martes, 3 de marzo de 2015

Una Cita con el Amor: Capítulo 64

– No me mires de esa manera Facundo, no es momento de ponerse como el hombre mal herido – desvió su mirada y la dirigió al suelo desconcertado – así es, la correcta Paula se acostó con otro hombre que no eras tú y varias veces, y así como te lo confieso, también te digo que sentí remordimientos, pensaba que no te merecías algo así, jamás reflexioné que lo nuestro ya se había acabado mucho antes de que él apareciera, que nuestro amor se había esfumado sin darnos cuenta.
– ¿Quién es él?, ¿lo conozco? – preguntó serio mirándome de nuevo.
– Eso no te lo voy a decir, sólo te aclararé que no es uno de tus mejores amigos.
– Sé que fue un gran error de mi parte involucrarme precisamente con ella, pero te juro que no lo planeé.
– No creo que alguien planeé engañar a su pareja, eso sí sería demasiado ruin, yo tampoco lo tenía planeado, simplemente se dio.
– Tan siquiera dime que lo amas, no soportaría que lo hayas hecho sólo por despecho a causa de mi distanciamiento.
– ¿Tú la amas a ella?
– No sé, sí sentía algo, la verdad, no sólo estaba con ella por el sexo, pero después de la faceta que hoy descubrí, no puedo querer a alguien así, alguien que fue capaz de mentir mil veces sólo por salirse con la suya, que ni siquiera le preocupa decir todas esas barbaridades enfrente de su hija.
– Yo sí lo hice al principio por soledad, pero ahora… creo que sí lo amo.
– ¿Y él a ti?
– Creo que también, no estoy muy segura, hace poco que lo conozco.
– Lo que sí quiero aclararte es que nunca hubo otras, ella lo dijo por rabia.
– Eso ya no importa Facundo, si ella fue la primera o la décima, ya da igual.
– ¿Qué nos paso Pau?
– Es lo mismo que me pregunto, no sé, quizá la rutina, teníamos trazado un plan casi perfecto, pero no contemplamos otras posibilidades, pensamos que siempre estaríamos juntos y dejamos enfriar la relación, no imaginamos que otras personas se cruzarían en nuestras vidas y cuando sucedió, nos dio miedo que eso sólo fuera una ilusión y lo nuestro era algo real, un puerto seguro, como dicen, creo que sólo seguíamos juntos por costumbre y a veces eso es más fuerte que el amor.
– ¿Eso es lo que tú pensabas cuando lo conociste a él?
– Sí – me quedé callada unos segundos – la soledad es mala consejera y al final siempre le tenemos miedo a que sea la única a nuestro lado.
– ¿Sabes?, no te culpo que hayas caído en los brazos de otro, yo me lo gané a pulso y creo que tienes mucha razón en lo que dices, tú y yo nos conocemos bastante bien, sabíamos que tanto podía aguantar el otro y me confié, sólo espero que me perdones algún día y que podamos seguir siendo amigos.
– Yo también espero que tú me perdones, creo que no debemos buscar culpables, una relación es de dos y si fracasa o triunfa es responsabilidad de ambos, creo que yo también permití que el fuego se apagara, dejé de hacer muchas cosas, incluso no te recriminaba tus ausencias, ¿cómo ibas a evitarlas si veías que a mí no me importaba?
– Lamento mucho que lo nuestro haya terminado así.
– Yo también lo lamento, pero mejor ahora, antes de hacernos un daño irreparable, creo que con el tiempo podremos volver a ser amigos, por ahora es mejor que no nos veamos, es lo más sano si es que queremos rescatar al menos la amistad.
– Tienes razón, creo que debo estar solo un tiempo.
– Creo que yo también.
– Nos vemos Pau y en verdad perdóname, yo a ti te perdono porque sé que si todo hubiera estado bien entre nosotros no hubieras andado con alguien más.
– La verdad no lo sé Facundo, eso nunca lo sabremos.
– Espero que él no te falle… conozco bien esa mirada Pau – guardó silencio mientras me miraba a los ojos – en verdad espero que él te ame como tú lo amas a él, no me gustaría verte sufrir por alguien que no te valore.
– Gracias Facundo, puedo cuidarme sola y lo que tenga que pasar, pasará.
– ¿Podría abrazarte?
– ¿Por qué no?

Al momento de abrazarnos vinieron a mi mente tantas cosas, me di cuenta que el cariño que le tenía era sólo de amigos, ese beso que le había dado en la cocina en la casa de Las Vegas me lo había dejado claro, pero egoísta yo, como se lo dije, tenía miedo de que lo de Pedro sólo fuera algo fugaz y no quería quedarme sola, ahora sólo esperaba que en verdad no se esfumara, no sabría qué hacer, me derrumbaría completamente porque lo amaba con todo mi ser, ahora terminaba por entenderlo.

Una Cita con el Amor: Capítulo 63

– Me dijiste que estabas enferma Geraldine, que no podías cuidar de Helena, por eso fui contigo – exclamó sorprendido, al parecer, no conocía ese lado oscuro de ella.
– Facundo, ya basta de mentir, sí te dije eso para que fueras, pero al llegar al departamento te diste cuenta que estaba bien y no te marchaste, por el contrario, te quedaste toda la noche en mi cama, no tengo que darte los detalles, ¿verdad Paula?, supongo que conoces sus dotes en ese arte, así que comprenderás porque ya no quise compartirlo más contigo, hasta por teléfono lo hace sensacional, sí Paula, durante sus vacaciones era conmigo con quien hablaba y me extrañaba tanto, que todas las noches me llamaba sólo para que tuviéramos sexo telefónico mientras tú dormías.
– ¡Que te calles ya!, no tienes que ser tan mordaz, Helena está presente – gritó Facundo tironeándola de un brazo.
– Es que ya me cansé Facundo, ya no quiero ser tu amante, quiero ser tu novia, quiero que Helena al fin tenga un padre y tú lo habías prometido, maldita sea, ¿por qué no terminaste con ella en el viaje?, tú me orillaste a hacer esto, ¿acaso crees que es muy fácil para mí decirle esas cosas cuando hemos sido amigas desde que nos conocimos?, a pesar de todo, te estimo Pau, yo no quería que esto pasara, se dio solo un día y no sabes cómo te envidiaba cuando te veía de su brazo en los eventos, como me dolía ver que te mandara flores con tal de seguir pareciendo el novio perfecto que nunca ha sido, no soy la única con la que te ha engañado Paula.
– Ya basta Geraldine, nos vamos ahora mismo.
– No, la que se va soy yo – no sé cómo pude hablar y me dí la vuelta.
– Pau, por favor, déjame hablar a mí, sé que soy un canalla pero…
– Ahora no Facundo, ahora no es un buen momento – lo interrumpí.
– Déjala ir ya, no creo que te ame Facundo, su reacción no es la de una mujer enamorada, si hubiera sido al revés yo estaría ahogada en llanto.
– La verdad no creo que tú tampoco me ames, ¿cómo has podido hacer esto?
 Me dí la vuelta para bajar por las escaleras y dejé de escuchar su conversación, no podía dar crédito, me dolía, sí, porque a pesar de todo, le tenía cariño y me dolía ver en que había terminado nuestra relación, además, me dio coraje que yo sintiera remordimientos y culpa por haber estado con Pedro cuando Facundo tenía meses revolcándose con una de mis mejores amigas y los dos mintiéndome descaradamente, ¿cómo es que no me di cuenta antes?, ahora comprendía tantas cosas.
Salí del centro comercial y caminé rumbo a mi casa, necesitaba un poco de aire libre. Al llegar, me tiré en el sillón a pensar, ¿en qué momento Facundo y yo dejamos de amarnos?, ¿qué nos orillo a buscar otras personas?, ¿por qué tenía que acabar así lo nuestro?
La puerta empezó a sonar insistentemente y escuché la voz de Facundo rogando por entrar, me levanté a abrirle, era mejor acabar con esto de una buena vez.
– Pau, por favor, escúchame – dijo suplicante al entrar.
– ¿Y qué vas a decirme?, ¿qué lo lamentas?, ¿qué fue una tontería?, ¿un momento de calentura?, ¿que pensabas terminar conmigo y no supiste cómo para no herirme?
– Merezco tu odio, sí, lo lamento enormemente y sí fue una estupidez, Geraldine supo bien como envolverme, jamás me imaginé que resultara tan ruin.
– ¿Vas a echarle toda la culpa a ella?, no esperaba eso de ti, creí conocerte mejor.
– No, ella no tiene la culpa de todo, no me puso una pistola para obligarme, poco a poco se fueron dando las cosas y yo jamás puse un alto, dejé que esa relación fuera creciendo y nunca vislumbre el daño que iba a ocasionar.
– No te preocupes por mí, no te odio, no podría hacerlo cuando yo – tomé un fuerte respiro – he hecho lo mismo que tú.
– ¿Qué? – exclamó de lo más sorprendido y su cara de remordimiento cambió por una de enojo.

lunes, 2 de marzo de 2015

Una Cita con el Amor: Capítulo 62

Al día siguiente al abrir mi correo electrónico del trabajo, sorpresivamente, me encontré con un mail suyo y mi corazón latió a toda prisa, el asunto decía Hola hermosa Pau y lo abrí inmediatamente.
“Seguro pensaste que ya me había olvidado de tí  y que todo lo que te dije eran mentiras, pero déjame aclararte que te equivocaste, en primera, quería que tu regalo fuera una sorpresa, ¿te gusto?, y en segunda, tuve que escribirle varios mails a Luciana  antes de que me diera tu correo porque no podía creer que no lo tuviera.
Pero, ahora ya no te podrás librar de mí porque diario te estaré enviando al menos uno y ojala que podamos chatear, ¿tienes webcam en casa? Te extraño y te mando muchos besos.
Tuyo,
Pedro”

Sonreí ante sus afirmaciones, ¿acaso podía leer mi mente?, ¿cómo sabía que exactamente eso era lo que estaba pensando?, sonreí y le respondí.
“¿Cómo puedes creer que pensara esas cosas de tí?, con todo el tiempo que tenemos de conocernos, déjame aclararte que he tenido demasiado trabajo como para pensar en cierta personita que, al parecer, se cree el centro del universo.
Mentira, te extraño muchísimo y todo el día pienso en tí, tu regalo me encantó, esa parte de mi cuerpo también te añora, pero como no tengo la dirección de donde te encuentras tendrás que conformarte con un dibujo.
¿Por qué la pregunta de la webcam?
Yo también te extraño mucho y te mando el doble de besos.
Tuya,
Pau”

Era viernes por la tarde, después de salir de la oficina me dirigí al centro comercial, dada la insistencia de Pedro de querer verme porque no se conformaba con las fotografías que le había mandado, iba comprarme una webcam y aprovecharía para ver los vestidos a ver si encontraba uno adecuado para la boda de Luciana. Salí de la tienda de electrónicos y fui recorriendo las de ropa, pero no encontraba algo propio para la playa. Decidí subir al siguiente piso y tomé las escaleras eléctricas, al llegar arriba me detuve en una tienda de zapatos, también debía comprarme unos.
De pronto, escuché una voz infantil que gritó mi nombre, volteé y era Helena que corría a mi encuentro sosteniendo en una de sus manitas un oso que me resultó muy familiar, levanté la cara y me los topé, a escasos tres metros de mí, tomados de la mano, Geraldine y Facundo juntos, él con cara de sorpresa y ella con mirada retadora.
– Tía Pau, tía Pau– exclamó la pequeña abrazándome de las piernas.
– Hola pequeña, ¿cómo estás? – dije agachándome para mirarla.
– Mien, mida mi nuevo osho papi me lo dió – dijo mostrándome el oso de Las Vegas.
– Que bonito – exclamé acariciándole la cabeza a la niña.
– Hola Pau, que sorpresa encontrarte, no me dijiste que venías – dijo Geraldine en tono sarcástico – ahora que recuerdo, sí lo mencionaste, creo que lo olvide, tú sabes, mucho trabajo, pero qué bueno que nos encontramos, ya estaba harta de mentirte.
– Paula, déjame explicarte – intervino Facundo soltándola de la mano y yo me enderecé.
– No, tú no le vas a explicar nada, lo voy a hacer yo, ya es hora de que sepa la verdad, mi amor, diez meses ignorándola es demasiado tiempo, ¿no crees?, y como tú no te decidías a terminar con ella “acordé” este encuentro “casual”.
– ¿Cómo pudiste? – exclamó él mirándola molesto, yo simplemente no podía hablar.
– No me dejaste otra alternativa, mi amor, me dijiste que en las vacaciones terminarías con ella y no lo hiciste, ya me cansé de compartirte, de ser la otra, de vernos a escondidas los fines de semana, sí Paula, esos supuestos viajes de trabajo eran a mi casa, ahí dormía los viernes y los sábados – agregó volteando a verme.
– Cállate ya Geraldine.
– No Facundo, no me voy a callar, que se entere de todo de una vez por todas, así es Paula, esa supuesta adicción al trabajo se llama Geraldine, o sea, yo, ¿recuerdas aquella vez que te platique que estaba deprimida y me encontré a un viejo amigo en este mismo centro comercial, por cierto?, pues era Facundo, desde que me lo presentaste me gustó y en esa ocasión tuve oportunidad de conocerlo más y me enamoré de él y fui correspondida, sólo había un pequeño inconveniente, su novia, al principio no me importo compartirlo porque ese “amor” que te profesa es más de amigos que de pareja, pero con el tiempo, mi deseo por estar con él se fue incrementando a tal grado de ponerle una prueba de fuego, ¿y qué crees?, la pasó, prefiero estar conmigo que contigo en tu cumpleaños, eso es amor Paula y no lo que te dice que siente por tí.

Una Cita con el Amor: Capítulo 61

Me levanté de la mesa y me vestí, él se colocó su polera y después me abrazó fuertemente.
– Te voy a extrañar mucho Pau– susurró en mi oído.
– Yo también a tí, voy a estar contando los días para volver a verte.
– Y yo las horas – dijo y me besó nuevamente y luego volvió a abrazarme.
Al día siguiente, nos despedimos en el aeropuerto, ellos iban para Nueva York y sentí un gran hueco en el pecho, sólo pudimos darnos la mano, que Pedro me acarició suavemente y un beso en la mejilla, me sonrió cuando me soltó. Jennifer me abrazó con fuerza y calidez, me dio otra sonrisa de complicidad y luego se despidió de Facundo.
Me dormí durante el vuelo ya que en la noche no había podido hacerlo, habían sido demasiadas las emociones de todo el fin de semana, sobre todo el descubrir que para Pedro yo no era una más en su cama, que al parecer sentía lo mismo que yo, no sé si con la misma intensidad, pero estaba segura que no era sólo sexo para él tampoco, que ambos habíamos roto por completo la tercera regla y eso llenaba de gozo mi corazón, aunque no sabía cómo sobreviviría este tiempo sin verlo.
Pedro me llevó a mi departamento y luego se fue en el mismo taxi, claro tenía que ir a ver a Leah, la verdad me tenía muy sin cuidado adónde iba en realidad, estaba decidida a terminar con él, sólo tenía que buscar la oportunidad para tratar de lastimarlo lo menos posible y lo primero, que tuviera tiempo para verme.
A la mañana siguiente llegué a la oficina y Geraldine  de inmediato entró tras de mí.
– Hola amiga, luces radiante esta mañana, ya veo que el viaje a Las Vegas estuvo fenomenal.
– Sí, estuvo bien – dije extrañada, no recordaba haberle dicho que iba a Las Vegas.
– Me da mucho gusto, eso era justamente lo que les faltaba.
– Sí, justamente, ¿qué novedades hubo?
– Como siempre de responsable, yo no tendría ganas de trabajar después de unas maravillosas vacaciones como las que pasaste.
– La vida es un equilibrio – respondí sonriendo al acordarme de Pedro.
Era miércoles por la tarde y no había tenido noticias de Pedro, lo cual me tenía muy nerviosa, ¿y si no estaba en un viaje de negocios?, ¿y si todo lo que me había dicho era mentira con tal de seguir acostándose conmigo?, ¿y si yo sólo era una diversión para él?, ¿la secta esa sólo existiría en Estados Unidos o también en Europa? Mi corazón se oprimió ante tal idea, no podía imaginármelo en los brazos de otra. Fui devuelta a la realidad cuando tocaron la puerta, levanté la vista y era un chico con un paquete, lo hice pasar, me lo entregó y firmé un par de hojas de recibido.
Curiosa, lo abrí, no traía remitente, me encontré con un estuche cuadrado y lo abrí, era un hermoso collar de plata con un colgante en forma de corazón y un par de aretes que hacían juego, también de corazón. Tomé la nota del interior y ansiosa la leí.
“¡¡¡Feliz cumpleaños hermosa Paula!!
Sé que el regalo llega retrasado, pero ignoraba que el día que nos conocimos era esa fecha tan especial y ahora que lo sé no quise que pasara desapercibida. Espero que te guste, es una representación material de una parte de mi cuerpo que te añora, no pude encontrar algo que no fuera burdo de otra parte que te extraña más.
Sigo contando las horas que faltan para volver a vernos, creo que son como mil, te mando igual número de besos, repártelos en tu cuerpo como quieras.
Tuyo,
Pedro Alfonso”

Una enorme sonrisa se dibujó en mi rostro, jamás me imaginé semejante sorpresa y sus palabras me arrancaron una risita, eran la mezcla exacta de él, tiernas, pero con un toque de sensualidad, eso era lo que más me gustaba de él, esa combinación de ternura y sexualidad, simplemente lo hacía irresistible y me hacía enloquecer.

domingo, 1 de marzo de 2015

Una Cita con el Amor: Capítulo 60

Con sus manos, aún mojadas, acarició mi abdomen por debajo de la polera y un escalofrío delicioso recorrió mi piel mientras me daba besos cortos en el cuello. Me giré para quedar frente a él y nos besamos apasionadamente en tanto le acariciaba el pecho por encima de su polera. Él me tenía abrazada, acariciando mi espalda. Subí mis brazos sin que él lo pidiera y me quitó la polera y después el sostén, delineó mis senos con las yemas de sus dedos y después los besó en tanto yo acariciaba sus cabellos. Se separó un poco mirándome con un infinito deseo, entonces yo le retiré la polera y la dejé caer al suelo, besé su torso perfecto, lamí sus pezones y él jadeaba acariciando mis nalgas por encima del pantalón y después deslizó sus manos para desabrochármelo.
Me cargó y me colocó en la mesa para quitarme el resto de la ropa, mi respiración estaba más que acelerada y lo único que deseaba era sentirlo en mi interior, no importaba cuantas veces me hiciera suya, la sensación previa era la misma, incluso más intensa con cada encuentro. Mientras Pedro retiraba el condón de su envoltura yo le desabroché el pantalón y se lo baje al igual que su bóxer, mientras se lo colocaba me besó apasionadamente y segundos después sentí como se introdujo, yo puse mis manos en sus nalgas para impulsarlo a que entrara más profundo, él me acariciaba el contorno de mi cuerpo y nos mirábamos, grabándonos las expresiones de placer que ambos teníamos en la cara, tratando de gemir lo más bajo que se pudiera.
Dirigió su boca a mi cuello y lo recorrió con su lengua y después lo succionó con sus labios, yo lo sujeté fuertemente por la espalda, sintiendo como entraba y salía de mí con un ritmo exquisito y lo aprisioné con mis piernas para intensificar la sensación, gruñó en mi oído y entonces, tomé su rostro con mis manos y lo besé desesperadamente, pero terminé rompiendo el beso porque no pude reprimir el grito al llegar al orgasmo al mismo tiempo que él, que apenas y pudo ponerme su mano en mi boca para que no fuera tan audible mientras me miraba con sus ojos acuosos debido al intenso placer que acabábamos de experimentar. Retiró su mano de mi boca y me besó una vez más, en tanto yo acariciaba su cuello y sus hombros bien definidos, después me abrazó fuertemente unos segundos y luego frotó mi nariz con la suya en tanto acariciaba mis mejillas.
– ¿Qué me hiciste Pau?, que me tienes todo hipnotizado.
– Lo mismo que tú me hiciste a mí, porque yo estoy igual que tú.
Me regaló la hermosa sonrisa que me encantaba y volvió a besarme, nos separamos lo necesario para tomar aire cuando, de pronto, se escuchó un ruido y se encendió la luz de la sala y en el suelo alcance a ver una sombra.
No pude moverme del pánico que me inundó, la escena del ping pong vino a mi mente y eso no sería nada a lo que sucedería si era Facundo el que estaba ahí. Pedro alcanzó a subirse y abrocharse el pantalón y se volteó para encarar a quien fuera, yo sólo pude enterrar mi cabeza en su hombro mientras él trataba de cubrir mi cuerpo desnudo.
– Haré de cuenta que no vi nada – dijo Jennifer pasando al lado de la mesa, cubriendo sus ojos con una mano a la altura de las cejas.
– Jennifer – exclamó Pedro, pero se cayó, supongo que buscando que decirle.
– Ahórrate las palabras, sabes que no es necesario.
– No quiero que pienses que soy de lo peor – dije muerta de la vergüenza por la incomodísima situación y además, aún no tenía clara la relación entre ellos.
– Tranquila Pau, jamás pensaría eso de ti, yo no soy nadie para juzgarlos, además, es muy evidente la atracción que hay entre ustedes, me di cuenta desde el primer día.
– ¿Y eso no te molesta? – pregunté asombrada.
– ¿Por qué habría de molestarme?, espera, no me digas que piensas que entre Pedro y yo hay algo más, Pepe, ¿no le has dicho que sólo somos amigos tú y yo? – exclamó de lo más divertida, riéndose.
– Sí, pero ya me doy cuenta que no me creyó.
– Es que por la forma en que se tratan cualquiera pensaría que son novios.
– Nos conocemos de toda la vida, Pau, el “baby” es como un hermano más para mí, bueno, me voy a dormir, lamento haberlos interrumpido, pero mejor que haya sido yo, y no te preocupes Pau, repito yo no vi nada, buenas noches – tomó el vaso de agua que se había servido y salió de la cocina sonriéndonos en complicidad.
– ¡Qué vergüenza!, no podré volver a mirarla a los ojos.
– Tranquila, Jen es muy alivianada, además no es la primera vez que me pilla en una situación comprometedora
– lo fulminé con la mirada
– no me veas así, no te conocía.
– Será mejor que me vista y suba a mi habitación, no quiero ni imaginar que habría pasado si no hubiera sido ella la que nos vio.
– Quizá hubiera sido lo mejor para que de una vez por todas Facundo te deje en paz.
– No Pedro, así no, no quiero herirlo de esa manera, además como quedaría mi reputación, también nos conocemos de toda la vida y mi papá lo adora.
– Viéndolo así, tienes razón, pero no quiero que duermas con él, vamos a mi habitación, por favor.
– No Pedro, te dije que no era bueno tentar a la suerte y ve, Jennifer nos pilló, así que mejor ya no nos la juguemos de nuevo.
– Está bien, pero, prométeme algo – me tomó de las manos – vas a terminar con él lo antes posible, cuando regrese de Europa ya no quiero que sea tu novio.
– Lo haré, te lo prometo, en cuanto regresemos buscaré la forma de terminar con la relación – me solté para acariciarle las mejillas y luego le dí un pequeño beso.


Una Cita con el Amor: Capítulo 59

– No tengo sueño, además, hay que lavar los platos, no sé pueden quedar sucios y no quiero andar con prisas mañana.
– Está bien, pero no tardes – se inclinó para darme un beso, pero agaché la cabeza y terminó por dármelo en la frente.
– Pedro, ¿tú no vas a dormirte ya?
– Sí, pero primero tengo que sacar unas cosas del auto para entregarlo mañana.
– Bueno, hasta mañana – se despidió y subió las escaleras.
Pedro se quedó parado ahí y cuando se escuchó que Facundo cerró la puerta de la habitación, me sonrió y se acercó a mí.
– Gracias señorita limpieza – exclamó en tono de burla.
– Muy gracioso, acompáñame a la cocina, anda.
Me tomó del rostro y me plantó un beso en los labios, yo le recriminé con la mirada, él me tomó de la mano y entramos a la cocina. Me puse el delantal y comencé a lavar los platos mientras él se recargaba en el mueble, a mi lado.
– Cuéntame de ti – dijo metiendo sus manos a los bolsillos de su pantalón.
– ¿Qué quieres saber?
– Lo que quieras contarme.
– Está bien, pero… – tomé un fuerte suspiro, era una duda que tenía desde el primer día que lo conocí y que después de este fin de semana se había incrementado – ¿tú podrías primero contestarme una pregunta?
– Claro, pregúntame lo que quieras, las reglas ya no existen – me guiñó el ojo.
– ¿Por qué un chico como tú tiene un… pasatiempo tan… peculiar?
– ¿A qué te refieres? – exclamó extrañado.
– A la forma en que nos conocimos – dije mirando el plato que lavaba para evitar mirarlo – ¿por qué lo haces?, si no es por dinero, que obvio no te falta, entiendo lo del placer, pero, ¿no sería más fácil conseguirse una novia o ligarse a alguien en un bar?, ¿por qué así?, ¿por qué esas reglas?
– Es complicado Pau – suspiró – así como a ti, un amigo mío de la universidad me dio el teléfono de una chica y me explicó de que se trataba el asunto – miró al suelo un tanto avergonzado, creo que era la primera vez que hablaba de eso con alguien – me dijo que era un tipo de sociedad secreta, de cierto nivel económico, quizá para salir de la rutina o cumplir fantasías que no harían con su pareja, así que un día por curiosidad le llamé a la chica y… bueno, fue emocionante eso de no saber nada de la otra persona y seguí con el juego, a veces yo llamaba y a veces me llamaban – me miró fijamente mientras yo procesaba la información y me dio una rabia pensar que él llamara a alguien – ahora tú dime, ¿quién realmente te dio mi teléfono?, no te ofendas, pero tú no encajas en el prototipo de las chicas que están involucradas.
– Me lo dió una chica en el baño de un bar, no sé cómo se llama y vagamente la recuerdo – ahora fue mi turno de avergonzarme, él soltó una risita y movió la cabeza.
– ¿Y por qué me llamaste?, estarás de acuerdo que fue sumamente arriesgado.
– Lo sé, me imaginé miles de cosas pero – suspiré – el día que te llamé era mi cumpleaños, mi papá vive en Forks y mi mamá en Los Ángeles y, para variar, Facundo tuvo que trabajar hasta tarde, así que me sentía muy sola, de casualidad encontré la servilleta con tu número y después de vacilar mil veces te llamé.
– Vaya, veo que la cuarta regla fue rota mucho antes que las demás.
– ¿De qué hablas? – pregunté sorprendida, sólo recordaba tres.
– Regla número cuatro, no repartir los teléfonos indiscriminadamente y menos a desconocidos, te repito que es como una secta, había que ser muy selectivos a la hora de dar algún teléfono, ni imaginas que personajes están envueltos ahí.
– No quiero saberlo, se me revuelve el estómago de imaginar con cuantas has estado.
– ¿Ahora entiendes lo que yo siento al pensar que Facundo pueda tocarte? – respondió parándose detrás de mí y abrazándome por la cintura
– No es lo mismo, él es mi novio.
– A eso precisamente me refiero, ustedes han hecho el amor, sé que suena trillado, pero es la verdad, yo sólo he tenido sexo con esas mujeres, ninguna se había significado nada – me dió un beso en el cuello – hasta que tú apareciste una noche y me cambiaste la perspectiva de todo – añadió recargando su mandíbula en mi hombro.
– Entonces, ¿no soy una más? – dije con el corazón en la boca.
– ¿Y todavía lo preguntas?, jamás había roto las reglas Pau, sabía perfectamente que esas mujeres estaban con otros de la misma forma que estaban conmigo, así que ninguna valía la pena, pero contigo fue muy diferente, por eso no te dije la última regla, desde un principio supe que no le darías mi teléfono a nadie, así que no era necesario decirla.
– ¿Y ahora qué va a pasar?
– Lo que tenga que pasar – me abrazó con más fuerza – lo único que debes saber es que no dejaré que salgas de mi vida – resopló en mi oído – y espero que el que salga y pronto de la tuya sea él, no quiero compartirte con nadie… y menos con él.
– ¿Por qué lo dices de esa forma?, ¿tú sabes algo de Facundo que yo desconozca?
– No, me gustaría para que de una vez por todas lo dejaras, pero no sé nada – me dió otro beso en el cuello – mejor olvidémonos de él y aprovechemos estas horas juntos.
Colocó sus manos en el plato que sostenía y me ayudó a restregarlo al igual que los demás que faltaban, ninguno decía nada, sólo sentía su cuerpo pegado al mío y su aliento sobre mi cabeza. Nuestras manos se rozaban entre los platos y el jabón que resbalaba, Pedro deslizaba sus dedos en los míos, la sensación era maravillosa, sentí poco a poco como él se excitaba, pegando más su cuerpo al mío que en automático hice hacia atrás y cerré los ojos al sentir también mi excitación. Él dejó correr el agua para retirar el jabón de los platos y después los pusimos en el escurridor.

Una Cita con el Amor: Capítulo 58

Mi corazón se disparó ante esas palabras y ya no supe que más decirle, coloqué mi mano encima de la suya, sobre la palanca de velocidades y él me sonrió, en un semáforo en rojo se acercó y me besó dulcemente. Seguimos el trayecto en silencio, yo quería preguntarle tantas cosas, pero no sabía cómo, no quería arruinar el momento, parecía mágico. Llegamos a la casa, Pedro metió el auto a la cochera, me ayudó a bajar y me dio un beso en los labios, yo lo miré asustada.
– ¡Pedro!, pueden vernos.
– Tranquila, todavía siguen viendo el partido – respondió y volvió a besarme, pero después de unos segundos lo separé.
– Basta, no es bueno tentar a la suerte.
Me sonrió y luego bajó las bolsas de la cajuela, caminamos a la cocina y dejamos todo ahí, en efecto, Jennifer y Facundo seguían viendo el partido. Él me preguntó por las cervezas y le dije que se nos olvidaron, sólo esperaba que no notaran que nos tardamos más de la cuenta, pero al verlos tan emocionados siguiendo el partido descubrí que no habían sentido el tiempo pasar.
Subí a darme una ducha y cuando bajé ya había terminado el partido. Jennifer y Pedro estaban en la cocina y no pude evitar sentir celos de esa escena, pero cuando él se dió cuenta de mi presencia me guiñó un ojo y se me aceleró el corazón, olvidando la molestia. Facundo estaba afuera de la casa, hablando por celular otra vez, así que me puse a preparar el flan.
Era una situación tan extraña, Pedro partía las lechugas mientras Jennifer preparaba la pasta y yo estaba poniendo los ingredientes en el molde, entonces extrañamente, noté que la actitud de ella estaba un poco diferente, no estaba tan efusiva con Pedro y por primera vez escuché que lo llamó por su nombre en lugar de decirle “baby”, que por cierto, odiaba que le dijera así.
Facundo entró finalmente y también se puso a ayudarnos, puso el vino en el refrigerador y comenzó a separar las uvas de los racimos. Parecíamos cuatro buenos amigos de toda la vida compartiendo un agradable momento culinario, incluso las cosas entre Pedro y Facundo estaban más relajadas, se habían olvidado del acalorado partido de ping pong y, como mi novio estaba distante conmigo, Pedro se estaba comportando tranquilamente. Como a las seis estaba lista la cena, Jennifer y yo pusimos la mesa y después nos sentamos los cuatro a comer mientras seguíamos platicando.
– ¿Por qué no mezclas los alimentos Paula?, de todas maneras se mezclan en el estómago – preguntó Jennifer divertida.
– No sé, es una manía que tengo desde niña, creo que fue a raíz de una vez que me enfermé del estómago.
– Que curioso, nunca había conocido a alguien así y yo que pensaba que era rara.
– Creo que todos tenemos alguna manía, la de Facundo es hablar por teléfono.
– Cariño, no es algo que disfrute mucho, créeme, es sólo por el trabajo.
– Yo también trabajo mucho Facundo, pero no soy esclavo del teléfono – dijo Pedro serio mientras lo fulminaba con la mirada porque me había agarrado la mano, pero yo la retiré suavemente para que él no notara nada extraño.
El comentario de Pedro sumado a la charla que yo había escuchado en la mañana y al volver a verlo hablando por celular, me llevaron a la conclusión de que Facundo escondía algo, quizá no era una amante, pero había algo raro en su vida que no quería que yo supiera y lo analicé con la mirada unos segundos tratando de descubrir que era lo que me escondía.
Después que terminamos de cenar vimos una película de acción y luego jugamos Jenga. Hubo un momento en el que entré a la cocina por un vaso de jugo y Pedro entró tras de mí.
– Por favor, quédate esta noche conmigo, es la última que estaremos aquí, el lunes viajo muy temprano a Londres a ver lo de un nuevo hotel y regresaré días antes de la boda de Luciana– me pidió parándose frente a mí con cara de gorrión herido.
– Pero Pedro, ¿cómo me pides eso?, ¿qué quieres que le diga a Facundo?
– No sé, ármale un pleito y le dices que te dormirás en la otra recámara, por favor – suplicó no sólo con palabras sino también con su mirada.
– No sé Pedro… me pones en un aprieto.
– No es mayor al que tú me pones, Pau, no vamos a vernos como en mes y medio, regálame esta noche, por favor – insistió tomando la punta de mis dedos.
– Mira, hagamos esto, subiré y cuando esté dormido me escapo, Facundo tiene el sueño muy pesado y seguro no se dará cuenta.
– Está bien – aceptó con una gran sonrisa mientras acariciaba mis dedos.
– Chicos me voy a dormir – anunció Jennifer entrando a la cocina y separamos abruptamente las manos mientras la mirábamos asustados.
– Hasta mañana niña, que tengas dulces sueños – dijo Pedro cariñosamente y yo lo miré seria y salí de la cocina después de despedirme de ella.
Facundo estaba sentado en el sillón cambiando de canal en canal. Jennifer pasó, se despidió de él y subió. Pedro salió de la cocina y se sentó en el otro sillón sin decir nada. Minutos después Facundo se levantó y le dió el control remoto.
– Ya es tarde, vámonos a dormir, cariño – exclamó volteando a verme.
Pedro me dió una mirada suplicante que Facundo no percibió porque estaba dándole la espalda y entonces recordé las misteriosas llamadas telefónicas.