"Victoria, habla Samantha. Espero que las cosas estén tomando el curso que deben porque intuyo que si Lourdes no está en casa es porque está empezando a tomar el papel que le corresponde en la vida de su hija. No crea que olvido y las palabras de su ex empleada han sido claras. Haré una visita en estos días, el factor sorpresa es preponderante. Victoria, tenga en cuenta que sus acciones están siendo evaluadas y si se comprueba que usted no es una mujer apta para tener bajo su tutela el cuidado de su hija y más aun las sospechas de sus actos, ni el dinero ni nada podrá evitar lo venidero. Hasta pronto".
Me quedé de pié sin mover un músculo luego de oír ese mensaje ¿Qué quería decir esa mujer con sus actos? ¿Pensaban quitarle a su jefa, su hija? Aunque pensándolo fríamente, quizás sería lo mejor, teniendo en cuenta lo que había visto estos dos días ¿Sería la misma María quien la había denunciado? Necesitaba saber todas esas respuestas ya y estaba segura que la única quien se las podría dar, era María.
…
Unas risas lejanas y el ruido de un cristal quebrándose me hicieron despertar. Por la ventana aun no se podía ver la luna en todo su esplendor, y el reloj en la mesita de noche marcaba las cuatro y treinta de la madrugada. Volví a sentir las risas y me paré de un salto de la cama con el corazón latiendo desbocado en mi pecho ¡Alguien había entrado en la casa! Me debatí entre tomar a Lulu y bajar con ella para tratar de huir pero una voz ¡Esa voz! ¡Esa era su jefa, Victoria!
- ¿Qué pasa Paula?.- preguntó sobresaltandola, una Lulu restregándose sus ojitos
- Nada mi amor. Vuelve a dormir
- Tengo sed.- hizo un sonido exquisito con su boca para acentuar el hecho
- Está bien, voy por un poco de agua y me esperas aquí ¿Bien?
- Bien.
No sabía que pasaba en el piso inferior, pero tampoco me arriesgaría a que Lulu viera algo que quizás no sería muy sano. Por las voces que oía, la señora no estaba sola y tampoco parecía estar en las mejores condiciones.
Bajé sigilosamente las escaleras, el brillo de la luna a través de la ventana hizo ver luces reflectantes en el piso, eran un montón de vidrios esparcidos por el piso. Pasé por el costado y seguí hacia la sala…allí estaba su jefa…su jefa sentada a horcadas de un tipo al cual se le perdían las manos en la blusa o lo que quedaba de ella
¡Por Dios! ¡Su hija estaba en el piso de arriba durmiendo! Una rabia del porte de un huracán se estaba formando en mi pecho ¿Qué hubiera pasado si era su hija la que bajaba? ¿Acaso no le importaba que la viera así? Estaba tan ensimismada maldiciendo a esa clase de madre, si es que se podía llamar así que no me di cuenta de la secuencia de imágenes que estaban pasando delante de sus ojos.
Gritos ¡Gritos y gemidos inundaban la sala! Su jefa saltaba sobre el hombre al mismo estilo que había visto en una película pornográfica por error hacía un par de años
¡Tenía que salir de ahí! Pero olvidó terriblemente los vidrios esparcidos y pasó por encima de ellos pegando un grito parecido al de su jefa, claro que en muy distintas condiciones
- Hey.- exclamó el hombre, claramente sabía ya de mi presencia
- ¡Oh, ella es mi nueva niñera!.- informó mi jefa.- ¡Ven acá!.- gritó
Gemí antes de voltearme. Enfoqué mi vista hacia un punto ciego en la pared para no ver directo a los protagonistas de mi propia película pornográfica, que seguían como si nada en el mismo lugar y la misma posición
- ¿Cómo te llamas?.- preguntó el hombre, en un tono que me erizó hasta los pelos no existentes
- Se llama Mariela.- arrastró las palabras la señora, en un claro ejemplo que ebriedad
- No, yo…- pero como era costumbre
- ¿Dónde está la mocosa?.- mi más gélida mirada se instauró en el tipo que osaba llamar así a mi pequeña
- Su nombre es Lourdes.- escupí las palabras
- Si, si…como sea ¿Dónde está?
- En su habitación durmiendo.
El hombre rió sonoramente. Tomó a la mamá del año de la cintura y la levantó de su regazo, susurrándole algo al oído que le causó demasiada gracia o quizás todo le causaba gracia en su estado.
La respiración se me atascó en la garganta cuando lo ví levantarse y acomodarse su masculinidad sin siquiera el atisbo de dejarla donde debería estar, dentro de sus pantalones y cerrada con candado. Retrocedí un paso cuando noté que su dirección iba hacia mí
- Ven acá, no te haré daño.- pude ver su sonrisa diabólica a la luz de la luna
- Y-yo…debo volver.- giré rápidamente, pero él lo fue mas y tomó mi brazo
- No. Tu jefa está aquí y la mocosa Lourdes está durmiendo. No hay mucho que hacer por ahora
Su aliento me pegó fuerte, era una mezcla de olores desagradables y todos derivados de licores. Mi corazón palpitó más deprisa cuando sentí su mano subir por mi brazo y alojarse en mi mejilla
- Eres bonita.- susurró.- No un monumento espectacular, pero uno promedio ¿Qué crees tu mi amor?.- le habló a la señora sin soltarme
- Creo que yo soy mejor.
- No seas celosa querida. Además ella podría ser de mucha utilidad.
Abrí los ojos de par en par ante sus palabras ¿Para qué era de utilidad?. Mi respuesta no fue formulada, ni pensada mas allá cuando comencé a verlo más cerca y al mismo tiempo tomar mi mano para llevarla allí… ¡Dios mío! ¿Qué era esto?
- Paula.- escuché a mi pequeña y el hombre me soltó como un rayo, a la vez que yo me giraba hacia ella de forma presurosa
- ¡¿Qué es lo que haces en pié Lourdes?.- gritó su madre sobresaltándonos a ambas
- Yo quedía agua.- explicó mi pequeña con su carita asustada
- ¡Yo quedía agua! ¿Acaso no puedes hablar como una niña grande? ¿Hasta cuando te comportas así?.- seguía gritando como loca su madre
- Pedón.- dijo mi pequeña con su mentón tiritando
- No se preocupe señora. La llevaré arriba.
Me apresuré cuando la vi levantarse del sillón tambaleandose. Si era capáz de gritarle de esa forma a su pequeña hija ¡No quería ver de lo que llegaría hacer con sus manos en ella!. Tomé a Lulu en brazos apurada y me encaminé a las escaleras.
domingo, 14 de diciembre de 2014
sábado, 13 de diciembre de 2014
Una Dulce Inocencia: Capítulo 5
Áng y su novio Ben siempre me molestaban respecto a mi vida sentimental, que se resumía a un novio en Forks donde actualmente vivía mi padre y un intento de novio fracasado aquí en Washington, Eric.
- Es una larga historia amiga.- respondí con un gran suspiró.- Pero resumiéndola soy su nueva niñera, desde ayer.- mi amiga abrió los ojos y la boca desmesuradamente
- ¿Y tan rápido te haz ganado la confianza de tu jefa pasa sacarla a donde quieras?.- ¡Si supieras! pensé
- Te lo contaré todo en otra ocasión Áng.-
Miré a Lourdes, dándole a entender que delante de ella no podía ser y mi amiga entendió dándome un asentimiento breve. Me quedé más tiempo del necesario observando como Lourdes recorría los escaparates de dulces y recordé lo que le había prometido la noche anterior un cocholate, como ella lograba pronunciar.
- ¿Qué chocolate quieres Lulu?.- me agaché a su altura
- Mmmm…- miró todos los que se encontraban ahí indecisa.- Quiedo ese Paula.- indicó uno con un gran trencito en frente
- Dame ese chocolate Áng.- pedí mientras veía como los ojitos de Lulu brillaban de emoción
- Un chocolate para Lulu.- le pasó mi amiga, a la vez que yo le pagaba por él.- ¡Oh, no Paula! Este será un regalo mío a tan preciosa señorita
- Gacias.- contestamos al unísono mi damita de compañía y yo
- ¿Paula?.- llamó bajito mi amiga y me acerqué a ella.- ¿Es mi idea o ella no come regularmente dulces?.- entendí su punto al mirar con el afán que Lulu rompía el envoltorio y los ruiditos placenteros que emitía al saborearlo
- No es tu idea amiga.- contesté bajito.- Lo conversaremos mas largo otro día, pero lo único que puedo decirte es que tu vida y la mía juntas, son un pequeño aviso comercial en comparación con lo que se vive en esa casa y eso que llevo solo dos días ahí
Compramos todo y nos fuimos nuevamente a mi departamento. Lulu se tendió en el sofá junto a su chocolate, mientras yo preparaba todo para almorzar unas ricas pastas con salsa blanca. Agradecía todos los días que mi madre me hubiera preparado bien en el arte de la cocina.
Luego de nuestro abundante almuerzo y que fue elogiado por mi pequeña infinidad de veces, y más tarde, prometerle a lo menos tres veces que vendríamos más seguido a mi casa…nos pusimos en marcha nuevamente. Hicimos una pequeña parada donde Ángela para informarle mi paradero en cualquier caso y comprar algunos comestibles para darle un poco de vida a esa pobre despensa y nevera.
- ¿Paula?.- tiró de mi mano Lulu para captar mi atención
- Dime corazón.
- ¿Podemos pasad allí?.- indicó con su dedito unos juegos infantiles
- ¿Quieres que juguemos allí?
- ¿Vas a jugad conmigo?.- preguntó con la ilusión pintada
- Claro ¡Vamos!
Puse mi bolso cruzado, la tomé más firme y como si fuéramos dos niñas pequeñas corrimos dando saltos y riendo a los juegos.
- ¡Ven Lulu!.- la alenté a subir al pequeño tobogán
- Me da miedo Paula.- la verdad era que a mí igual, pero lo encerré en el fondo de mi cabeza
- No tienes nada que temer. Yo te tomaré. Nos subiremos juntas
- Oki doki.
Se acercó despacio hasta mí, la tomé por la cintura y la hice subir primero. Llegadas arriba la senté entre mis piernas. Ella se aferraba con sus pequeñas manitos a mis piernas como una gatita
- ¿Lista?.- pregunté antes de lanzarnos
- ¡Si!.- su grito de júbilo estaba entre la adrenalina y el temor
- Aquí vamos.-
Me tomé de las barandillas y nos impulsé
- ¡Woooow!.- exclamamos las dos al deslizarnos
- ¡Ota ve Paula! ¡Ota ve!.- gritaba Lulu feliz.
Repetimos la acción hasta cansarnos del tobogán. Pasamos por los columpios y la diversidad de juegos que había. Cuando el sol nos anunció que estaba por irse a dormir como dijo Lulu, fue nuestro momento de irnos a casa.
Para cuando llegamos, tuve que cargar a una cansada y dormilona señorita que con el viaje había sucumbido a los brazos de Morfeo. El chofer se apiadó de mí y me ayudó a cargar las bolsas de comida, muñeca y bolso de ropa.
Una vez dentro de la casa me dirigí al cuarto de Lourdes, donde la recosté después de cambiarla. Bajé a prepararle un tazón de leche y volví con ella. Se tomó su leche entre dormida y despierta, para cuando terminó sus ojos ya estaban cerrados nuevamente. La arropé y me dispuse a salir
- ¿Paula?.- llamó en un susurro
- ¿Si?.- me acerqué hasta sentarme junto a ella
- Dueme comigo.- palmeó con su manita el espacio vacío en su cama. Sonreí
- Claro corazón. Voy abajo y vuelvo.- ella asintió con sus ojitos cerrados
- ¿Paula?.- volvió a hablar mientras yo la observaba
- Estoy aquí.- pasé mi mano por su mejilla sonrosada
- Siempe. Te quieo Paula.- le dió un beso a mi mano y se acurrucó
La miré y sonreí con tristeza. Ella se había encariñado conmigo en dos días y todo porque estaba segura que había dedicado más tiempo que su madre en estos cuatro años de su corta vida. Dándole un gran beso en su frente, bajé a la cocina…sin embargo al llegar al primer escalón una luz parpadeante de tono rojo en el aparato telefónico me hizo detener mi paso.
Me acerqué y pulsé el botón que indicaba el parpadeo.
"Sra. Victoria, he llamado para saber como está Lourdes y para el pago de mi finiquito. Volveré a intentarlo mañana. María"
Una misma luz parpadeante se encendió en mi cabeza y me incliné a la pantalla del teléfono el cual mostraba un número de teléfono móvil. Tomé una hoja y lápiz y anoté el dato, podría por fin obtener más información de todo este embrollo familiar. De pronto un pitido la hizo saltar…
- Es una larga historia amiga.- respondí con un gran suspiró.- Pero resumiéndola soy su nueva niñera, desde ayer.- mi amiga abrió los ojos y la boca desmesuradamente
- ¿Y tan rápido te haz ganado la confianza de tu jefa pasa sacarla a donde quieras?.- ¡Si supieras! pensé
- Te lo contaré todo en otra ocasión Áng.-
Miré a Lourdes, dándole a entender que delante de ella no podía ser y mi amiga entendió dándome un asentimiento breve. Me quedé más tiempo del necesario observando como Lourdes recorría los escaparates de dulces y recordé lo que le había prometido la noche anterior un cocholate, como ella lograba pronunciar.
- ¿Qué chocolate quieres Lulu?.- me agaché a su altura
- Mmmm…- miró todos los que se encontraban ahí indecisa.- Quiedo ese Paula.- indicó uno con un gran trencito en frente
- Dame ese chocolate Áng.- pedí mientras veía como los ojitos de Lulu brillaban de emoción
- Un chocolate para Lulu.- le pasó mi amiga, a la vez que yo le pagaba por él.- ¡Oh, no Paula! Este será un regalo mío a tan preciosa señorita
- Gacias.- contestamos al unísono mi damita de compañía y yo
- ¿Paula?.- llamó bajito mi amiga y me acerqué a ella.- ¿Es mi idea o ella no come regularmente dulces?.- entendí su punto al mirar con el afán que Lulu rompía el envoltorio y los ruiditos placenteros que emitía al saborearlo
- No es tu idea amiga.- contesté bajito.- Lo conversaremos mas largo otro día, pero lo único que puedo decirte es que tu vida y la mía juntas, son un pequeño aviso comercial en comparación con lo que se vive en esa casa y eso que llevo solo dos días ahí
Compramos todo y nos fuimos nuevamente a mi departamento. Lulu se tendió en el sofá junto a su chocolate, mientras yo preparaba todo para almorzar unas ricas pastas con salsa blanca. Agradecía todos los días que mi madre me hubiera preparado bien en el arte de la cocina.
Luego de nuestro abundante almuerzo y que fue elogiado por mi pequeña infinidad de veces, y más tarde, prometerle a lo menos tres veces que vendríamos más seguido a mi casa…nos pusimos en marcha nuevamente. Hicimos una pequeña parada donde Ángela para informarle mi paradero en cualquier caso y comprar algunos comestibles para darle un poco de vida a esa pobre despensa y nevera.
- ¿Paula?.- tiró de mi mano Lulu para captar mi atención
- Dime corazón.
- ¿Podemos pasad allí?.- indicó con su dedito unos juegos infantiles
- ¿Quieres que juguemos allí?
- ¿Vas a jugad conmigo?.- preguntó con la ilusión pintada
- Claro ¡Vamos!
Puse mi bolso cruzado, la tomé más firme y como si fuéramos dos niñas pequeñas corrimos dando saltos y riendo a los juegos.
- ¡Ven Lulu!.- la alenté a subir al pequeño tobogán
- Me da miedo Paula.- la verdad era que a mí igual, pero lo encerré en el fondo de mi cabeza
- No tienes nada que temer. Yo te tomaré. Nos subiremos juntas
- Oki doki.
Se acercó despacio hasta mí, la tomé por la cintura y la hice subir primero. Llegadas arriba la senté entre mis piernas. Ella se aferraba con sus pequeñas manitos a mis piernas como una gatita
- ¿Lista?.- pregunté antes de lanzarnos
- ¡Si!.- su grito de júbilo estaba entre la adrenalina y el temor
- Aquí vamos.-
Me tomé de las barandillas y nos impulsé
- ¡Woooow!.- exclamamos las dos al deslizarnos
- ¡Ota ve Paula! ¡Ota ve!.- gritaba Lulu feliz.
Repetimos la acción hasta cansarnos del tobogán. Pasamos por los columpios y la diversidad de juegos que había. Cuando el sol nos anunció que estaba por irse a dormir como dijo Lulu, fue nuestro momento de irnos a casa.
Para cuando llegamos, tuve que cargar a una cansada y dormilona señorita que con el viaje había sucumbido a los brazos de Morfeo. El chofer se apiadó de mí y me ayudó a cargar las bolsas de comida, muñeca y bolso de ropa.
Una vez dentro de la casa me dirigí al cuarto de Lourdes, donde la recosté después de cambiarla. Bajé a prepararle un tazón de leche y volví con ella. Se tomó su leche entre dormida y despierta, para cuando terminó sus ojos ya estaban cerrados nuevamente. La arropé y me dispuse a salir
- ¿Paula?.- llamó en un susurro
- ¿Si?.- me acerqué hasta sentarme junto a ella
- Dueme comigo.- palmeó con su manita el espacio vacío en su cama. Sonreí
- Claro corazón. Voy abajo y vuelvo.- ella asintió con sus ojitos cerrados
- ¿Paula?.- volvió a hablar mientras yo la observaba
- Estoy aquí.- pasé mi mano por su mejilla sonrosada
- Siempe. Te quieo Paula.- le dió un beso a mi mano y se acurrucó
La miré y sonreí con tristeza. Ella se había encariñado conmigo en dos días y todo porque estaba segura que había dedicado más tiempo que su madre en estos cuatro años de su corta vida. Dándole un gran beso en su frente, bajé a la cocina…sin embargo al llegar al primer escalón una luz parpadeante de tono rojo en el aparato telefónico me hizo detener mi paso.
Me acerqué y pulsé el botón que indicaba el parpadeo.
"Sra. Victoria, he llamado para saber como está Lourdes y para el pago de mi finiquito. Volveré a intentarlo mañana. María"
Una misma luz parpadeante se encendió en mi cabeza y me incliné a la pantalla del teléfono el cual mostraba un número de teléfono móvil. Tomé una hoja y lápiz y anoté el dato, podría por fin obtener más información de todo este embrollo familiar. De pronto un pitido la hizo saltar…
Una Dulce Inocencia: Capítulo 4
Suaves susurros llegaron a mis oídos desde algún lugar cercano. Intenté no hacer ningún movimiento y aun con los ojos cerrados, hice trabajar mi mente para localizarme en el lugar que estaba; entonces recordé el trabajo, la mujer loca, la casa desierta y ella, la pequeña preciosidad que me siguió paso a paso todo el día. Ahí comprendí que esos susurros eran provocados por ella. Pero ¿Con quién estaba hablando? Decidí agudizar mi oído y ponerme alerta, ante cualquier eventualidad
- Si Lucy, ella es muy bonita.- silencio.- Yo también espedo lo mismo, que no se vaya nunca- otro silencio más.- A mi tampoco me gusta estad sola.
Decidí abrir un solo ojo para ver con quien hablaba por teléfono por lo que intuí, pero sólo me encontré con dos ojitos azules muy cerca de mi rostro y una muñeca casi idéntica a ella en su mano derecha, con su cara igualmente hacia mí. Una sonrisa radiante surcó la cara de Lourdes al darse cuenta que estaba despierta
- Buenos días.- aclaré mi garganta al sentirla ronca.
- Hola Paula ¿Cómo domiste?.- sonreí por su preocupación.
- Muy bien corazón ¿Y tú?
Los pequeños luceros de Lourdes, se abrieron de par en par con su vista fija en mí. No entendí que pasaba, así que alarmada me puse de pié y la tomé suavemente por los hombros para preguntar que ocurría
- ¿Lourdes? ¿Estás bien? ¿Te ocurre algo?- pregunté frenéticamente, mientras la mecía suavemente
- ¿La oíste Lucy?- ignoró mis preguntas y le habló a su muñeca. - Me llamó codazón. - y una hermosa sonrisa se extendió por su carita.
- ¿Lourdes?.- susurré sintiendo una opresión en mi pecho al oír sus palabras
- Estoy feliz.- fue su respuesta.- ¿Y tú?.- quedó expectante a mi contestación
- Yo también estoy feliz corazón…
Un enorme abrazo fue mi recompensa y así, con sus delgados y pequeños bracitos alrededor de mi cuello comenzamos nuestro día, totalmente planificado para no borrar nunca esa sonrisa en su carita.
Una vez listas y preparadas, pedimos un taxi y nos dirigimos a mi humilde departamento. No sabía si era buena idea llevarla allí, era un lugar completamente opuesto a lo que ella estaba acostumbrada, pero no era opción dejarla sola y yo necesitaba una muda de ropa con urgencia.
Mientras pasábamos las calles e íbamos cómodamente sentadas en los asientos traseros, Lourdes observaba anonadada todo cuanto pasaba por su vista. No pude evitar preguntarme ¿Cuántas veces habrá salido de esa jaula de cristal, es decir, su casa?.
Media hora más tarde Lourdes, Lucy su muñeca y yo, estábamos paradas frente a lo que era mi edificio. Tomé su mano y nos encaminamos escaleras arriba. Cada cuanto nos encontramos con algunos de mis vecinos que nos saludaban animadamente y alababan la hermosura de la pequeña vestida de total rosado que iba tomada de mi mano. Llegamos a mi puerta, la abrí e hice señas para que entrara.
- ¿Tu vives aquí Paula?.- miraba curiosa todo a su alrededor, que no era mucho
- Si, vivo aquí hace varios años.
- ¿Y tus papás?.- se sentó en el sofá y acomodó a Lucy a su lado.
- Ellos viven en otro lado. Yo vivo sola aquí.
Se quedó mirándome un tiempo. Su boca hizo cómicos gestos y luego sonrió en grande.
- Somos iguales.- declaró alegremente, sin darme a entender a que se refería.
- ¿Por qué somos iguales?.- me acerqué hasta estar de cuclillas frente a ella.
- Mi mamá y mis papás tampoco están conmigo todo el tiempo. Y tus papás tampoco contigo. Somos iguales.- la diferencia era que ella jamás debería estar sola. Ella era un bebé.
Acaricié su cabello y le sonreí, claro que mi sonrisa era una enmarcada por tristeza y lástima. Ella tenía razón y éramos similares, pero no debía ser así…no era normal y menos aceptable. Le encendía la TV y le dispuse todo cuanto podía necesitar mientras me daba una rápida ducha y me cambiaba de ropa.
Mientras terminaba de arreglarme, cada tanto me asomaba por la puerta para verla que hacía o si necesitaba algo, pero siempre la encontraba en la misma posición. Terminé de alistarme, guardé el cheque en mi escondite, empaqué un par de mudas por si era necesario y me aparecí frente a ella.
- Estoy lista ¿Nos vamos a comer un rico desayuno en algún lugar de esta enorme ciudad?.- canturree alegre. Lourdes me miró y dudó en contestar.- ¿Qué ocurre pequeña?.- cuestioné al verle indecisa.
- Paula…- susurró quedito.
- ¿Pasa algo Lourdes?.- sabía que algo quería decirme, pero no lograba dar con lo que podía ser y como siempre me sorprendí.
- Podemos quedadnos aquí.- se mordió el labio y reí, ya que era una muletilla muy marcada mía cuando estaba nerviosa, sin embargo, estaba sorprendida por su planteamiento
- ¿Aquí?.- pregunté incrédula.
- Sip, aquí. Me gusta tu casa Paula.
Si antes estaba anonadada, ahora ya no tenía palabras. Había estado dubitativa de traerla a mi casa, si bien estaba todo en orden y limpia, distaba mucho de tener todas y cada una de las comodidades que se encontraban en su hogar. Además de ser un espacio reducido y sin mayores atracciones. Una amplia sonrisa se expandió por mi rostro y al parecer fue suficiente para que ella entendiera que mi respuesta era positiva.
- Oki doki, nos quedaremos aquí. Pero antes debemos ir a comprar las cosas necesarias para…- no me dejó terminar.
- ¡Yupiiii!.- saltó feliz del sofá y corrió a la puerta.
- Pero antes.- la tomé y la guié a la mesa.- Vamos a tomar un rico cereal con leche.
- Oki doki.- imitó mis palabras y se sentó educadamente en su sitio.
En menos de cinco minutos había comido todo lo que había puesto en la mesa: un jugo de naranja, cereal con leche y dos tostadas con mermelada. Estaba segura que su madre me hubiera crucificado por darle tanto de comer, pero no dejaría que una niña se convirtiera en una anoréxica.
Luego de dejar todo limpio y que Lourdes recorriera todo el espacio que abarcaba mi departamento, nos dirigimos al negocio que se ubicaba en la esquina de mi edificio, el cual era propiedad de mi amiga y vecina de piso, Ángela.
- ¡Paula!.- exclamó cuando me vió.- Mujer por Dios ¿Dónde te habías metido? Ayer fui y toqué tu puerta… ¡Oh!.- exclamó al ver a mi pequeña acompañante.- ¿Y quien es esta señorita rosa?
- Ella es Lourdes. Lourdes ella es mi amiga Ángela.- las presenté
- Hola, soy Lourdes.- repitió ella en forma educada.- Pero me llaman Lulu.- ambas reímos por su formalidad.
- ¿Y de donde la haz sacado Paula? ¿Acaso la robaste? ¿A falta de pareja, preferiste ser madre soltera?
- Si Lucy, ella es muy bonita.- silencio.- Yo también espedo lo mismo, que no se vaya nunca- otro silencio más.- A mi tampoco me gusta estad sola.
Decidí abrir un solo ojo para ver con quien hablaba por teléfono por lo que intuí, pero sólo me encontré con dos ojitos azules muy cerca de mi rostro y una muñeca casi idéntica a ella en su mano derecha, con su cara igualmente hacia mí. Una sonrisa radiante surcó la cara de Lourdes al darse cuenta que estaba despierta
- Buenos días.- aclaré mi garganta al sentirla ronca.
- Hola Paula ¿Cómo domiste?.- sonreí por su preocupación.
- Muy bien corazón ¿Y tú?
Los pequeños luceros de Lourdes, se abrieron de par en par con su vista fija en mí. No entendí que pasaba, así que alarmada me puse de pié y la tomé suavemente por los hombros para preguntar que ocurría
- ¿Lourdes? ¿Estás bien? ¿Te ocurre algo?- pregunté frenéticamente, mientras la mecía suavemente
- ¿La oíste Lucy?- ignoró mis preguntas y le habló a su muñeca. - Me llamó codazón. - y una hermosa sonrisa se extendió por su carita.
- ¿Lourdes?.- susurré sintiendo una opresión en mi pecho al oír sus palabras
- Estoy feliz.- fue su respuesta.- ¿Y tú?.- quedó expectante a mi contestación
- Yo también estoy feliz corazón…
Un enorme abrazo fue mi recompensa y así, con sus delgados y pequeños bracitos alrededor de mi cuello comenzamos nuestro día, totalmente planificado para no borrar nunca esa sonrisa en su carita.
Una vez listas y preparadas, pedimos un taxi y nos dirigimos a mi humilde departamento. No sabía si era buena idea llevarla allí, era un lugar completamente opuesto a lo que ella estaba acostumbrada, pero no era opción dejarla sola y yo necesitaba una muda de ropa con urgencia.
Mientras pasábamos las calles e íbamos cómodamente sentadas en los asientos traseros, Lourdes observaba anonadada todo cuanto pasaba por su vista. No pude evitar preguntarme ¿Cuántas veces habrá salido de esa jaula de cristal, es decir, su casa?.
Media hora más tarde Lourdes, Lucy su muñeca y yo, estábamos paradas frente a lo que era mi edificio. Tomé su mano y nos encaminamos escaleras arriba. Cada cuanto nos encontramos con algunos de mis vecinos que nos saludaban animadamente y alababan la hermosura de la pequeña vestida de total rosado que iba tomada de mi mano. Llegamos a mi puerta, la abrí e hice señas para que entrara.
- ¿Tu vives aquí Paula?.- miraba curiosa todo a su alrededor, que no era mucho
- Si, vivo aquí hace varios años.
- ¿Y tus papás?.- se sentó en el sofá y acomodó a Lucy a su lado.
- Ellos viven en otro lado. Yo vivo sola aquí.
Se quedó mirándome un tiempo. Su boca hizo cómicos gestos y luego sonrió en grande.
- Somos iguales.- declaró alegremente, sin darme a entender a que se refería.
- ¿Por qué somos iguales?.- me acerqué hasta estar de cuclillas frente a ella.
- Mi mamá y mis papás tampoco están conmigo todo el tiempo. Y tus papás tampoco contigo. Somos iguales.- la diferencia era que ella jamás debería estar sola. Ella era un bebé.
Acaricié su cabello y le sonreí, claro que mi sonrisa era una enmarcada por tristeza y lástima. Ella tenía razón y éramos similares, pero no debía ser así…no era normal y menos aceptable. Le encendía la TV y le dispuse todo cuanto podía necesitar mientras me daba una rápida ducha y me cambiaba de ropa.
Mientras terminaba de arreglarme, cada tanto me asomaba por la puerta para verla que hacía o si necesitaba algo, pero siempre la encontraba en la misma posición. Terminé de alistarme, guardé el cheque en mi escondite, empaqué un par de mudas por si era necesario y me aparecí frente a ella.
- Estoy lista ¿Nos vamos a comer un rico desayuno en algún lugar de esta enorme ciudad?.- canturree alegre. Lourdes me miró y dudó en contestar.- ¿Qué ocurre pequeña?.- cuestioné al verle indecisa.
- Paula…- susurró quedito.
- ¿Pasa algo Lourdes?.- sabía que algo quería decirme, pero no lograba dar con lo que podía ser y como siempre me sorprendí.
- Podemos quedadnos aquí.- se mordió el labio y reí, ya que era una muletilla muy marcada mía cuando estaba nerviosa, sin embargo, estaba sorprendida por su planteamiento
- ¿Aquí?.- pregunté incrédula.
- Sip, aquí. Me gusta tu casa Paula.
Si antes estaba anonadada, ahora ya no tenía palabras. Había estado dubitativa de traerla a mi casa, si bien estaba todo en orden y limpia, distaba mucho de tener todas y cada una de las comodidades que se encontraban en su hogar. Además de ser un espacio reducido y sin mayores atracciones. Una amplia sonrisa se expandió por mi rostro y al parecer fue suficiente para que ella entendiera que mi respuesta era positiva.
- Oki doki, nos quedaremos aquí. Pero antes debemos ir a comprar las cosas necesarias para…- no me dejó terminar.
- ¡Yupiiii!.- saltó feliz del sofá y corrió a la puerta.
- Pero antes.- la tomé y la guié a la mesa.- Vamos a tomar un rico cereal con leche.
- Oki doki.- imitó mis palabras y se sentó educadamente en su sitio.
En menos de cinco minutos había comido todo lo que había puesto en la mesa: un jugo de naranja, cereal con leche y dos tostadas con mermelada. Estaba segura que su madre me hubiera crucificado por darle tanto de comer, pero no dejaría que una niña se convirtiera en una anoréxica.
Luego de dejar todo limpio y que Lourdes recorriera todo el espacio que abarcaba mi departamento, nos dirigimos al negocio que se ubicaba en la esquina de mi edificio, el cual era propiedad de mi amiga y vecina de piso, Ángela.
- ¡Paula!.- exclamó cuando me vió.- Mujer por Dios ¿Dónde te habías metido? Ayer fui y toqué tu puerta… ¡Oh!.- exclamó al ver a mi pequeña acompañante.- ¿Y quien es esta señorita rosa?
- Ella es Lourdes. Lourdes ella es mi amiga Ángela.- las presenté
- Hola, soy Lourdes.- repitió ella en forma educada.- Pero me llaman Lulu.- ambas reímos por su formalidad.
- ¿Y de donde la haz sacado Paula? ¿Acaso la robaste? ¿A falta de pareja, preferiste ser madre soltera?
Una Dulce Inocencia: Capítulo 3
- ¿Y…porqué te gusta más él?
- No sé.- se encogió de hombros.- Es que el me saluda cuando esta aquí.
Si antes no tenía palabras, ahora estaban en un nudo en mi garganta. Le puse la TV con dibujos animados y bajé a tomar aire. Me fui al patio y prendí un cigarrillo. Con eso mi mente voló a mi niñez: si bien papá siempre trabajó, jamás pude decir que no fuera un padre cariñoso ¡Y por su puesto que me saludaba todos y cada uno de los días!
No quería hacerme ideas erróneas de lo que acababa de ver en mi primer día de trabajo en esta casa, pero todo me indicaba que Lourdes no contaba con nadie y que la única persona que debía estar para ella…era la que menos lo hacía.
...
El resto del día pasó sin mayores cosas. Ordené y limpié todo lo que se cruzaba en mi camino, con una pequeña sombra a mis espaldas, sombra que cada vez que cruzaba su mirada con la mía dos pequeños hoyuelos hacían su aparición y dos espacios en sus pequeños dientes relucían…era una bebé adorable.
Me reía mucho con sus intentos de pronunciar la R, era lo único que mas le costaba, porque sin duda alguna a pesar de todo, era una niña demasiado inteligente para su edad. Demasiado en algunas cosas.
Lourdes se durmió luego de volver a comer otro plato de esas verduras y yo me quedé en el sofá al lado de su cama.
Mañana sería un nuevo día. Iríamos de compras para surtir esa pobre despensa y nevera, trataría de comunicarme con María para saber mas menos algo del trabajo y lo más importante, haría que al menos los días que estuviera aquí, ella fuera una niña feliz, así como yo lo había sido en mi infancia.
- Cocholate Paula.- susurró Lourdes en sueños.
Como recordatorio de sus ojitos brillando cuando habíamos visto una película sobre una fábrica de chocolate y yo le había prometido regalarle, si bien no una fábrica, al menos un pedacito de ella.
Esa sería mi prioridad para el día de mañana, un chocolate para ella.
- No sé.- se encogió de hombros.- Es que el me saluda cuando esta aquí.
Si antes no tenía palabras, ahora estaban en un nudo en mi garganta. Le puse la TV con dibujos animados y bajé a tomar aire. Me fui al patio y prendí un cigarrillo. Con eso mi mente voló a mi niñez: si bien papá siempre trabajó, jamás pude decir que no fuera un padre cariñoso ¡Y por su puesto que me saludaba todos y cada uno de los días!
No quería hacerme ideas erróneas de lo que acababa de ver en mi primer día de trabajo en esta casa, pero todo me indicaba que Lourdes no contaba con nadie y que la única persona que debía estar para ella…era la que menos lo hacía.
...
El resto del día pasó sin mayores cosas. Ordené y limpié todo lo que se cruzaba en mi camino, con una pequeña sombra a mis espaldas, sombra que cada vez que cruzaba su mirada con la mía dos pequeños hoyuelos hacían su aparición y dos espacios en sus pequeños dientes relucían…era una bebé adorable.
Me reía mucho con sus intentos de pronunciar la R, era lo único que mas le costaba, porque sin duda alguna a pesar de todo, era una niña demasiado inteligente para su edad. Demasiado en algunas cosas.
Lourdes se durmió luego de volver a comer otro plato de esas verduras y yo me quedé en el sofá al lado de su cama.
Mañana sería un nuevo día. Iríamos de compras para surtir esa pobre despensa y nevera, trataría de comunicarme con María para saber mas menos algo del trabajo y lo más importante, haría que al menos los días que estuviera aquí, ella fuera una niña feliz, así como yo lo había sido en mi infancia.
- Cocholate Paula.- susurró Lourdes en sueños.
Como recordatorio de sus ojitos brillando cuando habíamos visto una película sobre una fábrica de chocolate y yo le había prometido regalarle, si bien no una fábrica, al menos un pedacito de ella.
Esa sería mi prioridad para el día de mañana, un chocolate para ella.
viernes, 12 de diciembre de 2014
Una Dulce Inocencia: Capítulo 2
- Lourdes.- solté todo el aire de golpe con su respuesta.- **** me dicen Lulu. - volví a quedarme ahogada.- ¿Tu como te llamas?
No respondí su pregunta, estaba en shock. Caminé como zombie hacia la mesa ubicada en la entrada de la casa para buscar el papel que mi jefa me había dado…o mi ex jefa, teniendo en cuenta que llevaba mas de una hora en esta casa y no había caído en cuenta que tenía una menor a mi cargo ¡Dios! ¿Qué clase de nana soy? La peor.
Tomé la hoja y me voltee hacia Lourdes que me había seguido de cerca para darle una pequeña sonrisa que seguro debía haber salido como una horrible mueca del monstruo del Lago Ness. El papel parecía pesar en mis manos, así que de forma rápida comencé a leer.
"Mi nombre es Victoria Harrison, si lo sé, solo con decir mi nombre ya sabes quien soy" negué inconscientemente, jamás en mi vida había escuchado ese nombre "Si, soy la misma modelo que sale en TV, revistas y todo aquello que implique sinónimo de belleza…"
pasé de forma rápida por las quince primeras líneas, donde garabateaba una biografía completa de su carrera ¿Acaso esto era un currículum?
"Pocos llamados se realizan a casa, pero debe tomar especial atención con el llamado de Samantha Wilson. Las palabras exactas a relatar son las siguientes: Lulu está bien, el tutor viene cada tarde, sus controles médicos están al día"
Fruncí el seño hasta hacer chocar mis cejas ¿Quién era Samantha Wilson?
"Lourdes pasa la mayor parte del tiempo en su habitación"
¿A qué niña le gusta eso? Esta casa era extraña y sus integrantes por lo visto, mucho más
"Si Samantha pregunta desde cuando trabajas para mí, la respuesta es la siguiente: La contraté luego de una exhaustiva entrevista y comprobación de sus recomendaciones desde hace mas menos una semana.
¿Exhaustiva entrevista? ¿Comprobación de recomendaciones? Pero si ni siquiera tenía una y para ser más exactos había tenido que gritarle mi nombre, por si le interesaba, que por lo visto, era NO.
"Lulu se ve una niña extremadamente feliz con su madre"
Di vuelta la hoja buscando más información, pero todo era blanco ¿Dónde estaba las horas de comida de su hija? ¿Un teléfono de emergencia? ¿Sus horas de dormir? ¿La clase de alimentos que come? ¡¿Las comidas que no debe ingerir? ¿Enfermedades? Nada ¡Nada!
¡****! ¿Estaban todos locos? ¿O la vida de los ricos era tan endemoniadamente así? De pronto unos jalones en mi polera me recordaron que no estaba sola…que estaba al cuidado de la hija de una loca por dos días y no tenía idea de nada ¡Dios, ayúdame!
- Dime.- me agaché a su altura
- ¿Cómo te llamas?.- recordé que aun no se lo decía, al menos la niña era mas sensata que la madre, se interesaba por el nombre de la desconocida
- Me llamo Paula.
- Me gusta Paula.- sonrió mostrando la falta de dos pequeños dientes.- Tengo hambde.
- ¡Oh, claro!.- comencé a caminar, pero de pronto un fino carraspeo me hizo girar
Lourdes solo indicó con su pequeño dedo en dirección contraria a la que yo iba decidida ¡Seria excelente idea tener un mapa de la casa!. Llegando por fin a la cocina, urge por todos los rincones hasta que encontré platos y copas, me dirigí a la nevera y pregunté
- ¿Qué quieres co…?.- mi pregunta quedó a mitad al ver el contenido de la nevera
Una fuente con una cuantas verduras, una jarra con un liquido café claro y otras cosas extra que se etiquetaban como DIET, era todo lo que contenía una nevera que me doblaba en tamaño ¿Era esto lo que comía esta niña? Mi pregunta no formulada fue rápidamente respondida
- Esa es mi comida.- seguí su dedo hasta alcanzar verduras
- ¿Estás segura?.- inquirí no muy convencida
- Ajá, mamá dice que debo cuidar mi figuda.
Ok, en cualquier otro caso me hubiera reído de su comentario ¡Pero estábamos hablando de una niña! ¡No una súper modelo!, además es de conocimiento público que las verduras son el último alimento que preferiría un niño, al menso era así conmigo
Tras batallar conmigo misma, decidí darle ese pocillo con verduras y un jarro con el agua que nombró como vitamina, que estaba segura no era ni por asomo eso; sino mas bien unos de esos inventos para quemar grasas ¡Por Dios! Bajo mi tutela, sería el último día que Lourdes comería tan poco, aunque me acusaran de "Niños en forma de bola"
Luego de haber comido, si se le podía llamar así, comencé mi plan de escudriñar el manicomio en el que me había metido
- ¿Cuántos años tienes Lourdes?.
- Cuato.- respondió con su boquita llena de verduras y dejando de lado su servicio para mostrar cuatro deditos
- ¿Tu mamá viaja mucho?.- pregunté como no quiere la cosa
- Sip, todas las semanas
- ¿Y con quien te quedas?.
- A veces con Madía y otras con otras niñas que no conozco.-
Abrí los ojos al punto de sentirlos gritarme que los perdería por el piso si seguía así. Esta niña prácticamente pasaba sola o con desconocidos todo el tiempo ¿Qué clase de madre deja un hijo con alguien que recién conoce? Podría yo misma haber sido una psicópata ¡O una violadora de niños pequeños!
- ¿Y por qué María no vino ahora?.- seguí con mi interrogatorio, manteniendo la calma que ya había perdido
- Poque se comió una semilla que la hace tened una badiga así.- puso sus manos como una pelotita en su estómago, señal de un bebé a bordo
- ¡Oh, que bien!.- no supe ni porque dije eso, era todo mal con esto.
- Sip.
De pronto caí en cuenta. La niña debería tener un papá ¿Dónde diablos estaba metido ese hombre? Seguí ordenando ropa tirada en la recamara de Lourdes y maquinando la forma de preguntar por el ¿Quizás y la señora era madre soltera?
- ¿Y quienes más te vienen a visitar?.- era una forma adecuada de ni muy directa, ni muy indirecta
- Papá.
Ok, el susodicho en cuestión existía, el problema era ¿Dónde condenado estaba?
- ¿Y donde está el?.
- ¿Quién?.- me miró extrañada
- Tu papá.
- ¿Cuál de todos?.
Hubo un ruido grande, muy grande, en el cual pensé que era mi mandíbula rebotar contra el carísimo piso en el que estaban plantados mis pies, pero no era eso, sino la delicada figura que había pasado a llevar por darme vuelta como un torbellino hacia la niña.
- ¿C-como que…cual de t-todos?.- tartamudee ante tamaña información.
- Es que tengo dos.- y usó sus deditos para acentuar su respuesta.- Está mi papá James y mi papá Félix.- abrí la boca para preguntar, pero ella siguió con su relato.- A mi me gusta más mi papá Félix.
No respondí su pregunta, estaba en shock. Caminé como zombie hacia la mesa ubicada en la entrada de la casa para buscar el papel que mi jefa me había dado…o mi ex jefa, teniendo en cuenta que llevaba mas de una hora en esta casa y no había caído en cuenta que tenía una menor a mi cargo ¡Dios! ¿Qué clase de nana soy? La peor.
Tomé la hoja y me voltee hacia Lourdes que me había seguido de cerca para darle una pequeña sonrisa que seguro debía haber salido como una horrible mueca del monstruo del Lago Ness. El papel parecía pesar en mis manos, así que de forma rápida comencé a leer.
"Mi nombre es Victoria Harrison, si lo sé, solo con decir mi nombre ya sabes quien soy" negué inconscientemente, jamás en mi vida había escuchado ese nombre "Si, soy la misma modelo que sale en TV, revistas y todo aquello que implique sinónimo de belleza…"
pasé de forma rápida por las quince primeras líneas, donde garabateaba una biografía completa de su carrera ¿Acaso esto era un currículum?
"Pocos llamados se realizan a casa, pero debe tomar especial atención con el llamado de Samantha Wilson. Las palabras exactas a relatar son las siguientes: Lulu está bien, el tutor viene cada tarde, sus controles médicos están al día"
Fruncí el seño hasta hacer chocar mis cejas ¿Quién era Samantha Wilson?
"Lourdes pasa la mayor parte del tiempo en su habitación"
¿A qué niña le gusta eso? Esta casa era extraña y sus integrantes por lo visto, mucho más
"Si Samantha pregunta desde cuando trabajas para mí, la respuesta es la siguiente: La contraté luego de una exhaustiva entrevista y comprobación de sus recomendaciones desde hace mas menos una semana.
¿Exhaustiva entrevista? ¿Comprobación de recomendaciones? Pero si ni siquiera tenía una y para ser más exactos había tenido que gritarle mi nombre, por si le interesaba, que por lo visto, era NO.
"Lulu se ve una niña extremadamente feliz con su madre"
Di vuelta la hoja buscando más información, pero todo era blanco ¿Dónde estaba las horas de comida de su hija? ¿Un teléfono de emergencia? ¿Sus horas de dormir? ¿La clase de alimentos que come? ¡¿Las comidas que no debe ingerir? ¿Enfermedades? Nada ¡Nada!
¡****! ¿Estaban todos locos? ¿O la vida de los ricos era tan endemoniadamente así? De pronto unos jalones en mi polera me recordaron que no estaba sola…que estaba al cuidado de la hija de una loca por dos días y no tenía idea de nada ¡Dios, ayúdame!
- Dime.- me agaché a su altura
- ¿Cómo te llamas?.- recordé que aun no se lo decía, al menos la niña era mas sensata que la madre, se interesaba por el nombre de la desconocida
- Me llamo Paula.
- Me gusta Paula.- sonrió mostrando la falta de dos pequeños dientes.- Tengo hambde.
- ¡Oh, claro!.- comencé a caminar, pero de pronto un fino carraspeo me hizo girar
Lourdes solo indicó con su pequeño dedo en dirección contraria a la que yo iba decidida ¡Seria excelente idea tener un mapa de la casa!. Llegando por fin a la cocina, urge por todos los rincones hasta que encontré platos y copas, me dirigí a la nevera y pregunté
- ¿Qué quieres co…?.- mi pregunta quedó a mitad al ver el contenido de la nevera
Una fuente con una cuantas verduras, una jarra con un liquido café claro y otras cosas extra que se etiquetaban como DIET, era todo lo que contenía una nevera que me doblaba en tamaño ¿Era esto lo que comía esta niña? Mi pregunta no formulada fue rápidamente respondida
- Esa es mi comida.- seguí su dedo hasta alcanzar verduras
- ¿Estás segura?.- inquirí no muy convencida
- Ajá, mamá dice que debo cuidar mi figuda.
Ok, en cualquier otro caso me hubiera reído de su comentario ¡Pero estábamos hablando de una niña! ¡No una súper modelo!, además es de conocimiento público que las verduras son el último alimento que preferiría un niño, al menso era así conmigo
Tras batallar conmigo misma, decidí darle ese pocillo con verduras y un jarro con el agua que nombró como vitamina, que estaba segura no era ni por asomo eso; sino mas bien unos de esos inventos para quemar grasas ¡Por Dios! Bajo mi tutela, sería el último día que Lourdes comería tan poco, aunque me acusaran de "Niños en forma de bola"
Luego de haber comido, si se le podía llamar así, comencé mi plan de escudriñar el manicomio en el que me había metido
- ¿Cuántos años tienes Lourdes?.
- Cuato.- respondió con su boquita llena de verduras y dejando de lado su servicio para mostrar cuatro deditos
- ¿Tu mamá viaja mucho?.- pregunté como no quiere la cosa
- Sip, todas las semanas
- ¿Y con quien te quedas?.
- A veces con Madía y otras con otras niñas que no conozco.-
Abrí los ojos al punto de sentirlos gritarme que los perdería por el piso si seguía así. Esta niña prácticamente pasaba sola o con desconocidos todo el tiempo ¿Qué clase de madre deja un hijo con alguien que recién conoce? Podría yo misma haber sido una psicópata ¡O una violadora de niños pequeños!
- ¿Y por qué María no vino ahora?.- seguí con mi interrogatorio, manteniendo la calma que ya había perdido
- Poque se comió una semilla que la hace tened una badiga así.- puso sus manos como una pelotita en su estómago, señal de un bebé a bordo
- ¡Oh, que bien!.- no supe ni porque dije eso, era todo mal con esto.
- Sip.
De pronto caí en cuenta. La niña debería tener un papá ¿Dónde diablos estaba metido ese hombre? Seguí ordenando ropa tirada en la recamara de Lourdes y maquinando la forma de preguntar por el ¿Quizás y la señora era madre soltera?
- ¿Y quienes más te vienen a visitar?.- era una forma adecuada de ni muy directa, ni muy indirecta
- Papá.
Ok, el susodicho en cuestión existía, el problema era ¿Dónde condenado estaba?
- ¿Y donde está el?.
- ¿Quién?.- me miró extrañada
- Tu papá.
- ¿Cuál de todos?.
Hubo un ruido grande, muy grande, en el cual pensé que era mi mandíbula rebotar contra el carísimo piso en el que estaban plantados mis pies, pero no era eso, sino la delicada figura que había pasado a llevar por darme vuelta como un torbellino hacia la niña.
- ¿C-como que…cual de t-todos?.- tartamudee ante tamaña información.
- Es que tengo dos.- y usó sus deditos para acentuar su respuesta.- Está mi papá James y mi papá Félix.- abrí la boca para preguntar, pero ella siguió con su relato.- A mi me gusta más mi papá Félix.
Una Dulce Inocencia: Capítulo 1
Un hermoso día soleado azotaba la ciudad de Washington el día de hoy. Desde mi humilde apartamento podía observar la majestuosidad de la ciudad y los pocos alrededores que se divisaban. Parecía que el cielo estaba en completo acuerdo conmigo para salir a recorrer las calles y encontrar un buen trabajo. Había tenido que suspender mis estudios por este año, y pensaba buscar algún buen trabajo para poder ahorrar y el próximo año terminar así mi carrera de Literatura, lo que me llevaría a ser una gran escritora algún día.
Mis padres estaban separados, cada uno viviendo en una ciudad diferente y con sus respectivas nuevas familias. Motivo por el cual, era poca la ayuda económica que podían brindarme en este momento. Había intentado compatibilizar estudios y trabajo, pero se me había hecho imposible por las demandas en ambos lados.
Luego de haberme arreglado para salir, tomé el periódico que había ojeado desde las 8 de la mañana del día anterior, lleno de marcas de los posibles empleos y emprendí rumbo en mi búsqueda.
Siete horas más tarde, con múltiples excusas para no recibirme en ningún lado y agotada en forma excesiva, terminé por desplomarme en una banca de alguna plaza que no ubicaba. Ojee el periódico una vez más, sólo me quedaba un lugar donde ir, pero ni siquiera lo tomaba como opción. Por la dirección, podía comprender que se trataba de alguna familia de clase alta y ellas con mayor razón me rechazarían.
El aviso rezaba solamente "Necesito nana puertas adentro, urgente", no había mayores indicaciones, ni tampoco solicitud de referencias. Tras media hora de meditación, tomé la decisión de presentarme igualmente, no perdía nada…bueno, unos cuantos pesos más en locomoción.
...
Luego de tomar un taxi que me dejó casi sin dinero para devolverme a mi hogar, llegué a una casa relativamente del porte de mi edificio. Perfectamente podía vivir una familia con treinta personas y sobraría espacio, era una casa de cuentos de hadas.
Me encaminé a la puerta, no se veía nadie alrededor, por lo que deduje que toda la familia estaría en sus trabajos, aunque teniendo una casa así, dudaba que el dinero fuera algo que faltara aquí. Toqué dos veces y esperé.
Un minuto más tarde, la mismísima reina de belleza estaba frente a mí. Alta, con un cuerpo envidiable por cualquiera, cabello sedoso largo y rubio, ojos del mismo color del cielo y vestida como para la premiación de los Oscar. Mi autoestima quedó veinte mil metros bajo tierra
- Buenas Tardes.- saludé cuando recuperé mi voz.
- Buenas ¿Vienes por el aviso?.- hasta su voz tenía estilo, incluso sonando ansiosa
- Eh…sí.- lo enseñé.
- ¡Magnífico!.-exclamó extasiada.- Estás contratada.
- ¿Q-qué…?- estaba en shock ¿Acaso había oído bien?
- ¿Buscas el empleo?.- asentí.- Entonces es tuyo.
- Yo…
- No te preocupes por la paga, será mas de lo que podrías ganar incluso en el mejor empleo.- tomó mi brazo y me arrastró dentro de la casa.- Aquí está para que no creas que me aprovecharé de ti.- con eso me pasó un cheque con mas ceros de los que podía tener un número telefónico
- No, yo…- volvió a ignorar mis palabras.
- Tengo que realizar un viaje, de hecho iba saliendo.- abrió su bolso y me entregó un papel.- En caso de que alguien llamara, debes decir todo lo que está ahí escrito
- ¿Qué….- era un hecho, esta mujer no sabía escuchar
- Regresaré en dos días, puedes hacer lo que te plazca en la casa.- tomó unas cosas de la mesa y se giró hacia mi.- Si fumas o bebes, no hay problema. Excepto que debes hacerlo en la sala de juegos
- No, yo no…
- Bien, debo irme. Dentro de dos días estaré de vuelta
- ¡Me llamo Paula!.- grité apresurada antes que volviera a interrumpirme
- Bien Adela, Lulu está en algún lugar de la casa. Adiós.
- ¡Es Paula!.- volví a gritar, pero ella ya estaba dentro de su lujoso auto.- ¿Y quién es Lulu?.- susurré a mi misma.
¿Era yo o el mundo de los ricos estaba al revés que el mío? ¡Ni siquiera me dijo su nombre! Y el mío obviamente no lo capto ni por suerte del destino. Me despojé de mis cosas y sigilosamente me deslicé por la sala. La casa absolutamente hermosa y enorme, al parecer estaba desierta.
Revisé todas y cada una de las habitaciones de la planta baja, a todas las cuales entré nerviosa y dando pequeños golpes, por si había algún integrante de la familia en ellas, pero nada. Estaba absolutamente sola en una casa en la que ya me había perdido un par de veces.
También silbé unas cuantas veces con el fin de llamar a Lulu, pero no hubo respuesta. Porque suponiendo que la casa estaba desolada, lo único que podía quedar era una mascota, la cual se encontraba tan o más perdida que yo en este momento.
Me escabullí hacia un cuarto que parecía ser el de la limpieza, tomé algunos implementos y me devolví a la sala. Si iba a estar aquí, al menos debía hacer algo y aunque todo se veía lujoso y de buen gusto, era muy cierto también que la limpieza no era muy participe de ella, al parecer no había una nana hacía tiempo.
Tomé mi reproductor de música, me puse los audífonos y comencé con mi labor. Entre bailes descoordinados, cantos desafinados y gritos de euforia fui pasando un paño y barriendo por todos lados.
...
Estaba tan ensimismada en mi labor de nana que no reparé en la presencia de alguien hasta que voltee a buscar otras cosas que la ví.
- ¡AHHHH!.- grité a los que mas daba mi voz al ver allí a una pequeña niña de pié mirándome curiosa.
Era una preciosa niña de no más de cinco años, si es que mis cálculos no me fallaban. Vestía un ligero pijama de "Ositos Cariñositos" y era una copia exacta de la loca mujer que acababa de contratarme, aunque su cabello albergaba pequeños mechones de un curioso tono.
Me saqué mis audífonos aturdida por la presencia de ella y aún con el corazón en la mano y me acerqué hacia la preciosa niña.
- ¡Hey!.- traté de sonar amistosa, pero la verdad es que estaba un tanto nerviosa
- Hola.- musitó bajito la pequeña
- ¿De donde haz aparecido?.- era lo primero que necesitaba saber
- Estaba en mi cuadto.- explicó siguiendo con su tono de voz frágil
- ¿En tu habitación?.- repetí incrédula.- ¿Es que acaso vives aquí?.-
- Ajá.- respondió, dejándome anonadada
¿Cómo podía ser que una niña de no más de diez años estuviera sola? ¿Y como su madre no me lo había dicho? Esperen, su madre me habló de Lulu, pero ¿Lulu era una perrita no?
- ¿Cómo te llamas?.- crucé los dedos para que no me dijera Lulu, sería una irresponsable si fuese así.
Mis padres estaban separados, cada uno viviendo en una ciudad diferente y con sus respectivas nuevas familias. Motivo por el cual, era poca la ayuda económica que podían brindarme en este momento. Había intentado compatibilizar estudios y trabajo, pero se me había hecho imposible por las demandas en ambos lados.
Luego de haberme arreglado para salir, tomé el periódico que había ojeado desde las 8 de la mañana del día anterior, lleno de marcas de los posibles empleos y emprendí rumbo en mi búsqueda.
Siete horas más tarde, con múltiples excusas para no recibirme en ningún lado y agotada en forma excesiva, terminé por desplomarme en una banca de alguna plaza que no ubicaba. Ojee el periódico una vez más, sólo me quedaba un lugar donde ir, pero ni siquiera lo tomaba como opción. Por la dirección, podía comprender que se trataba de alguna familia de clase alta y ellas con mayor razón me rechazarían.
El aviso rezaba solamente "Necesito nana puertas adentro, urgente", no había mayores indicaciones, ni tampoco solicitud de referencias. Tras media hora de meditación, tomé la decisión de presentarme igualmente, no perdía nada…bueno, unos cuantos pesos más en locomoción.
...
Luego de tomar un taxi que me dejó casi sin dinero para devolverme a mi hogar, llegué a una casa relativamente del porte de mi edificio. Perfectamente podía vivir una familia con treinta personas y sobraría espacio, era una casa de cuentos de hadas.
Me encaminé a la puerta, no se veía nadie alrededor, por lo que deduje que toda la familia estaría en sus trabajos, aunque teniendo una casa así, dudaba que el dinero fuera algo que faltara aquí. Toqué dos veces y esperé.
Un minuto más tarde, la mismísima reina de belleza estaba frente a mí. Alta, con un cuerpo envidiable por cualquiera, cabello sedoso largo y rubio, ojos del mismo color del cielo y vestida como para la premiación de los Oscar. Mi autoestima quedó veinte mil metros bajo tierra
- Buenas Tardes.- saludé cuando recuperé mi voz.
- Buenas ¿Vienes por el aviso?.- hasta su voz tenía estilo, incluso sonando ansiosa
- Eh…sí.- lo enseñé.
- ¡Magnífico!.-exclamó extasiada.- Estás contratada.
- ¿Q-qué…?- estaba en shock ¿Acaso había oído bien?
- ¿Buscas el empleo?.- asentí.- Entonces es tuyo.
- Yo…
- No te preocupes por la paga, será mas de lo que podrías ganar incluso en el mejor empleo.- tomó mi brazo y me arrastró dentro de la casa.- Aquí está para que no creas que me aprovecharé de ti.- con eso me pasó un cheque con mas ceros de los que podía tener un número telefónico
- No, yo…- volvió a ignorar mis palabras.
- Tengo que realizar un viaje, de hecho iba saliendo.- abrió su bolso y me entregó un papel.- En caso de que alguien llamara, debes decir todo lo que está ahí escrito
- ¿Qué….- era un hecho, esta mujer no sabía escuchar
- Regresaré en dos días, puedes hacer lo que te plazca en la casa.- tomó unas cosas de la mesa y se giró hacia mi.- Si fumas o bebes, no hay problema. Excepto que debes hacerlo en la sala de juegos
- No, yo no…
- Bien, debo irme. Dentro de dos días estaré de vuelta
- ¡Me llamo Paula!.- grité apresurada antes que volviera a interrumpirme
- Bien Adela, Lulu está en algún lugar de la casa. Adiós.
- ¡Es Paula!.- volví a gritar, pero ella ya estaba dentro de su lujoso auto.- ¿Y quién es Lulu?.- susurré a mi misma.
¿Era yo o el mundo de los ricos estaba al revés que el mío? ¡Ni siquiera me dijo su nombre! Y el mío obviamente no lo capto ni por suerte del destino. Me despojé de mis cosas y sigilosamente me deslicé por la sala. La casa absolutamente hermosa y enorme, al parecer estaba desierta.
Revisé todas y cada una de las habitaciones de la planta baja, a todas las cuales entré nerviosa y dando pequeños golpes, por si había algún integrante de la familia en ellas, pero nada. Estaba absolutamente sola en una casa en la que ya me había perdido un par de veces.
También silbé unas cuantas veces con el fin de llamar a Lulu, pero no hubo respuesta. Porque suponiendo que la casa estaba desolada, lo único que podía quedar era una mascota, la cual se encontraba tan o más perdida que yo en este momento.
Me escabullí hacia un cuarto que parecía ser el de la limpieza, tomé algunos implementos y me devolví a la sala. Si iba a estar aquí, al menos debía hacer algo y aunque todo se veía lujoso y de buen gusto, era muy cierto también que la limpieza no era muy participe de ella, al parecer no había una nana hacía tiempo.
Tomé mi reproductor de música, me puse los audífonos y comencé con mi labor. Entre bailes descoordinados, cantos desafinados y gritos de euforia fui pasando un paño y barriendo por todos lados.
...
Estaba tan ensimismada en mi labor de nana que no reparé en la presencia de alguien hasta que voltee a buscar otras cosas que la ví.
- ¡AHHHH!.- grité a los que mas daba mi voz al ver allí a una pequeña niña de pié mirándome curiosa.
Era una preciosa niña de no más de cinco años, si es que mis cálculos no me fallaban. Vestía un ligero pijama de "Ositos Cariñositos" y era una copia exacta de la loca mujer que acababa de contratarme, aunque su cabello albergaba pequeños mechones de un curioso tono.
Me saqué mis audífonos aturdida por la presencia de ella y aún con el corazón en la mano y me acerqué hacia la preciosa niña.
- ¡Hey!.- traté de sonar amistosa, pero la verdad es que estaba un tanto nerviosa
- Hola.- musitó bajito la pequeña
- ¿De donde haz aparecido?.- era lo primero que necesitaba saber
- Estaba en mi cuadto.- explicó siguiendo con su tono de voz frágil
- ¿En tu habitación?.- repetí incrédula.- ¿Es que acaso vives aquí?.-
- Ajá.- respondió, dejándome anonadada
¿Cómo podía ser que una niña de no más de diez años estuviera sola? ¿Y como su madre no me lo había dicho? Esperen, su madre me habló de Lulu, pero ¿Lulu era una perrita no?
- ¿Cómo te llamas?.- crucé los dedos para que no me dijera Lulu, sería una irresponsable si fuese así.
Una Dulce Inocencia: Sinopsis
La vida de Paula Chaves cambia radicalmente. En busca de trabajo como niñera, encuentra algo más. Una pequeña necesitada de amor. Luego de algunos sucesos ella comprende que no puede dejarla sola, donde comienza un nuevo desafío; encontrar al padre.
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