde los dos eran unos niños y sus matrimonios eran arreglados. Ellos quisieron hacer lo mismo con la madre de la Señora, claro que la emparejaron con un viejo a punto de morirse, pero con plata hasta en los calzoncillos que usaba.
- ¿Y donde están ellos ahora?.- ahondé en el tema
- Su padre murió cuando la señora Victoria tenía veintitrés años y su madre, la abandonó poco después. Mi madre me contaba que se dijo que ella había muerto tiempo después de una extraña enfermedad, pero lo único relevante es que nunca más se supo de ella.
- ¿Y con quien quedó la bruja? ¡Perdón!.- tapé mi boca con un certero golpe, al darme cuenta de la metida de patas que acababa de hacer.
- No te preocupes.- sonrió en complicidad.- yo la he llamado de formas irreproducibles.- se tomó su vientre al soltar una risotada.- Ella, la bruja, quedó sola viviendo en la enorme casa. Mi madre siguió bajo sus servicios, así que básicamente ella fue quien la crió.
- ¿Y no tenía mas hermanos o familia?.
- Y si los tenía, nunca supimos de ellos.- lo cual me dejaba en zona muerta nuevamente
- ¿Usted conoce al padre de Lulu?.- intenté averiguar lo clave, luego de algunos minutos en silencio
- No, no sé quien será.
Su respuesta me dejó aturdida. Si ella sabía la vida de la bruja desde hacia años ¿Cómo podía ser que no conociera al tipo degenerado o al tal Félix?
- Pero usted ha trabajado años allí, o su madre debió conocerlos.- afirmé.
- ¿Te refieres a los que Lulu nombra como sus papás?.- asentí dejándola continuar.- Ninguno de ellos es el verdadero padre de Lourdes.- me dejó en shock la nueva revelación ante mis ojos.
- P-pero…Lulu… Ella los llama papá.- dije anonadada.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Una dulce Inocencia: Capítulo 8

Desperté con un horrible dolor de cabeza y cuerpo. No tuve que hacer esfuerzo para comprender porque me sentía así; era claro que la tensión que me había acompañado antes de dormirme me había pasado la cuenta. Miré al repollito que aún dormía en mis brazos y ese fue el incentivo para esbozar mi primera sonrisa de la mañana, a pesar de todo mi malestar.
Me levanté con cuidado de no despertar a mi pequeña. Me duché en su cuarto y cuando estuve lista, pegué la oreja a la puerta. Aparentemente no se oía ningún ruido, es decir, que aun no se levantaban o que el asqueroso tipo de anoche ya se había ido.
Bajé lo más despacio que pude las escaleras. Al llegar al primer piso y con la luz del día pude observar todo, la casa estaba en total desorden con varios objetos quebrados y esparcidos por el piso. Al girar mi cabeza hacia los sillones de la sala, un escalofrío recorrió mi cuerpo al rememorar las escenas de la noche anterior y el miedo que sentí cuando el papá de Lulu había invadido mi espacio personal con claras intensiones sucias.
- ¡Dios! ¡Se me parte la cabeza!.- gimió la bruja (como había decidido llamarla desde anoche), haciéndome pegar un brinco.
Dejé mis labores de lado y le serví un vaso de agua con una pastilla para la resaca. Observé nerviosa hacia las escaleras a la espera de que el asqueroso hombre irrumpiera en la habitación, pero seguían pasando los minutos y no había señas de él.
La bruja, tomó asiento y se dispuso a ver la TV. Esperé en forma paciente a que se dignara a preguntar por Lulu, pero la muy mala madre, ni siquiera tuvo la decencia de a lo mucho averiguar si había preguntado por ella; teniendo en cuenta que a la mujercita delante de mí, le encantaba alardear sobre ella misma. Mucho menos se disculpó o insinuó algún tipo de remordimiento por el actuar de anoche.
- Hola mamá.- me di vuelta al escuchar a mi pequeñita hacer aparición
- Hola.- saludó la bruja, sin siquiera verle.
Lulu siguió su camino al ver que su proyecto de madre no la tomaba en cuenta y caminó hasta mí. Me agaché y la cargué en brazos dándole un gran beso, que supliera en parte el que ella le había privado.
- Hola Paula.
- Hola corazón ¿Quieres desayunar?.- le pregunté girándome hacia la nevera.
- No Paula.- susurró en mi oído.
- ¿Por qué no? Lulu, tienes que desayunar.- la reprendí.
Ella observó a su madre, que estaba segura no tenía idea que tanto su hija como nana seguían en el mismo lugar que ella; y se giró hacia mi haciendo un gesto para que me acercara más a ella. Puso sus manitos juntas alrededor de su boquita y entendí que quería compartir un secreto conmigo, así que acerqué mi cabeza a ella.
- Es que mamá no quede que yo coma eso.- fruncí el seño por sus palabras, pero recordé cuando ella había dicho "cuidar su figura."
- Ok, haremos lo siguiente.- me acerqué a su oído y al igual que ella, le hablé bajito.- Irás arriba y esperarás ahí. Yo te llevaré todo a tu cuarto ¿Ok?
- Oki doki.
Lulu corrió hacia su cuarto, está demás decir que la bruja no le dedicó ni media mirada, menos preguntó por qué su hija no tomaba desayuno ¡Linda madre!
Tomé todas las cosas que había comprado el día anterior con sigilo y cuidadosamente las coloqué en una bolsa. Tomé todo un servicio completo de cubiertos y lo metí ahí. Salí de la cocina presurosa hacia la habitación de Fifi, quien me esperaba sentada tranquilamente en su cama.
Le serví abundante leche con cereal y varias cosillas más para un saludable, pero a la vez contundente desayuno y bajé a echar andar un plan que se formaba en mi cabeza.
- Señora Victoria.- la llamé, siendo respondida con un "Mmhm".- Ayer ha llamado Samantha Wilson
- ¿Qué quería esa perra nuevamente?.- escupió las palabras
- Recordarle que estaban al pendiente de usted.- abrevié el recado
- Bien. Se puede ir a la **** ella y sus recados ¿Supongo que haz dicho todo lo que dije?.- por primera vez me miró
- En realidad no alcancé a contestar su llamado.- evité informarle que no estaba en casa.- Así que ha dejado el recado en la grabadora
- Mejor así.- volvió su atención a la TV
Miré hacia el cielo y rogué en silencio que mi próximo paso fuera aceptado sin problemas.
- También llamó María y pide que le recuerde sobre su dinero.-
- No tengo tiempo de ir a dejárselo. Si ella puede aún moverse, teniendo esa panza. Entonces que venga por él.- sonreí, era justo la respuesta que necesitaba
- Si usted me da una dirección, yo podría ir a dejárselo personalmente.- apreté mis labios esperando una respuesta afirmativa
- ¿Acaso me crees interesada en la dirección de una empleada doméstica?.- rió fríamente.- No tengo idea donde quedará su mazmorra
Me mordí la lengua para tragarme el veneno que amenazaba por salir y gritarle unas cuantas verdades, empezando por el descuido en el que tenía sumida a su hija y terminando por el desprecio en que trataba a la gente con la que debería estar agradecida besándole los pies por asegurar que su propia sangre el día de hoy estuviera con vida. En lugar de eso respiré hondo y conté hasta cien, para lanzar mi plan B.
- Si usted está de acuerdo, yo podría ubicar su dirección. Usted me hace entrega del dinero y yo se lo hago llegar.- crucé hasta mis dedos de los pies para la buena suerte
No suena mal.- dijo después de unos segundos.- La verdad es que estoy harta de tener a mendigos en mi casa, pidiendo la limosna del día
Sentí la sangre agolparse en mis mejillas y orejas de la rabia contenida, pero me forcé a sonreír. Mi plan había resultado.

Dos horas más tarde y luego de haber hablado por teléfono con María al número que había obtenido de la grabadora y tener la dirección de su casa, estaba con Fifi a las afueras de mi departamento. La bruja catalogaba de mendigos a sus empleados y mazmorras sus hogares, pero en cuanto le había pedido permiso para ir con su hija hacia tan desagradables lugares, no había dudado un segundo en aceptarlo.
- Hola Angie.- saludé a mi amiga al entrar en su negocio
- Hola Paula. Hola señorita naranja.- saludó a Lulu. Reí por el saludo, en relación al color de su ropa
- Hola niña de los cocholates dicos.- saludó mi niña, saboreando sus labios
- Ok, eso ha sido una indirecta algo directa.- respondió mi amiga, acercándose al mostrador de los chocolates y sacando uno para Lulu.
- Gacias, no tenías que molestadte
Estallamos en unas fuertes carcajadas con Angie por las palabras adultas que había utilizado mi pequeña bribona.
- ¿Qué cuentas Paula?

Una Dulce Inocencia: Capítulo 7

 ¡Adios Paula!.- se despidió el hombre, dejándome quieta un momento.- Nos veremos en otra oportunidad y terminaremos…lo que sea.- concluyó riendo con la otra mujer.
Subí casi corriendo las escaleras ¡No podía dar crédito a todo lo que ahí había visto y escuchado! ¿Es que acaso el tipo pensaría en…? ¡No! No quería ni imaginarlo. En el cuarto, cerré la puerta con llave y poniendo un mueble tras ella. Me afirmé contra ella y solté todo el aire de golpe, giré mi cabeza y Lulu estaba sentada en la cama con sus manitas en su regazo. Me acerqué a ella y la tomé en brazos.
- ¿Todavía tienes sed?.- le sonreí.
- No.- dijo quedito.
- ¿Estás segura? Si quieres voy a buscar un poquito al baño.- le ofrecí
- No Paula.- se acurrucó en mi pecho.
- Vamos a dormir tesoro.
La tomé y la acosté, me tumbe a su lado y la atraje a mi cuerpo. Ella pasó sus bracitos por mi cintura y puso su cabecita en mi pecho. ¡Se veía tan triste! Me partía el alma verla así y lo peor era que yo no estaba muy alejada de lo mismo, además de tremendamente asustada por todo.
- ¿Qué etaban hacendo ellos Paula?.- preguntó de repente mi pequeña, dejándo mi garganta seca ¿Qué podía responder?
- Ellos…eh…ellos estaban…jugando, pequeña.- fue lo primero que se me ocurrió
- Ellos siempe juegan así.- la abracé mas fuerte todavía. No era primera vez que esa escena se revelaba ante sus ojos
- Son juegos de grandes bebé.- rogaba por terminar con esta conversación
- El es mi papá James.- informó
¿Ese era uno de sus padres? Con razón ella decía que ni siquiera la saludaba, si el papá prodigio prefería acostarse con la madre a vista y paciencia de cualquiera ¡Incluso de su pequeña hija! Eran tal para cual y ahora entendía el mensaje de esa mujer. Quizás no estaba tan errada con querer quitarle a Lulu ¡Ellos no tenían moral para ser llamados padres!
- Duerme bebé. Yo cuidaré de tí.- besé su cabeza
- Buenas noches Paula. Te quieo.
- Yo también bebé.
Y era así. Quizás era una mezcla de pena, tristeza, lastima y amargura por ella, pero también con todo eso había un cariño que a dos días era ya de una magnitud creciente. Y sabía, mas bien algo me decía que no sería un cariño pasajero. Me sentía unida a ella de una forma indestructible y eso que teníamos menos de cuarenta y ocho horas de estar la una al lado de la otra.
No pude dormir en toda la noche los ruiditos de la parte inferior duraron largas horas y me impidieron conciliar el sueño. Además de que la angustia de lo vivido hacia poco rato atrás me tenía con temblores esporádicos de solo recordar al tipo ese y su cercanía.
De a poco mis ojos comenzaron a cerrarse, mi último pensamiento fue para la pequeñita pegada a mi cuerpo como segunda piel. Hablaría con María y buscaría información de toda la locura y aberraciones que la rodeaban, algo debía ocurrir que cambiara toda esta situación y si estaba en mis manos, no dudaría en hacerlo, ella no pasaría por malas experiencias si de mí dependía y menos… menos por él…su supuesto padre.