sábado, 21 de febrero de 2015

Una Cita con el Amor: Capítulo 37

Parecía ser un chico ejemplar, a excepción de su fama de playboy, “algún defecto debería de tener, nadie es perfecto”, me dije en voz alta. Me llevé las manos a la cabeza, sin poder dar crédito a que él fuera el dueño del hotel donde me citaba, ahora comprendía muchas cosas, porque siempre íbamos a la misma habitación, porque sabía lo de las cámaras en los elevadores y lo del servicio a cuarto las 24 horas.
No podía ser cierto lo que me estaba pasando, toparme con un desconocido que resultó tener más lazos conmigo que los que jamás imaginé, no sólo era cliente de mi novio sino que su hermana era cliente de la agencia y a pesar de que Geraldine era quien llevaba esa cuenta, yo tenía que estar también en el evento, parecía que el destino se empeñaba en complicarme la vida.
Esa noche casi no pude dormir, tenía demasiadas dudas en mi cabeza y debía reconocer que una gran parte de mí iba a extrañar esos encuentros, pero me quedaba claro que ya no podían ser, no cuando él conocía a Facundo y cuando yo había comprobado que tenía a alguien en su vida, cualquiera que fuera la relación que llevaran, una cosa era tener la sospecha y otra muy diferente corroborarlo de primera mano, además ella era una buena chica, hasta podríamos ser amigas.
Al día siguiente llegue muy temprano a la oficina, tenía que mantener mi mente ocupada lo más que pudiera o me volvería completamente loca. Como a la media hora llegó Geraldine que se sorprendió de verme ahí a esa hora.
A mediodía me llamó Zaira  para contarme que había peleado con Steve, al parecer su relación se estaba acabando de a poco, me llamó muchísimo la atención algo que me dijo “ahora entiendo que todo debe ser equilibrado, ni puro amor ni puro sexo, lo ideal es una combinación de ambas cosas, tómalo en cuenta Paula para cuando te cases, el deseo no es suficiente, si no hay amor en algún momento se termina la pasión”. Me quedé pensando en sus palabras y tenía razón, yo tenía el amor de Facundo y la pasión de Pedro, ambos me daban el equilibrio, pero separados la balanza se inclinaba hacia alguno de los lados, que difíciles son las relaciones humanas.
Los días se me habían pasado volando, a pesar de que no dormía mucho y sentía la necesidad de llamar a Pedro, pero ahora no podría resistir que su celular me mandara al buzón, además él no daba ninguna señal de querer estar conmigo y yo no iba a rogarle ahora que ambos sabíamos quiénes éramos en realidad.

Una Cita con el Amor: Capítulo 36

En el trayecto a mi departamento me quede dormida, Facundo me despertó suavemente cuando llegamos, adormilada le dí un beso y bajé de su auto. Al entrar a mi habitación pudo más mi curiosidad que mi cansancio, así que encendí la lap y mientras tanto me puse la pijama. Una vez conectada a internet me metí a Google, quizá encontraría alguna información de él. Con los dedos un poco temblorosos tecleé su nombre y aparecieron varias páginas, entré a una donde estaba una especie de biografía.
Pedro Alfonso
Nació el 29 de Agosto de 1981 en la ciudad de Chicago, Illinois. Segundo hijo del matrimonio conformado por Horacio Alfonso, uno de los mejores y más prestigiados neurocirujanos de Estados Unidos, y Ana Alfonso, reconocida pintora a lo largo del mismo país. Su hermano mayor, Federico es jugador profesional de futbol americano, forma parte del equipo de Pieles Rojas de Washington. Su hermana menor, Luciana  acaba de graduarse de una prestigiada escuela de diseño de modas de París.
De niño tomó clases de piano, pero siempre mostró su inquietud por los negocios. Estudió en las escuelas más prestigiadas del país y siempre obtuvo las mejores calificaciones. Es egresado de la universidad de Harvard donde cursó Administración de empresas y cuenta con una maestría en Economía de la misma institución.
Actualmente es dueño de una pequeña cadena de hoteles que inició con el Rose Imperial de la ciudad de Nueva Jersey, donde radica por temporadas, su residencia oficial está en Seattle, muy cercana a la de sus padres y también tiene una casa de descanso en Las Vegas.
Desde temprana edad mostró su inquietud por las chicas, ganándose a pulso en la preparatoria y en la universidad la fama de conquistador que ahora lo ha llevado a ser considerado el soltero más codiciado del medio en el que se desenvuelve.
Es socio y vicepresidente de la fundación que inició hace 15 años su padre, la cual se dedica a ayudar a personas con enfermedades terminales.
Eché un vistazo en otras páginas y, en una de sociales, había fotos de la boda de su hermano, me sorprendió ver que estaba casado con una de las más importantes modelos del país, Rosa Hale, quien era la imagen exclusiva del nuevo perfume del que había estado eligiendo las fotos hace pocas semanas.
Y donde casi me caigo de la silla fue cuando mi mente proceso que su hermana es nada más y nada menos que Luciana Alfonso, la nueva diseñadora a la que le estábamos organizando el evento del lanzamiento de su línea de ropa y que sería el jueves de la semana siguiente precisamente en uno de los salones del Hotel Rose Imperial.

Una Cita con el Amor: Capítulo 35

– Ni modo, tú te lo pierdes – dijo Jennifer sonriendo – en verdad me dió mucho gusto conocerte – agregó mientras yo pensaba si le daría el mismo gusto saber que me había revolcado con su novio en más de una ocasión.
– El trabajo es primero, ya habrá oportunidad de convivir en otra ocasión – intervino Facundo haciendo que yo entrara en pánico, no, yo no podía volver a convivir con ellos.
– Viejo, es bueno trabajar, pero no olvidándose de la diversión – dijo Pedro mirándome.
– Tú porque eres millonario, pero uno que es un simple mortal tiene que echarle todas las ganas al trabajo para conseguir lo que uno quiere – rebatió Facundo.
– El dinero no lo es todo Facundo, hay que darse tiempo para los placeres que la vida nos da , ¿tú qué opinas… Pau?
– Que la vida es un equilibrio – repetí desviando mi mirada.
– ¿Lo ves Facundo?, no todo puede ser trabajo.
– Tienes razón Pedro, tienes razón, otro día vamos a cenar.
– Un viernes por ejemplo, para así no tener que levantarse temprano al otro día – propuso Jennifer que sostenía a Pedro de un brazo.
– Claro – dijo Facundo titubeante.
Nos despedimos, Jennifer volvió a abrazarme mientras Facundo y Pedro hacían lo mismo, definitivamente algo le debía a la vida y ahora me lo estaba cobrando muy caro. Me despedí de mano de Pedro que me regaló otra de sus sonrisas y abracé a Facundo mientras caminábamos al auto. Agradecía que al fin pudiéramos estar solos porque así podría buscar las respuestas que Pedro no me daría.
– ¿Son geniales, verdad? – exclamó Facundo al subir al auto, que bueno que él había sacado el tema, así no me vería tan obvia en mis preguntas.
– Sí, ¿cómo fue que los conociste?
– Hace un par de semanas, Pedro fue a la casa de bolsa y ya sabes cómo es Gerardo, de inmediato me lo mandó, estuvimos hablando de negocios y el día que firmamos el contrato fuimos a cenar y llevó a Jennifer.
– ¿Es su novia?
– Pues a mí me la presentó como su amiga, creo que se conocen hace muchos años, pero quizá son amigos con derechos.
– Quizá – dije mientras miraba hacia la noche.

Una Cita con el Amor: Capítulo 34

Cuando los Gigantes anotaban Jennifer lo abrazaba emocionada, se sentía una conexión especial entre ellos y por un momento deseé ser ella, yo conocía al amante, pero ella conocía al hombre y era afortunada por eso, no estaba limitada a ninguna regla y disfrutaba de ambas facetas, la sonrisa en su rostro me lo demostraba y yo sabía perfectamente lo que Pedro te hacía sentir en la cama. Sentí que iba a romper en llanto y fui al baño otra vez.
Me mojé de nuevo la cara, no podía llorar, no debía, había sido una aventura que no podía tener un final feliz, quise jugar con fuego y me quemé, ¿por qué me afectaba tanto que tuviera novia?, yo tenía a Facundo y a Pedro parecía no importarle, estábamos bajo las mismas condiciones, “la vida es un equilibrio y no podemos ir en contra de eso”, ¿acaso a esto se refería?, ¿él y yo estábamos buscando un equilibrio en nuestras vidas amorosas? Suspiré apoyada en el lavabo, después salí del baño y me acerqué a la mesa a servirme otro jugo.
– ¿Disfrutando del partido? – susurró en mi oído erizando mi piel, pero, ¿qué pretendía?
– No tanto como tú – respondí sin mirarlo tratando de calmar los latidos de mi corazón.
– ¿No te emociona tanto porque tu novio no está en el terreno de juego? – volteé a verlo más que sorprendida – él me contó que jugaba cuando iba en la prepa.
– ¿De dónde lo conoces? supongo que dadas las circunstancias te puedo preguntar lo que quiera – dije dándome la vuelta para enfrentarlo, pero dejé una mano en la mesa y la otra me la puse en la cintura.
– Hace un par de semanas cerramos un negocio – dijo sonriendo, quizá por mi comentario anterior – por cierto, es muy talentoso con los números… y ya veo que para otra cosa también – agregó poniendo su mano en la mesa y rozando la mía, pero yo la retire nerviosa.
– ¿Por qué me llamaste en la tarde?, no me digas que no sabías que vendrías aquí.
– No pensaba hacerlo – puso su pie pegado al mío – pero, en vista de que no estabas disponible, no tuve otra opción, jamás me imaginé que tu compromiso fuera este.
– La vida es un equilibrio – dije irónicamente – no me la paso teniendo sexo todo el día – agregué un tanto seria.
– Yo tampoco – dijo muy sonriente – aunque… con cierta “desconocida” de ojos color marrón con la que estuve toda la noche del viernes – se acercó a mi oído – sí podría – agregó en tono sensual disparando todos mis sentidos.
– Basta de juegos… eso no puede continuar, tus reglas están rotas – aseguré haciéndome para atrás.
– En ese caso… disfruta de este otro juego – soltó una risita – es decir, del partido – me guiñó un ojo y luego caminó hacia su lugar.
Yo me quedé ahí parada, sosteniéndome del filo de la mesa, tratando de regular mi respiración, ¿qué se traía entre manos?, cómo podía ser tan cínico de coquetearme de esa manera cuando su novia estaba ahí y además Facundo, ¿acaso no le importaba que se dieran cuenta?, ¿ahora ese era su juego? Moví la cabeza y me fui a mi lugar.
El partido terminó, ganaron los Gigantes y Jennifer propuso ir a cenar, para celebrar, pero yo les dije que me dolía la cabeza y que mañana tenía que estar muy temprano en la oficina para armar una nueva campaña.

Una Cita con el Amor: Capítulo 33

Él sonrió, me dió un ligero beso en los labios, me tomó de la mano y nos dirigimos a nuestros lugares. Pedro estaba parado frente a la mesa preparando unas bebidas, una chica estaba a su lado hablandole muy entusiasmada, era un poco bajita, de tez levemente oscura, ojos cafés, cabello castaño que le llegaba debajo de los hombros y con una gran sonrisa, traía unos jeans y un jersey de los Gigantes, al parecer era fan del equipo. Ví que le acarició el cabello a él y los celos me inundaron, pero, ¿cómo podía estar celosa?, era seguro que él tuviera a alguien en su vida. Nos acercamos y la chica saludó a Facundo.
– ¡Hola!, que bueno que viniste – exclamó entusiasmada saludándolo de beso en la mejilla.
– Hola, mira, te presento a mi novia Paula, amor, ella es Jennifer.
– Mucho gusto Paula, moría por conocerte, no sabes lo bien que se expresa este hombre de ti, te tiene en un altar – dijo abrazándome como si fuéramos grandes amigas.
– Mucho gusto – respondí sintiéndome asfixiada.
– ¿Les sirvo algo? – preguntó Pedro  mientras le daba un vaso a Jennifer obligándola a soltarme al fin.
– Yo quiero un whisky en las rocas – dijo Facundo de inmediato.
– Yo un jugo de naranja, por favor.
Ví como preparaba el whisky y luego tomó otro vaso y el jugo de naranja.
– ¿Hielo? – me preguntó mirándome.
– No, gracias – respondí esquivando la mirada.
Sirvió el jugo y tomó ambos vasos, a Facundo le entregó el suyo y a mí, el mío, rozando mis dedos cuando lo tomé, provocando que sintiera un escalofrío, vi que esbozo una sonrisa traviesa, sabía perfectamente el efecto que provocaba en mí.
Tomó a Jennifer de la mano y caminaron a sus asientos, dejé que Facundo me abrazara y caminamos detrás de ellos, nos sentamos a su lado, Facundo junto a Pedro, yo quedé en una esquina y miré al campo de juego, no tenía idea de lo que estaba pasando ahí, pero tenía que tratar de distraer mi mente. No sabía que iba a pasar ahora, era un hecho que él juego entre él y yo había terminado, las dos primeras reglas estaban quebrantadas totalmente, la tercera ya no importaba, era la más difícil de romper.
Los minutos pasaban lentamente, cada que detenían el reloj en el juego mi corazón se detenía porque eso extendía la agonía de estar ahí, a tan sólo un asiento de distancia. Estaba a punto de pedirle a Facundo que nos fuéramos, pero la parte masoquista de mí no quería irse, lo más probable es que fuera la última vez que lo viera y quería guardar esos recuerdos, su sonrisa natural, tan encantadora como la retorcida, sus gritos por la emoción del partido, era un chico normal, que disfrutaba de la vida.

Una Cita con el Amor: Capítulo 32

– Mucho gusto – dijo en tono neutral y me extendió la mano.
Pero, yo no quería estrechársela, ya conocía los efectos en mí cuando me tocaba, aunque esta situación era completamente diferente, pero no quería arriesgarme, ni siquiera podía hablar por el enorme estado de shock en el que me encontraba, sentía mis rodillas temblar y un sudor recorrer mi cuerpo, si no fuera porque tenía a Facundo sujetado de la cintura ya me hubiera desvanecido. No entendía como él podía estar como si nada, como si en verdad fuera la primera vez que me veía en su vida, deseé tener la misma fortaleza o desfachatez, no sabía cómo calificar su actitud. Tomé un fuerte respiro y apreté con la mano a Facundo, casi enterrándole las uñas.
– Igualmente – respondí estrechándole la mano, pero la retiré con rapidez.
– Sin que me lo tomes a mal Facundo, tienes una novia muy linda – ¿cómo decía eso?
– Oh, yo lo sé, gracias, además es una excelente chica, la única que me aguanta el ritmo de trabajo y casi no se queja, por eso trato de complacerla lo más que se pueda – dijo de lo más amoroso mientras deslizaba un dedo en mi naríz.
– Sí, se ve que están muy enamorados – exclamó en un tono frío.
– ¿Te sientes bien Pau? – preguntó Facundo mirándome preocupado.
– Un poco mareada, creo que la cerveza ya se me subió, necesito refrescarme, con permiso.
Salí prácticamente corriendo al baño y una vez adentro me recargué en la puerta y me llevé las manos a la cara, ¿por qué me pasaba eso a mí?, ahora sí que el destino me había jugado una broma demasiado macabra, de todas las posibilidades que había de encontrármelo, jamás me imaginé que fuera con mi novio y mucho menos que se conocieran, pero, ¿de dónde?, yo conocía a todos los amigos y compañeros de Facundo, tendría que tratarse de algún cliente.
Y lo peor, era no tener la menor idea de lo que pasaba por su mente, aparte de empresario, ¿sería actor?, ¿cómo podía tener el rostro sin ninguna expresión?, ¿acaso sabría que me encontraría aquí?, no, por supuesto que no, aunque conociera a Facundo y supiera que tenía novia, no había forma de que supiera que yo era precisamente esa novia, además, no me habría llamado si hubiera sabido que estaría aquí.
Me acerqué al lavabo y dejé correr el agua, mojé mis manos y las puse en mi nuca y luego me mojé la cara, tomé varias toallitas de papel para secarme, estaba pálida como una hoja de papel, ¿cómo fui tan tonta para creer que ese jueguito iba a continuar por tiempo indefinido? Es tan típico que, cuando siempre te portas bien, el día que haces algo indebido te sale mal. Tocaron a la puerta y eso me hizo salir de mis pesamientos, tiré las toallitas al bote.
– Paula, ¿estás bien? – preguntó Facundo del otro lado.
– Sí, todo bien. – ¿Quieres que nos vayamos?
– No, te digo que fue la cerveza, pero ya se me paso – respondí abriendo la puerta.
– Estás muy pálida, ¿seguro que te sientes bien?
– Sí, creo que se me bajó la presión, pero no te arruinaré – dije poniendo mi mano en su mejilla – esta noche – agregué ocultando el verdadero trasfondo de ese comentario.

viernes, 20 de febrero de 2015

Una Cita con el Amor: Capítulo 31

– Hola – respondí con el corazón latiéndome a toda prisa.
– ¿Estás libre esta noche? – dijo de la forma más endemoniadamente sexy haciéndome dudar.
– No… lo siento, un… compromiso previo – no podía cancelarle a Facundo debía estar ya afuera esperándome y no tenía ningún pretexto que ponerle, sería exponerme demasiado a que se enterara de la verdad.
– Entiendo – exclamó serio.
– ¿Podría ser mañana? – pregunté con pánico.
– Quizá… buenas tardes.
Y colgó sin que yo pudiera decir más, me golpeé en la frente con el celular, era la primera vez que él me llamaba y yo no estaba disponible, aunque después vinieron a mi mente las palabras que Zaira me había dicho el sábado cuando Steve fue al baño, “que no sepa que te tiene en sus manos amiga, date a desear y no siempre estés disponible para él”, claro que ignoraba que era yo quien lo llamaba, así que suspiré mientras caminaba al ascensor, después de todo Zaira tenía razón.
En el trayecto hacía el estadio no hablamos mucho, a Facundo le sonaba frecuentemente el celular por cuestiones de trabajo y yo iba cruzada de brazos pensando en lo que podría estar haciendo en ese momento en lugar de estar atrapada en ese auto, suspiré y miré por fuera de la ventanilla hacia el cielo.
Llegamos al estadio y después de estacionar el auto caminamos a nuestros lugares, era un palco privado y me dio una perspectiva completamente diferente de lo que era asistir a presenciar un partido en vivo. Había una mesa larga con botanas, botellas, sodas, jugos y una enorme hielera atestada de cervezas, un par de meseros nos llevaron a nuestro lugar, Facundo saludó y me presentó a las personas que ya había ahí. Nos ofrecieron de tomar y, aunque no me gustaba mucho, pedí una cerveza y Facundo un whisky en las rocas, tomamos nuestros lugares y el partido dió inicio.
– Impresionante, ¿verdad? – me dijo él muy orgulloso.
– Sí, la verdad es que sí, ¿quién te consiguió los pases?
– Facundo, que bueno que sí pudiste venir, viejo – se escuchó una voz familiar que me hizo quedarme congelada en el asiento sin voltear.
– No podía desaprovechar la oportunidad – respondió mientras se ponía de pie y lo abrazaba fraternalmente – mira, te quiero presentar a mi novia, ven amor.
Levanté la cara lentamente, quizá podía tratarse de un juego de mi mente como la vez anterior, pasé saliva y al girar mi cuello completamente hacia la derecha mis ojos se toparon con su mirada topacio, el desconocido estaba justo ahí, parado al lado de mi novio con su gran sonrisa en el rostro y yo sentí que todo me daba vueltas. Facundo me extendió la mano y gracias a eso pude ponerme de pie torpemente.
– Cariño, te presento a Pedro Alfonso, uno de los inversionistas más jóvenes y exitosos del país – su mirada estaba clavada en mí sin inmutarse en lo absoluto – ella es Paula Chaves,  hermosa, inteligente y talentosísima mujer del mundo de la publicidad y, lo mejor, es la dueña de mis quincenas – bromeó Facundo  mientras me abrazaba sosteniéndome de un hombro y yo me sentía desfallecer.


A partir de ahora, van a ser 2 capítulos de lunes a viernes, 3 sábados y domingos  y las maratones, rotativas por semana, por ejemplo: si hubo maratón el lunes, la otra semana es el martes, la maratón de mañana es una excepción, muchas gracias por leer y comentar siempre.