miércoles, 3 de enero de 2024

Juntos A La Par: Sinopis

Un jefe serio y formal acababa de contratar a una secretaria sin miedo a romper las normas.


En cuanto conoció a Paula Chaves, Pedro Alfonso se dió cuenta de que su nueva secretaria era cualquier cosa menos una mujer convencional y no tardó en empezar a preguntarse por qué la había contratado.


Paula estaba algo nerviosa con el trabajo y sabía que lo peor que podía hacer era enamorarse del jefe. Pero, ¿Cómo no iba a enamorarse de un hombre tan increíblemente guapo? Pedro no era de los que se comprometían, pero ella tenía un corazón bueno y generoso que quizá fuera exactamente lo que él necesitaba. 




Ésta es la historia de Sofía en la piel de Paula.

lunes, 1 de enero de 2024

No Esperaba Encontrarte: Epílogo

 —Este jardín es muy embriagador, ¿No crees? —dijo Pedro, mirando las flores del jardín de detrás de la tienda de Leonardo, donde predominaba el rosa—. Después de esto, estoy seguro de que voy a apestar a flores durante una semana.


Pedro hablaba en voz baja para no ofender a su anfitrión. Leandro, el mecánico, el anfitrión en cuestión, estaba sobre la barbacoa. Parecía que a Paula y a sus hermanas les gustaba cómo cocinaba su amigo. No se habían separado del musculoso hombre desde que había comenzado a cocinar. Él podía haber sentido celos de su novia, de su futura esposa. Pero Paula le había explicado que eran sólo amigos.


—Las chicas le animaron a crear este jardín —dijo Iván Barret, sonriendo—. Leonardo se hizo amigo suyo cuando ellas se mudaron aquí, y eso significó mucho para todas.


—Entonces yo también le tengo que estar agradecido —dijo Pedro, atento a Paula.


Cuando ella lo miró y le sonrió coquetamente, a él se le aceleró el corazón. Entonces Valentina le tiró de la manga de la camisa para reclamar su atención.


—¿Qué quieres, piccola? —preguntó, agachándose al nivel de su hija.


—¿Podemos probar la comida? —preguntó la pequeña, sonriendo—. Huele muy bien.


Pedro tomó en brazos a su hija.


—Podemos comer lo que quieras. Quizá tu abuela tenga alguna sugerencia de lo que deberíamos probar primero.


María estaba al lado de Paula y de las hermanas de ésta. La tensión que su madre había tenido reflejada en los ojos ya había desaparecido. Al verlos acercarse, sonrió.


—Aquí está mi nietecita —dijo María con orgullo y placer. Entonces miró a Pedro con los mismos sentimientos reflejados en la mirada.


Valentina había aceptado sin problemas que María hubiera pasado a ser su abuela en vez de su tía. De hecho, le había agradado mucho tener una abuelita. 


—Tengo muchos familiares y tendré aún más —anunció Valentina.


Leonardo terminó de cocinar varios pinchos de carne y se los ofreció a loscomensales.


—Eso es —dijo Iván, agitando el brazo de la pequeña—. Tienes un padre y una nueva mamá, a tu abuela María, a la tía Carla y a la tía Sofía. Y a mí, el tío Iván.


Leonardo carraspeó e Iván prosiguió hablando.


—Y un tío honorario, porque Leonardo es como un hermano para Carla, Paula y Sofía.


Paula estaba muy contenta. Pedro sonreía, ya que su novia estaba más relajada cada día. Sus vestidos se estaban vendiendo rápidamente. ¡Hasta tenía a cuatro empleadas para ayudarla a coser! Él quería casarse con ella lo antes posible…


—¿Cómo está la comida? —preguntó Leonardo a sus invitados—. Quiero saber si el dinero que invertí en el curso de cocina ha merecido la pena.


—Todo está maravilloso.


—Divino.


—Nunca antes había probado algo tan rico —dijo Sofía—. Quizá yo misma haga un curso de cocina.


—Un brindis —dijo Leonardo, levantando su lata de cerveza. Carraspeó y miró a Pedro y a Paula.


Pedro abrazó a su novia, la cual se había mudado con él una semana después de haber aceptado su anillo. Se casarían dentro de un mes. Era poco tiempo, pero él no podía esperar más.


—Por Paula y Pedro —dijo Leonardo.


Todos los demás levantaron sus latas de bebida.


—Que su matrimonio sea estupendo y, si necesitan una persona que se encargue del servicio de cocina, consideraré ayudarlos.


Todos rieron ante aquello. Pedro miró a Paula y deseó llevarla a su casa, a su cama, y tenerla allí hasta que ya no pudiera demostrarle de más maneras cuánto la amaba. De repente, Carla se puso tensa e hizo un extraño sonido. Agarró a su marido del brazo y apretó, forzando una torcida sonrisa. 


—Hum, ¿Saben que hemos estado hablando de cuántos familiares nuevos tiene Valentina? Pues está a punto de tener otro. Acabo de romper aguas.


—Voy a telefonear a una ambulancia —dijo Paula, apresurándose a tomar su bolso—. Siéntala en una silla, Iván —espetó—. ¿No te das cuenta de que la mujer está a punto de dar a luz?


—Dios mío. Deprisa. Voy a acercar el coche a la puerta —Iván agarró a Carla por el brazo. Pero la soltó para buscar desesperadamente las llavesdel coche en sus bolsillos.


María se acercó a Carla y comenzó a tratar de tranquilizarla, en italiano, por lo que la parturienta no entendió nada. Pedro tomó en brazos a Valentina y agarró con su otra mano a Paula.


—¡Dense prisa! El bebé puede llegar en cualquier momento.


—Apagaré la barbacoa —dijo Leonardo—. Podemos ir en mi cuatro por cuatro. Podemos ir todos, y yo puedo conducir rápido.


Durante un momento de locura, todos comenzaron a dar vueltas, ansiosos, mientras Carla estaba allí de pie con los ojos como platos.


—¡Se calman! —gritó Sofía.


La impresión de ver a la pequeña de las hermanas Chaves tomar el mando, provocó que todos se estuvieran quietos.


—Leonardo, bájale a Carla unas toallas limpias de tu piso. ¡Ahora! — ordenó Sofía.


—Pedro y Paula, lleven a Valentina y a María en su coche. Nos veremos en el hospital —dijo, indicándoles el hospital que Carla había elegido para dar a luz—. Iván, tus llaves están en el bolsillo de tu camisa. Agárralas, lleva a tu esposa al coche y conduce con cuidado hacia el hospital. Yo iré con Leonardo y nos veremos allí.


En ese momento, Carla gimió y se agarró la tripa.


—Está bien. Conduce con cuidado, pero lo más rápido que puedas —le ordenó Sofía a Iván.


Mientras se dirigían a su coche, Paula miró a Pedro.


—Estoy a punto de convertirme en tía —dijo, con un brillo protector reflejado en la mirada—. Será mejor que cuiden bien de mi hermana en el hospital.


—Estará bien —la tranquilizó Pedro, dándole un fugaz beso en la boca—. Estaremos todos allí para asegurarnos de que así sea. 


Paula respiró profundamente.


—Está bien. Tienes razón. No tengo que perder los nervios. Sólo me encargaré de la situación si Iván se desmorona o si los médicos no hacen bien su trabajo o si… —su voz se fue apagando mientras se apresuraban hacia el coche.


Pedro iba detrás de ella, sonriendo.



—Esa es mi Paula.






FIN

No Esperaba Encontrarte: Capítulo 70

 —Paula, amor mío —dijo Pedro, mirando hacia delante.


Paula siguió con la mirada lo que miraba él. Valentina estaba de pie en el puente, dándoles la espalda, pero mirándoles de reojo sobre su hombro, probablemente pensando que no se daban cuenta. Paula sonrió.


—Valen está segura. No creo que se vaya a mover de ahí hasta que no vayamos a por ella.


Pedro sacó algo del bolsillo de sus pantalones; una pequeña bolsita de terciopelo.


—No es un anillo convencional, pero representa mis sueños sobre un futuro contigo.


Entonces sacó el anillo y miró a Paula fijamente.


—Dí que te casarás conmigo, Paula. He esperado tanto tiempo.


A ella se le nubló la mirada y la emoción provocó que se le creara un nudo en la garganta, pero parpadeó para apartar las lágrimas y miró el anillo de oro y nácar.


—Es precioso. Al darle la luz se ven más colores reflejados en él.


—Nuestras vidas serán igual. Serán más ricas a medida que pasemos más tiempo juntos —entonces le puso el anillo y le levantó la barbilla—. No lo has dicho.


—Me casaré contigo —dijo ella, poniéndole la mano sobre el corazón—. ¡Oh, sí, me casaré contigo!


Pedro la abrazó y la besó hasta que ella se derritió en sus brazos y lo deseó con toda su alma. Cuando dejó de besarla, la miró a los ojos y frunció levemente el ceño.


—Estoy acostumbrado a hacer lo que quiero, a estar al mando. A veces tengo que luchar contigo para tener el control.


—A mí también me gusta tener el control, pero estoy aprendiendo que a veces debe ser compartido, o incluso cedido durante un tiempo a otra persona. Ello implica confianza, y yo confío en tí, Pedro —dijo, acariciándole el pecho—. Solías llevar algo aquí, sobre tu corazón.


—Una fotografía de Valentina —dijo él, mirando a su hija—. Desde que se escapó, no quería olvidarme de ella, ni siquiera durante un minuto. Ahora llevo la fotografía en mi cartera. Me he dado cuenta de que ella está en mi corazón todo el tiempo, tanto si tengo recuerdos físicos como si no.


—Tú estás en mi corazón de la misma manera. 


Paula se dió cuenta de que era verdad. Él era el amor de su vida. Siempre lo había sido y siempre lo sería. En su dedo, el anillo brillaba a la luz del sol. Sabía que era un diseño único. Entonces miró al puente y vió que Valentina había desistido de fingir que los estaba ignorando. La pequeña estaba bailando sobre el puente, emocionada.


—Quiero más pequeños como ella —dijo Paula.


Quería darle hermanos a Valentina, el compromiso de una familia, para siempre. 


—Quiero estar contigo a solas. Quizá no para darle esos hermanos a Valen justo ahora, pero te quiero en mis brazos. Quiero quedarme dormido amándote, despertarme a tu lado y amarte de nuevo, saber… Que no va a terminar.


Pedro se detuvo para respirar profundamente.


—Siento haber creído lo peor de tí sobre tu acuerdo con María. Eres muy generosa, y me equivoqué contigo.


—Gracias por reconocerlo. Ambos nos hemos equivocado, pero eso ya es parte del pasado.


Entonces se acercaron a Valentina. Paula sonrió al ver a la pequeña quedarse muy quieta cuando los vió. Le tendió la mano a la niña.


—¿Te importaría si empiezo a ser tu nueva mamma ahora mismo? No estoy segura de que pueda esperar a casarme con tu padre para serlo.


—¡Sí! Vamos a la casa para decirle a Marisa que tengo una nueva mamma —dijo Valentina, emocionada—. ¿Quiere esto decir que tendré hermanos? Me gustaría.


—Es una posibilidad —dijo Pedro, abrazando los hombros de Paula.


—Bien —dijo la pequeña, tomando una mano de cada uno en las suyas y comenzando a dirigirse al sendero por el que habían entrado—. Tenemos que hacer una fiesta. No puede haber un anillo y besos sin una fiesta.


Pedro y Paula sonrieron. ¡Estaban de acuerdo! 

No Esperaba Encontrarte: Capítulo 69

 —Quiero que papa y tú sean felices. Yo me marcharé con la niñera Marisa, si eso es lo que quieren.


—¡No es lo que quiero! Y tampoco es lo que tu padre quiere —dijo Paula.


 Sus preocupaciones dieron paso a una ola de amor hacia aquella niña. Se levantó y se acercó a Valentina, tomándola en brazos. Unos suaves bracitos la abrazaron por el cuello, y Paula la apretó suavemente contra ella, hundiendo su cara en el oscuro pelo de la pequeña.


—Quiero ser parte de tu familia, Valen. Quiero amarlos a tu papa y a tí, quiero que los tres estemos juntos para siempre. Simplemente tenía miedo de no ser capaz de hacerlos felices a tu padre y a tí.


Valentina se echó para atrás en los brazos de Paula y miró a ésta a la cara.


—Entonces no me marcharé. De todas maneras no estoy segura de que mi papa me hubiese dejado —la pequeña sonrió tímidamente—. Porque él me dijo que me quería para siempre.


Paula tragó saliva y bajó a la pequeña al suelo.


—Tu papa no quiere dejarte marchar, y así es como debe ser.


—Después de todo voy a tener una nueva mamma, ¿no es verdad? Bella va a ser mi mamma —dijo la pequeña, dirigiéndose a su padre.


—Sí. Sí, vas a tener una nueva mamma —dijo Pedro, emocionado, abrazando a su hija.


—Yo me voy al puente. Me voy a quedar allí durante mucho rato, para ver si veo patos.


Valentina tomó la iniciativa de qué hacer, ya que Pedro parecía muy perdido. Entonces le susurró al oído:


—Creo que deberías besarla, papa. Funcionó cuando la rana quería a la princesa.


—Gracias, Valen. Lo recordaré.


Entonces Pedro observó cómo su hija se dirigía de nuevo al pequeño puente. Cuando miró de nuevo a Paula, ésta no pudo reprimir una sonrisa.


—Hay cosas peores que ser comparado con una rana, ¿Lo sabías?


—Lo sé —contestó él, acercándose a ella—. Ven aquí. Quizá tú puedas convertirme en un apuesto príncipe.


Paula aceptó el beso de Pedro, poniendo todo su corazón al devolverlo. Tras besarla durante largo rato, él levantó la cabeza, y ella sonrió.


—Sea lo que sea lo que tengamos por delante, lo afrontaremos juntos —se comprometió Pedro.


En lo más profundo de su corazón, Paula sabía que lo decía en serio.


—Siento haber dejado que mis miedos se interpusieran entre nosotros. No puedo soportar pensar en no estar contigo. Te llevo en mi corazón y mi alma. Siempre te he llevado conmigo. Simplemente es que he necesitado todo este tiempo para aceptarlo y admitirlo. 

No Esperaba Encontrarte: Capítulo 68

Sólo había sido en los últimos meses cuando Paula había comenzado a mostrar sus debilidades, sólo un poco, ante sus hermanas. Las había sacado adelante y las había querido, ¡Pero había puesto límites en lo que ellas podían hacer en compensación!


—He apartado a todo el mundo de mí —dijo, percatándose de ello—. He estado tan ocupada tratando de mantenerme a salvo, que incluso cuando traté de proteger a mis hermanas, no les permití acercarse a mí completamente.


Pero podía abrirse y dejar que otras personas llegaran al fondo de su corazón. Ella era fuerte. Podía hacerlo. Podía. No era un caso de incapacidad para poder hacerlo o de que no fuera capaz de dar suficiente amor. El problema era que tenía miedo. Pero tenía que ser más fuerte que sus temores y hacer que éstos la abandonaran. Sintió esperanza. Se preguntó si el pequeño corazón de Valentina se había sentido también invadido por la esperanza como le ocurría al suyo en aquel momento. 


—Danos una oportunidad, Paula —imploró y a la vez ordenó Pedro—. Cuidar de tus hermanas fue duro para tí; fue una enorme responsabilidad. Las querías mucho y ahora estás empezando a aprender a recibir el amor que ellas te dan para así llenarte. Hay un vínculo muy fuerte entre ustedes tres que nunca se romperá. ¿Has pensado en eso? Nosotros también podríamos crear un vínculo como ése.


La expresión de la cara de Pedro insistía en que ella considerara sus palabras y en que le creyera.


—Acepta mi pasado como parte de mí, pero deja que sea yo el que pague por él. No me castigues; soy yo el que tiene que decidir afrontarlo y responder por él.


La verdad era que Pedro había respondido por su pasado. Había incluso pagado por él, día tras día.


—Oh, Pedro. Perdóname —susurró—. Sé… Sé que nunca vas a volver a fallarle a Valentina. Quiero que te perdones a tí mismo por ello y, por favor, quiero decirte que sí.


Sí a Pedro, sí a Valentina y sí a todo. Si era complicado, que lo fuera. Si le dolía cuando las cosas se pusieran difíciles, si se preguntaba cómo irían a salir adelante y si su relación funcionaría, Pedro tenía razón; estarían los dos juntos. Ambos se enfrentarían unidos a lo que fuese.


—Una madre para Valentina —murmuró ella, abrazando el concepto por primera vez. Había querido amar a la pequeña. Se dirigió a Pedro, para decirle que ella sería la mejor madre que le fuera posible y que ya amaba a Valentina. ¡Si él pudiera perdonarla!


—Yo puedo vivir de nuevo con una niñera.


Al oír la voz de Valentina, Paula levantó la cabeza. La pequeña estaba de pie, cerca de ellos, con una expresión muy seria. 

No Esperaba Encontrarte: Capítulo 67

Paula no podía hacer nada de lo que hacía normalmente para aliviar la tensión, por lo que la gran bola de nervios e infelicidad se estaba haciendo cada vez más grande dentro de ella. Ni incluso cuando sus padres las habían abandonado podía recordar haberse sentido tan deprimida.


—¿Por qué has venido aquí, Pedro? ¿No sería mejor que te mantuvieras apartado?


—Paula, he cometido errores. He sobrevivido al engaño de mi ex mujer y de mi hermano para luego hacer daño a mi hija; la persona a la que más tenía que proteger —Pedro apretó las manos con más fuerza—. No quiero que esto, que nosotros, también seamos un error. Estamos hechos el uno para el otro, tú y yo. Si pudieses confiar en mí…


—Quiero hacerlo —todo el amor que Paula sentía por Pedro la invadió— . Quiero estar contigo.


Se percató de que Valentina se estaba bajando del puente y que se echaba en un montículo cubierto de hierba, pero no podía dejar de pensar en aquello. Por primera vez, admitió el resto de sus miedos.


—Yo no tengo nada que darle a… Una familia. Durante meses he luchado para tratar de controlar mis sentimientos, me he sentido vacía e infeliz, de alguna manera desconectada. Te amo, Pedro, tanto que a veces me duele sólo al respirar y saber que no estás ahí. Me preocupo por Valen y quiero estar en sus vidas, pero los recuerdos de mi pasado se oponen a ello. Tratar de dar tanto, tratar de amar tanto, me asusta. ¿Qué ocurriría si me comprometo contigo y no logro ser una buena madre para tu hija? 


Lo miró, desnudando sus sentimientos ante él.


—¿Qué ocurriría si no fuese suficiente para tí? ¿Si te fallara de alguna manera? ¿Si no quisieras estar más conmigo? ¿Qué ocurriría si yo diera y diera y luego no hubiese nada más que dar?


—Yo siempre te querré y te amaré, Paula.


Aquellas palabras tenían la misma áurea de verdad que cuando él le había hablado a su hija en términos similares.


—Y mientras tú des, yo también lo haré. Nos llenaremos el uno al otro si me permites darte ese apoyo.


—No comprendo —dijo Paula, pero de repente recordó.


Recordó a Carla, enfadada y decidida, la primera vez que hubo llevado a casa el cheque con el que le habían pagado en el trabajo. Le había suplicado que le dejara aportar aquella cantidad de dinero para los gastos de la familia. Le había dicho que sabía lo que estaba haciendo y que era su decisión. Recordó a Sofía, cuando todavía había estado en el colegio, perdida, con miedo, pero decidida a compartir el peso de la carga emocional que le correspondía. Le había pedido que le hablara de cómo se había sentido cuando sus padres les hubieron abandonado, ya que nunca había hablado de ello. Le había dicho que ella podía abrazarla. 

No Esperaba Encontrarte: Capítulo 66

 —Se ha acabado. Sé que serás parte de la vida de María, y lo respeto y apoyo. Hablaré con ella para poder trabajar más desde casa. Estoy segura de que podemos arreglar las cosas de tal manera que yo vaya menos a la tienda. Nuestros caminos no se tendrán que cruzar mucho.


—A pesar de todo lo que ha ocurrido, estás decidida a tirar todo esto por la borda —dijo, esbozando una dura mueca—. Ya no eres una quinceañera que está tratando de soportar el abandono al que ha sido sometida. Eres una afectuosa y bondadosa mujer joven capaz de comprometerse… Si eso es lo que eliges.


Pedro se dirigió hacia la puerta y la abrió. Entonces se echó para atrás.


—Lo más que puedo creer es que no eliges hacerlo —dijo sin tratar de retenerla.


Paula quería y necesitaba que la tocara, que la abrazara… Pero se dijo a sí misma que debía acostumbrarse a ello; que de aquella manera iba a ser su futuro.


—No me arrepiento de lo que ocurrió anoche —dijo, mirándolo a los ojos y levantando la barbilla—. Fue la experiencia más maravillosa de mi vida y nunca la olvidaré.


—Pero no me amas lo suficiente como para quedarte conmigo.


Paula no podía responder. Con el corazón roto, salió de la habitación y se marchó.



Durante tres días, Paula apenas comió, ni durmió, ni habló a sus hermanas. No había podido imaginarse cuánto podía doler aquello. Cada día que iba a la tienda de María era una tortura, ya que estaba constantemente preguntándose si Pedro iría a entrar. Quizá algún día él encontraría a alguien que lo amara como él se merecía. Le dolió el corazón al pensar que aquello podía ocurrir, y no pudo terminar el sandwich que había llevado para comer al lado del río. Cuando vió a una niña pequeña correr hacia un pequeño puente que había sobre el río, se quedó mirando un momento hasta que se dio cuenta de que era Valentina. Dió un grito. Era sábado por la tarde, la tienda había cerrado y ella había ido allí para pensar, para tratar de encontrar un poco de paz antes de regresar al piso. Volvió a gritar al ver que Pedro estaba allí y que se detenía delante del banco en el que estaba sentada ella.


—Hola, Paula —sin esperar a que ella contestara, se sentó a su lado—. Esperaba encontrarte por aquí.


Parecía calmado, pero uno de los músculos de su barbilla se puso en tensión y apretó las manos.


—He venido mucho por aquí estos últimos días. Parece que no puedo hacer ejercicio, ni beber té, por lo que coser es ahora mi trabajo…