miércoles, 26 de noviembre de 2025

Falso Matrimonio: Capítulo 73

Ninguno de los dos había mencionado el acuerdo original por el que iban a compartir cama solo unas semanas. Por primera vez desde la boda, sentía que su relación estaba en otro nivel. Eran un equipo, una pareja, socios. Ahora podía mirar al futuro con esperanza en el corazón. El bebé tenía que nacer en seis meses, de modo que su cuerpo no tardaría en empezar a cambiar. Si eso hacía que la pasión entre ellos se apagase, ya cruzaría ese puente cuando llegasen a él. Confiaba en que su amistad bastaría para poder criar a su hijo cuando se mudara a su propia casa. Y si la pasión entre ellos seguía existiendo, encontrarían el modo de hacerlo funcionar, aunque vivieran bajo techos diferentes. Eso sí: nunca más volvería a cerrar los ojos. Pedro ya le había partido el corazón en una ocasión, y no iba a volver a darle esa oportunidad. Pero era un buen hombre. Le oía hablar con su madre con una paciencia infinita, y le había dado el contacto de tres tutores especializados en dislexia en adultos. De hecho, había elegido a uno que el lunes siguiente iría a su casa. Tardó una eternidad en prepararse para la gala, y cuando estuvo lista, se presentó ante Pedro, que la admiró con los ojos abiertos de par en par y emitió un silbido de apreciación. Ella, si hubiera sabido silbar, también lo habría hecho al verlo a él porque derrochaba masculinidad con aquella chaqueta negra de etiqueta. De modo que llegó a la gala con el corazón rebosante de felicidad. La galería no era como ella se la había imaginado. De pequeña había estado en Florencia, en la galería de los Uffizi, y de la visita recordaba frescos en los techos, exquisitas esculturas y vastos lienzos. Las dos se parecían únicamente en tamaño. Todo allí era blanco: suelos, paredes, techos, todo aparte del arte, que era muy distinto al que se exhibía en los Uffizi. Aquellas piezas eran todas modernas, y los invitados podrían disfrutarlas antes de que la gala propiamente dicha empezase. Pero aquella clase de arte necesitaba de explicaciones. En los Ufizzi no había pasado nada porque no pudiera leer, porque el arte hablaba por sí mismo. Allí, no tenía la más mínima idea de qué quería decir aquel enorme cubo más alto que Pedro. O la gigantesca escultura que colgaba de una silla de madera. O algunos de los cuadros que solo mostraban manchas de color. Pero a los demás invitados, parecían interesarles mucho.


—¿De verdad te gusta todo esto? —le susurró a Pedro cuando estuvo segura de que nadie podía oírla. 


Su casa estaba llena de arte que a ella también le gustaba y que, si algún día tenía dinero suficiente, se compraría para su propia casa. Con una sonrisa le susurró al oído:


—Horrible, ¿Verdad?


Paula se echó a reír, absurdamente complacida porque pensaran lo mismo en otra cosa más, y Pedro ahogó su risa con un beso en la boca, breve pero muy intenso.

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