lunes, 13 de octubre de 2025

Eres Para Mí: Capítulo 75

Hacía calor y había mucho polvo en el sitio en que aterrizó el helicóptero. Catalina estaba sentada en los escalones, con un gato gris a su lado. Se levantó de un salto y la saludó agitando la mano con entusiasmo.


—¡Mamá, ya ha llegado!


Brenda apareció llevando un precioso vestido amarillo sin mangas, con el cabello en un moño alto y muy bien maquillada. Paula se sintió fea a su lado.


—Llegas justo a tiempo —Brenda la abrazó—. La peluquera ha terminado conmigo, así que te toca a tí.


—Hola, Brenda. Gracias por mandarme el helicóptero. Veo que estás muy ocupada y estoy segura de que se me ha pasado por alto alguno de tus mensajes, porque no sabía nada del baile. Pero si necesitas ayuda…


—¡No! Ya te enterarás de lo que pasa. Entra, por favor. Tengo un vestido para tí. He tenido que imaginarme tus medidas. Ha llegado esta mañana. Si no te gusta, miraremos en mis armarios.


—Un… Vestido.


—Un vestido muy moderno y elegante. Es de Valentino. He ayudado a elegirlo, pero lo ha pagado Pedro.


—¿Dónde está Pedro?


—Antes estaba con Federico, pero los he perdido de vista. De momento, no los necesitamos.


Brenda no la dejó protestar y la condujo a una de las habitaciones de invitados.


—Les presento a Paula. Paula, te presento a Diana, una estupenda peluquera, y a Lara, una artista del maquillaje. Y aquí tienes el vestido y varios pares de zapatos para que elijas.


Paula miró maravillada el vestido que llevaba un maniquí situado en una esquina. Era azul oscuro con tiras doradas y plateadas que salían de la estrecha cintura. No llevaba tirantes y la falda de gasa llegaba al suelo. Era el vestido más elegante y romántico que había visto en su vida.

Eres Para Mí: Capítulo 74

Cuando Paula recibió el correo electrónico de Pedro, con toda la historia médica y una breve explicación de que por eso había querido romper con ella, no supo qué pensar. La historia médica le revolvió el estómago. Él lo estaba pasando mucho peor de lo que parecía. Le decía que le agradecería que reflexionaba detenidamente sobre la información para que se hiciera una idea de lo que significaría para su futuro, si decidían compartirlo, querer a alguien como él. La informaba detalladamente de todo para que tomara una decisión racional. Pero ¿Desde cuándo el amor era racional? Y después se leía lo siguiente: "¿Y si no responde? ¿Cuánto tiempo dejo pasar antes de llamarla? ¿Le digo que la llamo en un par de días? No, suena desesperado. Debería decirle que me llame si necesita más información. O no. Simplemente firmo. ¿De qué te ríes, Federico? ¿Qué cómo sé que te estás riendo? Porque te veo la blancura de los dientes. Ayúdame a escribir esta maldita carta. ¿Ponemos, «Atentamente, Pedro»? Siempre firmo así las cartas. ¿Y a esto lo llamas ayudarme? Acaba y mándala. Tuyo, Pedro. Felicidades, Federico" 


Paula lo leyó cientos de veces sonriendo cada vez. Esperó un día, para asimilar la información. Antes de responder. "Querido Pedro: Eso explica muchas cosas, pero no todo. Por cierto, tu hermano es genial. ¿Quieres que quedemos para hablar de nuestros proyectos para el futuro? Estoy muy ocupada preparando el nuevo trabajo, pero libro el sábado. Tuya, Paula". Pedro le mandó un correo de respuesta en el que la invitaba a ir a Jeddah Creek, el sábado a las cuatro de la tarde. Si quería, podía quedarse a cenar y utilizar la habitación de Rosa para pasar la noche. Paula accedió a todo. Era evidente que él había vuelto a casa de su hermano a pasar una temporada, pero había muchas habitaciones para hablar en privado. Y ella deseaba volver a echar un vistazo a la biblioteca de la familia.


El sábado por la mañana recibió un mensaje de Brenda en el que le decía que iba a mandar un helicóptero a recogerla para que no tuviera que ir en coche. Paula había vuelto a casa de Rosa para dejar a Luca y volvía a estar en la carretera. Así que no rechazó la propuesta. Cuando vió que el campo al lado de la casa estaba lleno de avionetas, jets de lujo, todoterrenos y tiendas de campaña, se volvió hacia el piloto.


—¿Qué pasa ahí abajo?


—Es por el baile.


—¿El baile?


—Un baile de primavera para recoger fondos para los servicios sanitarios rurales. ¿Le suena?


—¿Y es esta noche?


—Empieza a las seis.


Brenda no le había dicho nada. En el último baile celebrado allí, Paula formaba parte del servicio.

Eres Para Mí: Capítulo 73

 —Cualquier cosa que deba explicar a alguien que quiera tener una relación sentimental conmigo; a mi futura esposa, por ejemplo —si iba a buscar a Paula, le presentaba su futuro desde el punto de vista médico y le suplicaba que lo perdonase, quería un consejo sobre la información que debía proporcionarle.


Por ejemplo, ¿Debía hablarle, en primer lugar, de su posible problema de reproducción?, ¿Ode la pieza de metal que aún tenían que extraerle de la cabeza?, ¿O darle una explicación exhaustiva de los límites de su vista?


—Comienza por la vista —dijo Brenda—. Está peor de lo que creía —añadió con preocupación tomándolo de la mano—. Me molesta que no nos lo hayas dicho.


—Creí que mejoraría y no quería preocuparlos.


—Vuelve a contarme cómo es posible que Paula te dijera que no le importaba nada de todo esto y que la rechazaras —murmuró Federico.


—Debería haberte atado y convencido —afirmó Brenda, y a Federico se le atragantó el café.


¿Podía surgir algo útil de la precipitada decisión de Pedro de llamar a su familia para que lo ayudara a enfrentarse a Paula? Se merecía un gran gesto.


—¿Qué pasa, Fede? ¿Estás de acuerdo? 


Federico recobró la compostura a toda prisa.


—Después de decirle la verdad sobre el estado de tu vista, podrías mencionarle que tienes una prótesis de cadera, que no tienes bazo y que tendrán que operarte la arteria por la ingle. Y podrías terminar con esta perla del equipo de especialistas: «La rápida recuperación del señor Alfonso ha sido milagrosa» —el tono de voz era seco e indicaba desagrado. A Pedro no le hizo falta verle el ceño fruncido para captar el mensaje—. ¿Por qué no nos lo dijiste?


—Bueno, no quería… No quería parecer débil. Por eso me quedé conmocionado al verme en las fotos inconsciente, tras el accidente de escalada, y siendo atendido por desconocidos. Y esas fotos se publicaron en las redes sociales: mi fragilidad a la vista de todos —Pedro apeló a su hermano, que se había pasado siete años en la cárcel dándoselas de tipo duro para que los otros presos lo dejaran en paz—. Fede, sabes que hay momentos en que un hombre no puede parecer débil.


Federico se mesó el cabello y miró a Brenda, que lanzó un bufido y alzó las manos.


—Es evidente que nos necesita.


—¿Creen que debo humillarme antes o después de presentarle los hechos? —preguntó Pedro indicando con las manos la historia médica.


—Antes —afirmó Brenda.


—Ni siquiera estoy seguro de que necesites presentarle los hechos — murmuró Federico.


—Quiero que me ayuden a redactar un correo electrónico sobre mis problemas de salud. Y quiero que me digáis qué piensen que debo hacer al ver a Paula —no quería volver a fallarle.


—Tengo una idea —dijo su cuñada esbozando una sonrisa resplandeciente.

Eres Para Mí: Capítulo 72

 —No puedo obligarte a que me quieras; sería estúpido intentarlo. Pero si te alejas de mí porque hay partes de tu cuerpo que no funcionan como antes y porque crees que no puedes ofrecerme lo suficiente, deja de pensar así.


Abrió los brazos como si se ofreciera a él por entero.


—La pérdida de visión no va a impedir que quieras a alguien con toda tu persona. Hay muchas formas de conectar con los demás, de demostrarles amor y de sentirlo. Eso es lo que he venido a decirte. Si esto es el final de nuestra relación, no me gustaría acabar enfadada contigo. Te mereces algo mejor. Y yo también puedo ser mejor.


—Llegarás lejos, Paula.


—Puede ser —se dió palmaditas en el corazón—. Pero ¿Y este? Es tuyo. Ya sabes dónde encontrarme, si quieres ponerte en contacto conmigo.


—¿Puedo darte un beso de despedida?


—Es mejor que no lo hagas. Rompería a llorar. 


Él cerró los ojos y ella se marchó.




Tras una semana de soledad, Pedro comenzó a reconsiderar la decisión de haberse apartado de Paula. Al cabo de dos semanas, se fue a vivir a una de las cabañas de la sexta zona, donde recorría los caminos trazados por ella varias veces al día. Por las mañanas oía el canto de los pájaros; a mediodía buscaba los lugares sombreados; al atardecer se bañaba en una de las bañeras mientras contemplaba la puesta de sol. El móvil no dejaba de sonarle, pues sus empleados recababan su opinión sobre diversos asuntos, por lo que llegó a la conclusión de que no era prescindible, como creía, y de que el cerebro le funcionaba igual de bien que siempre. Era una pieza clave en una empresa que había tardado años en crear, y eso no iba a cambiar porque su vista hubiera dejado de ser excelente. Fue deshaciéndose de sus demonios, con la ayuda del paso del tiempo y con el descubrimiento de que seguía siendo útil y necesario. El paisaje de Paula lo envolvió en su magia y lo hizo entrar en razón. Nunca había conocido a nadie como ella, con quien estaría orgulloso de compartir la vida. Y Paula solo esperaba que reconociera lo que ella ya sabía. La felicidad consistía en pasar la vida con alguien a quien querías y que te correspondía, con independencia de los límites y dificultades que el futuro deparara. Y supo que renunciar a Paula le resultaba imposible. La amaba. La necesitaba. Y la deseaba. Se hallaba sentado a la mesa que había entre tres de las cabañas. La visita de su hermano y su cuñada no iba según lo previsto. Su historia médica se hallaba ante ellos y Federico se esforzaba en desempeñar el papel de hermano mayor y aprovechar la incomodidad de Pedro.


—Repíteme lo que estamos buscando —dijo Federico.

Eres Para Mí: Capítulo 71

 —¿Te has dedicado a matar demonios últimamente? —preguntó ella en tono ligero, aunque no era una pregunta cualquiera: dirigía la conversación hacia el terreno personal. 


—No, ¿Y tú?


—He contratado a mi hermanastro a tiempo completo. Trabaja mucho y todo va bien. Y he ido a casa de mi padre a comer con toda su familia. Todos fueron muy amables, incluso la perra que tienen, que está preñada. Creo que dije que me quedaría con uno de los cachorros. Para serte sincera, no estoy segura de lo que dije. El miedo al rechazo me hace hablar sin pensar lo que digo. Como ahora, por ejemplo.


—¿También te has puesto en contacto con tu padrastro?


—No, es muy arriesgado. Ahora se dedica a beber. Ahí no voy a entrar. 


—Haces bien.


—Tengo un instinto de conservación muy desarrollado, a diferencia de otras personas. 


Él se merecía esas palabras.


—¿No te gustaría que pudiéramos volver a la tienda de campaña simplemente a hablar? —preguntó ella—. A mí me encantaría, porque entonces fuimos sinceros sobre lo que necesitábamos y no nos importó mostrarnos vulnerables.


—Fue maravilloso.


—No dejo de preguntarme qué debo decir o hacer para que sepas lo mucho que te respeto —él se quedó inmóvil y ella respiró hondo—. Estoy locamente enamorada de tí, pero creo que no te lo dije la última vez que hablamos. Me pregunto si no te has dado cuenta, ya que tu vista no es la que era. ¿Necesitas ver que me ilumino como el puente de la bahía de Sídney cada vez que te veo?


 A él le encantaría verlo.


—Deberías preguntar a mi equipo cómo reaccioné al enterarme de que habías tenido un accidente escalando. No dejaba de dar vueltas con el móvil en la mano intentando hablar contigo. Ya sabía que eras bueno y generoso y que me sentía bien estando a tu lado, pero ese día me dí cuenta de que lo mucho que deseaba tener el derecho de estar contigo para ayudarte.


—Solo quieres que alguien te necesite. Y me niego a ser tu paciente.


—Ya lo había pensado —se puso a la defensiva cruzándose de brazos—. Es otro de los demonios a los que me he enfrentado, porque, en efecto, me gusta sentirme necesitada. Al ayudarte cuando estabas herido me pareció que estaba haciendo algo valioso. Y después hiciste lo imposible para que me sintiera bien siendo yo misma. Me convenciste de que tenía mucho que ofrecer, así que aquí estoy, intentando ganarme tu atención y tu amor. 


Volvió a respirar hondo.

viernes, 10 de octubre de 2025

Eres Para Mí: Capítulo 70

La red de suministro de agua era obra de un genio. Toda la instalación para cultivar plantas y redefinir el hábitat era ambiciosa, posiblemente temeraria, y Pedro pensó que los científicos estudiarían el progreso del sistema en años venideros. Al principio no se percató de la presencia de Paula. No la oyó acercarse debido al ruido del agua al caer en la bañera. Al volverse estaba allí, apoyada en la pared y observándolo en silencio. Llevaba ropa de trabajo y no parecía sorprendida por su presencia. Él, en cambio, se sorprendió mucho al verla. Y también se alegró, a juzgar por el vuelco que le dio el corazón.


—No te esperaba.


—Brenda me ha dicho que estabas de camino y, como no estaba lejos, me he acercado.


—Invadiendo una propiedad privada.


Ella se metió las manos en los bolsillos de los pantalones cortos y asintió.


—Otra vez.


A él le encantaba el sonido de su voz, su ingenio y su sentido práctico. Ari pertenecía a aquella remota y desierta zona de Australia más que cualquier otra persona que conociera. Nunca se había sentido tan tímido. No sabía qué decir.


—¿Qué te parece? —preguntó ella—. He planeado tres visitas: una por la mañana, otra al mediodía y otra a la hora del crepúsculo.


—Son las cinco y media.


—Ya lo sé. Pero, si no quieres hacer la visita, te diré que he plantado en la zona alrededor de las bañeras árboles de té, que tiene propiedades antisépticas, acacias, que sirven para calmar el dolor, y robles hembra, cuyas bellotas son buenas contra el reuma. El aloe de aquel tiesto alivia las quemaduras de sol. Rosa tiene una receta para hacer una crema y he pensado que estaría bien dejar un tarro en las cabañas, junto con la receta, aunque eso escapa a mi cometido. Ese olor dulce procede de la boronia parda. He conocido a un hombre que las plantaba en portainjertos y he plantado cientos de ellas. Podría seguirla escuchando hablar de plantas hasta el fin de los tiempos.


—¿Sobrevivirán?


—De momento, lo hacen.


—He pedido a los ingenieros del taller que me leyeran los esquemas sobre el sistema de distribución de agua que me habías mandado. Al igual que yo, admiran tu trabajo.


—Gracias. Ha sido la primera vez que he tenido que ocuparme de un sistema permanente de provisión de agua.


—Pues los resultados hablan por sí solos. ¿Va bien la empresa?


—Muy bien. Tengo tantas llamadas que no sé qué hacer. Me da la impresión de ir en un tren fuera de control, y no soy yo la que lo conduce.


Al principio de su carrera, él también se sentía así, aunque no lo había reconocido con la misma facilidad que ella. Necesitaría buenas personas a su lado que la orientaran y la apoyaran. Él podría… No. Debía retirarse y dejar que triunfara.

Eres Para Mí: Capítulo 69

 —Lléveme a las cabañas de la sexta zona —dijo al nuevo piloto que su hermano Federico había contratado hacía seis meses, cuando quedó claro que los días de pilotar se habían acabado para Pedro. 


El hombre era muy competente y, tras asentir, no sintió la necesidad de darle conversación. ¿Qué importaba que no fuera Pedro quien pilotaba? Podía ver el cielo azul y experimentar la sensación de ir a alguna parte. Tenía que inspeccionar una zona de trabajo y estaba contento de tener una responsabilidad que cumplir. No era un completo inútil. Si todo lo demás le fallaba, podría pasar las horas torturando a sus seres queridos con su canto. Tal vez necesitara verdaderamente reexaminar sus prioridades y emprender un nuevo camino. Parecía que Brenda, con aquel almohadazo, le había hecho recuperar la sensatez. Incluso estaba deseando hallarse en el espacio ajardinado de Paula. Ella no estaría. Brenda le había dicho que se hallaba trabajando a cientos de kilómetros de allí. Le mandó un mensaje a Paula, en respuesta al suyo, para decirle que ese día inspeccionaría la sexta zona y que esa tarde esperaba dar por cumplido el contrato. Ella le envió una breve respuesta: "Gracias por haberme dado la oportunidad de darme a conocer". Una hora después, el piloto aterrizó a poca distancia de la zona.


—No sé cuánto tardaré.


—Tengo que revisar varios documentos y papeles.


—Si quiere, utilice una de las cabañas. Iré a buscarle cuando acabe.


Se dirigieron juntos hacia las tres cabañas. La zona sexta era su preferida. Se había construido en la curva de un curso de agua permanente. Los eucaliptus dominaban el paisaje hacia el suroeste. Incluso con su limitada visión, veía los troncos y las hojas brillar con los últimos rayos de sol. Antes del trabajo de Paula, unos cuantos árboles y matojos rodeaban las tres cabañas, entre las que había senderos para ir de una a otra. Los días calurosos o ventosos no invitaban a salir de ellas. En cambio ahora… El piloto se dirigió a la cabaña más cercana. Pedro caminó hacia el sendero que rodeaba los edificios, cuyos bordes delimitaban acacias y plantas en flor. Paula había rodeado la zona ajardinada con postes de acero muy juntos entre sí que dejaban pasar a animales pequeños, pero impedían el paso a los grandes. Un puente cruzaba un arroyo lleno de rocas y arbustos, donde se oía el zumbido de insectos y el croar de las ranas. Pedro supuso que también habría serpientes y lagartos, aunque no vió ninguno. Paula le había dicho que en el paraíso había serpientes, como exigía el equilibrio natural, y que se había esforzado para que los visitantes no salieran de los senderos. Alrededor de las cabañas había sitios para sentarse y refugios contra el sol, así como un pozo de fuego. En una plataforma protegida por una pared se hallaban instaladas dos bañeras de porcelana, con una rústica mesa de madera entre ambas. Pedro abrió un grifo y dejó que el agua clara y cálida se le deslizara entre los dedos. Notó el fuerte olor a eucalipto.